
Desde hace mucho tiempo nos dimos cuenta de que vivimos en una cultura que define el amor como un sentimiento que va y viene.
Pero el amor que sostiene un matrimonio no es una emoción pasajera: es una decisión diaria de entrega mutua, modelada por Cristo.
En la Biblia, en la carta a los Efesios, capítulo 5, verso 25, dice esto: “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella.” (RVR60)
Pablo no pide a los esposos un amor común, sino un amor sacrificial cuando lo expresó de esta forma: “como Cristo amó a la iglesia”.
Y Cristo Jesús no amó cuando sus emociones estaban positivas, ni cuando estaba de buen ánimo; Él se entregó y amó hasta la muerte.
Ese es el estándar del amor en el matrimonio: dar, servir y entregarse primero.
El amor sacrificial se demuestra en lo cotidiano, por ejemplo, dar la razón para no entrar en una discusión, servir al cónyuge aun cuando estás cansado(a), escuchar sin interrumpir, perdonar sin guardar rencor.
Pregúntate hoy: ¿qué puedo dar a mi cónyuge esta semana? Quizás tiempo, quizás rendirte al orgullo, quizás un perdón pendiente, o una invitación a salir a solas.
Los matrimonios fuertes no se construyen con grandes gestos ocasionales, sino con pequeñas entregas diarias.
Por lo tanto, hoy haz algo concreto por tu cónyuge sin esperar nada a cambio. ¿Qué tal si le dejas una nota romántica, le compras y le dejas en la cama el snack que más le gusta, o qué tal si haces un oficio que le corresponde a él o ella?
Debes saber que al final es el amor entregado, a la manera de Jesús, el que transforma el hogar.
Oremos: “Amado Señor, enséñame a amar como Cristo amó. Quita de mí el egoísmo y dame un corazón dispuesto a servir y entregarme por mi familia. Renueva el amor en mi matrimonio cada día. Esto lo oro en el Nombre de Jesús. Amén”.
Versículo: “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella.” Efesios 5:25 (RVR60)
Buen Día
Juan C. Quintero
Buendiatodoslosdias.com
