Si queremos ser grandes vencedores en la vida
y marcar la diferencia, no podemos dejar que los
pensamientos nos dominen, más bien, nosotros
dominar nuestros pensamientos
he ahí la gran victoria.
Derribando todo argumento y toda altivez que se
levanta, contra el pensamiento de Dios, y llevando
cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo.
2 Corintios 10:5
