
Las palabras amables son como ladrillos que se colocan uno encima del otro para construir algo, pero las palabras expresadas con ira o las groseras son como el martillo para la demolición, es decir, que golpean para destruir lo que se ha construido.
Esto me sirve para dejarte saber que la decisión de construir o destruir con las palabras es tuya.
En la Biblia, en el libro de los Proverbios, capítulo 15, verso 1, dice: “La respuesta amable calma la ira, pero la agresiva provoca el enojo” (NVI).
El proverbio presenta un contraste claro entre las respuestas amables y las agresivas, esto es real en todas las relaciones humanas. Por lo tanto, quiero dejarte saber que la clave en la comunicación efectiva no está en tener razón, sino en cómo respondemos, porque el tono, muchas veces, es más impactante que el contenido.
Piensa en la última discusión que hubo en tu casa. ¿Qué habría pasado si hubieran respondido amablemente en lugar de dar gritos?
Te motivo para que intencionalmente, antes de responder con enojo, tomes una respiración profunda, cuentes hasta diez, ores en silencio y tal vez lo mejor sea que aplaces la respuesta para otro momento.
Además, en tu casa, donde está tu familia, es donde más debemos cuidar nuestras palabras.
Tú puedes cambiar el clima emocional de tu hogar y aunque no puedes controlar cómo te hablan, sí del cómo respondes.
Esta semana, te propongo un reto: que ninguna palabra grosera y agresiva salga de tu boca, y que cambies la crítica por el reconocimiento y el grito por la calma.
Te aseguro que el ambiente en tu casa cambiará.
Oremos: “Amado Señor, reconozco que con frecuencia me exalto, pero te pido que me ayudes a guarda a mi boca. Que mis palabras en casa edifiquen y no destruyan, sanen y no hieran. Dame dominio propio para hacer pausas antes de responder; esto lo oro en el Nombre de Jesús. Amén”.
Versículo: “La respuesta amable calma la ira, pero la agresiva provoca el enojo” Proverbios 15:1 (NVI).
Buen Día
Juan C Quintero
Buendiatodoslosdias.com
