MATEO 7:1,2 “No juzguéis, para que no seáis juzgados, porque con el juicio con que juzgáis seréis juzgados, y con la medida con que medís se os medirá.”
Al comienzo del año 2005 fui removido de mi cargo injusta y arbitrariamente. Permanecí por catorce meses en casa a la espera del término del proceso de investigación. Despertaba cada mañana triste y angustiado, orando al Señor porque todo se aclarara y se hiciera justicia para mí. Sin embargo a medida que fueron pasando los días, esta experiencia traumática se fue transformando en la más hermosa experiencia de mi vida.
Todo ese tiempo pude acompañar, cuidar y compartir con mi abuela y mi tía abuela, de quienes recibí lo más importante de mi vida, la fortaleza y el crecimiento espiritual de su fe inquebrantable en DIOS y en el poder de la oración.
Transcurrido el tiempo todo se solucionó, volví a ejercer como Director a mi antiguo colegio, en el que fui recibido con cariño y reconocimiento.
Al año siguiente mi abuela adorada partió a la presencia del Señor y al siguiente año mi amada tía. El dolor de esas ausencias ha sido mitigado con el recuerdo de cuanto pude hacer por ellas y ellas por mí.
No cabe duda que nuestro Padre Celestial arregla todo de la mejor forma y no deja a Sus hijos en la adversidad.
OREMOS: Gracias Padre porque Tú estás siempre dispuesto a atender las necesidades de Tus hijos en los momentos difíciles. En el nombre de Cristo, amén.
Sr. Edio E. García Galleguillos (Coquimbo, Chile)
