Leer: Efesios 4:1-6
La Biblia en un año: Amós 7–9; Apocalipsis 8
… sean humildes y mansos… (v. 2 RVC).
Los problemas de la vida pueden ponernos de mal humor, pero nunca deberíamos excusar las explosiones de mala conducta, ya que podrían descorazonar a quienes amamos y entristecer a los que nos rodean. Recién habremos cumplido nuestro deber ante los demás cuando hayamos aprendido a ser agradables.
El Nuevo Testamento tiene una palabra para la virtud que corrige nuestra antipatía: mansedumbre, término que implica un ser amable y bondadoso. Efesios 4:2 nos recuerda: «sean humildes y mansos».
La mansedumbre es aceptar las limitaciones y las dolencias sin volcar nuestra irritación sobre los demás. Muestra gratitud ante los servicios más mínimos y tolerancia hacia quienes hacen mal las cosas. Acepta a las personas molestas; en especial, a los pequeños ruidosos e hiperactivos, ya que la bondad hacia los niños es lo que más caracteriza a una persona buena y mansa. Es delicadeza ante la provocación; y silencio o calma ante palabras desagradables.
Jesús es «manso y humilde de corazón» (Mateo 11:29). Si se lo pedimos, Él nos transformará a su imagen. George MacDonald dice: «[Dios] no escucharía de [nosotros] un tono que agite el corazón de otra persona, una palabra que le duela […]. De este, como de todo otro pecado, Jesús nació para liberarnos». — David H. Roper

Señor, ayúdame a ser manso, amable y bondadoso.
Ser humildes ante Dios nos hará mansos para con los demás.
