UN SOLO CORAZÓN EN LA ESPERANZA
Pastor Jorge L. Cintrón
Mensaje para ser presentado en el Pabellón de Oración de la Primera Iglesia Bautista de Cayey, Puerto Rico el PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO, 30 de noviembre de 2025, 5:00pm. Culto Unido Con Varias Iglesias Bautistas
Texto Bíblico: Romanos 15:5–7
“Pero el Dios de la paciencia y de la consolación os dé entre vosotros un mismo sentir según Cristo Jesús, para que unánimes, a una voz, glorifiquéis al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo. Por tanto, recibíos los unos a los otros, como también Cristo nos recibió, para gloria de Dios.”
La temporada de Adviento llega como un mensaje de esperanza en medio del ruido del mundo. Es la voz de Dios recordándonos que la luz aún brilla en las tinieblas. Es una invitación a encender nuevamente una luz distinta a las que están encendidas en el mundo. “Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo. En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho” (Juan 1:9,10) Es celebrar a Jesús que expresó: “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”. (Juan 8:12)
Hoy encendemos la primera vela del Adviento… pero también encendemos algo más: la esperanza que se hace visible cuando el pueblo de Cristo se une bajo un mismo Señor.”
¿Qué hubiese pasado si esa luz no hubiese irrumpido en las tinieblas de la humanidad?
Hace muchos años se publicó una tarjeta de felicitación navideña que llamó mucho la atención. Dicha tarjeta navideña se titulaba “Si Cristo no hubiera nacido”. La tarjeta de felicitación presentaba a un pastor evangélico que en la mañana de navidad se había quedado dormido en su despacho y soñaba que vivía en un mundo al cual Jesús nunca había venido.
En su sueño, creía estar en su casa, pero por más que buscaba no podía ver las campanitas, los arbolitos, ni los juguetes de Navidad: salió a la calle y no encontró iglesias con espirales señalando al cielo. Volvió a su casa, se sentó en su biblioteca, pero todos los libros que hablaban del Maestro habían desaparecido.
De pronto sonó el timbre de la puerta y al abrirla halló que se trataba de un joven cuya madre estaba muriendo y le pedía que fuese a visitarla. Inmediatamente acompañó al desconsolado hijo a ver a la madre moribunda. Al llegar a la casa se sentó a la cabecera de la cama y le dijo: “Tengo algo para consolarla.” Abrió su Biblia para buscar una promesa conocida, pero con sorpresa se dio cuenta que el libro sagrado terminaba en Malaquías, el último libro del Antiguo Testamento. No había una palabra del evangelio. No había esperanza. No había salvación. Lo único que pudo hacer fue inclinar su cabeza y llorar con el pobre muchacho en amargura y desesperación.
Despertó sobresaltado… y comprendió que el mensaje de la Navidad no es sobre lo que damos o recibimos, sino el hecho glorioso de que Cristo sí nació, y por eso hay esperanza.
Históricamente la temporada de Adviento comenzó a celebrarse en el siglo IV como un tiempo de preparación para la celebración del nacimiento del Niño Jesús.
La Navidad es hermosa especialmente para los niños. La Navidad evoca dar y recibir regalos. Un pastor luterano, quien trabajaba con niños pobres en un orfanato de Hamburgo, Alemania alrededor del año 1839, ante la insistente pregunta de los niños de cuántos días faltaban para Navidad creó la Corona de Adviento para ir encendiendo una vela para marcar los días antes de Navidad y así ayudarles a visualizar la espera. Poco a poco al difundirse esta práctica se simplificó la Corona de Adviento y se conservaron solo las 4 velas correspondientes a los cuatro domingos de Adviento.
Cada vela encendida no solo marca el paso del tiempo, sino también las virtudes cristianas: la esperanza, la paz, el gozo y el amor,
El encendido de las velas de Adviento es una invitación a reflexionar sobre aspectos distintivos de la Navidad.
1- La vela de la Profecía. Representa la esperanza y la expectativa mesiánica. Nos recuerda a los profetas, especialmente a Isaías, que anunciaron la venida del Niño Jesús. Dios cumple sus promesas.
2- La vela de Belén. Habla del lugar donde nacería el Niño Jesús relacionándolo con la paz que trae el Salvador que nace en humildad. Simboliza la preparación para recibir a ese niño en nuestro “Belén personal”.
3- La vela de los Pastores. Representa el gozo de los pastores al recibir la buena noticia del nacimiento del Niño Jesús. El mensaje del evangelio es para los humildes y sencillos.
4- La vela de los Ángeles. Simboliza el amor manifestado en el anuncio angelical de “paz en la tierra”
Adviento es tiempo en que la Iglesia se viste de esperanza. Cada vela encendida nos recuerda que la oscuridad no tiene la última palabra.
Pablo exhorta a la Iglesia en Roma para que unánimes, a una voz, glorifiquen al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo.”
Cuando el pueblo de Dios se une en alabanza, como estamos haciendo en esta ocasión nosotros algo poderoso ocurre.
Las diferencias bajan su volumen y el nombre de Cristo se escucha con mayor claridad. La adoración tiene el poder de unir lo que nos separa.
En los momentos de canto, de oración o de servicio conjunto, aprendemos que la Iglesia no tiene muchas voces… tiene una sola voz que proclama: “Jesús es el Señor”.
Cada Iglesia es una vela; pero cuando nos unimos, formamos una antorcha que alumbra más lejos.
Pablo también nos exhorta a la Iglesia en Roma a que se reciban los unos a los otros, como también Cristo nos recibió, para gloria de Dios.”
La temporada de Adviento nos recuerda que Cristo nos recibió cuando no lo merecíamos; por tanto, nuestra comunión debe reflejar esa misma gracia. Recibirnos implica abrir el corazón, valorar las diferencias, celebrar lo que tenemos en común: la fe en el Salvador que viene. Esa es la verdadera gloria de Dios: una familia reconciliada por el amor de Cristo.
Pablo llama a Dios “el Dios de la paciencia y de la consolación”. El Dios de la paciencia y de la consolación no solo nos sostiene, sino que también nos enseña a convivir como familia de fe. La paciencia de Dios nos enseña a soportarnos a pesar de las diferencias que existen entre nosotros. Su consuelo nos capacita para animarnos mutuamente. Cuando vivimos cerca de Aquel que es fuente de amor se refleja nuestra fraternidad.
El Niño del cual celebramos su advenimiento en Navidad en su ministerio intercedió sacerdotalmente por nosotros: “Mas no ruego solamente por estos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste.” (Juan 17:20,21)
La temporada de Adviento es tiempo donde los cristianos se preparan para celebrar el nacimiento del Niño Jesús. Es una invitación a encender nuevamente una luz distinta a las que están encendidas en el mundo.
Que este Adviento nos encuentre con un solo corazón, una sola voz y una sola esperanza: Cristo, nuestra luz.
Mientras esperamos su venida, recordemos que Cristo nos hizo luz del mundo: una ciudad asentada sobre un monte que no puede esconderse…. (Mateo 5.14,15)
Salgamos unánimes a encender nuevamente una luz distinta a las que están encendidas en el mundo. Hay un solo corazón… una sola esperanza… un solo Señor. Y ese es Jesucristo
Las maderas del pesebre, treinta y tres años después, se transformarían en las maderas de la Cruz. La historia del amor de Dios comenzó en un establo y culminó en el Calvario.
La luz verdadera vino al mundo por amor. Entregó su vida en la Cruz por amor. Resucitó por amor. Y volverá por amor.
Por eso, a una sola voz decimos ¡Ven Señor Jesús!

