
He aprendido que las mayores victorias a menudo se obtienen en las batallas que libramos en silencio; y que los demás no las pueden ver porque están ocultas en el corazón.
Es en la presión, la espera y la frustración que nuestro carácter se forma hasta convertirse en algo que nos fortalece de tal forma que nos hace inquebrantables.
Debes saber que Dios no desperdicia nuestro dolor; Él es nuestro gran alfarero que utiliza las pruebas para moldearnos a la imagen de Jesús.
Y, aunque el proceso es incómodo, el resultado es poderoso.
En la Biblia, en la carta de Santiago, capítulo 1, versos 2 al 3, dice: “Amados hermanos, cuando tengan que enfrentar cualquier tipo de problemas, considérenlo como un tiempo para alegrarse mucho porque ustedes saben que, siempre que se pone a prueba la fe, la constancia tiene una oportunidad para desarrollarse” (NTV).
La perseverancia es como un músculo espiritual que se va fortaleciendo en lo que yo quiero llamar “el gimnasio de la vida”.
Entonces, ser constantes equivale a negarnos a rendirnos, a no tirar la toalla, ni tampoco dejar que las circunstancias dicten el destino final.
Vemos cómo las personas en el mundo se rinden y se quejan; pero los discípulos de Jesús avanzan.
Y esto equivale a que corremos con paciencia la carrera que tenemos por delante, fijando nuestros ojos en Jesús, el autor y consumador de nuestra fe.
Así, vivir como Jesús significa aferrarse a la esperanza en medio del desastre; es mantener una confianza profunda en la bondad de Dios incluso cuando no se puede ver Su respuesta.
Pero debes saber que no se trata de ser fuerte por nosotros mismos, sino de depender del poder de Dios que se perfecciona en nuestra debilidad.
De esta forma, cada lucha y dificultad se vuelven el terreno fértil para un milagro.
Si te has sentido sin fuerzas o con frustración, haz una pausa y di: “No me rendiré”; más bien trae a la memoria las pruebas pasadas en las que Dios te dio la victoria y alimenta tu alma con este pensamiento.
Oremos: “Amado Señor, reconozco que me he sentido sin fuerzas y sin esperanza, pero desde hoy decido esperar como un(a) buen discípulo(a) de Jesús; sé que hoy se ve oscuro, pero que ya se acerca el amanecer con el milagro que espero; esto lo creo y lo oro en el Nombre de Jesús, Amén”.
Versículo: “Amados hermanos, cuando tengan que enfrentar cualquier tipo de problemas, considérenlo como un tiempo para alegrarse mucho porque ustedes saben que, siempre que se pone a prueba la fe, la constancia tiene una oportunidad para desarrollarse” Santiago 1:2-3 (NTV)
Buen Día
Juan C Quintero
Buendiatodoslosdias.com
