Para que nuestros hijos experimenten una transición
efectiva entre la niñez y la juventud,
los padres deben empeñarse en proveerles la
debida formación física, intelectual, social y espiritual.
Porque si alguno no provee para los suyos, y sobre todos para los de su propia casa, ha negado la fe y es peor que un incrédulo.
1 Timoteo 5:8
Por: Analidis Alvarez
