Púlpito Evangélico: DAD GLORIA A DIOS

Dad gloria a Dios

Pastor Jorge L. Cintrón

 

Mensaje para ser presentado en el Pabellón de Oración de la Primera Iglesia Bautista de Cayey, Puerto Rico el 23 de noviembre de 2025, 10:15am

 

Texto Bíblico: Lucas 17:15

 

“Entonces uno de ellos, viendo que había sido sanado, volvió, glorificando a Dios a gran voz”

 

 

Hace algún tiempo, conocí una historia que me marcó profundamente.

 

Un pastor estaba en un aeropuerto, esperando un vuelo que llevaba horas de retraso. El ambiente era el típico de los aeropuertos cuando algo sale mal: gente molesta, filas largas, niños llorando, empleados tensos… un caos.

 

Entre todo aquel bullicio, él notó a una madre joven con un niño de unos cinco años. El niño estaba inquieto, cansado y frustrado. Se tiraba al piso, pataleaba, lloraba… y ella, con una paciencia admirable, lo levantaba, lo abrazaba y trataba de calmarlo.

 

Pasaron casi dos horas.

 

De momento, un empleado del aeropuerto se acercó a la madre y le dijo:

 

—Señora, tenemos una buena noticia. Le conseguimos un asiento en el próximo vuelo. Usted y su niño van a poder viajar ahora mismo.

 

La mujer respiró aliviada, sonrió con fuerza, levantó el niño del suelo, lo abrazó y dijo:

 

—¿Viste, mi amor? ¡Lo logramos!

 

Y mientras la llevan hacia la puerta de embarque, el niño —que había llorado, pataleado y protestado— simplemente se quedó callado. Sin una palabra. Sin una sonrisa. Sin gratitud. Nada.

 

Un pensamiento lo golpeó por dentro al pastor mientras ellos se iban, “Así somos nosotros con Dios muchas veces. Lloramos. Nos desesperamos. Gritamos. Preguntamos por qué. Le decimos a Dios: “Ayúdame, por favor” …Y cuando Él abre la puerta, cuando resuelve el problema, cuando llega la respuesta…Nos vamos caminando como ese niño: callados, apurados, distraídos, sin decir gracias…

y sin volver a Aquel que nos sostuvo durante toda la espera.

 

La historia finalizaba con esta expresión: “Dios es tan bueno… que muchas veces nos bendice más allá de nuestra madurez espiritual. Él responde aun cuando nosotros no sabemos regresar

 

Y al igual que ese niño, muchos reciben la ayuda de Dios, pero pocos regresan.

 

El evangelio de Lucas nos presenta tres historias de personas que sí regresaron… Lucas no solo narra esos milagros; narra cómo ellos respondieron a esos milagros. Tres personas, tres escenarios distintos… pero una misma respuesta: todos glorificaron a Dios. La gloria de Dios nace del corazón agradecido.” Y esas respuestas revelan lo que estaba en sus corazones.

 

Un ciego que estaba sentado junto al camino cuando Jesús se acercaba a Jericó. Aunque Lucas no señala el nombre de este ciego por el relato de Marcos sabemos su nombre: Bartimeo. Lucas señala que Bartimeo, luego de recibir la vista, seguía a Jesús “glorificando a Dios; y todo el pueblo, cuando vio aquello, dio alabanza a Dios.” (Lucas 18:43) Bartimeo → “recibió vista… y dio gloria a Dios

 

Jesús se encontraba en una casa y cuatro (4) hombres trajeron delante de Él a un paralítico. Jesús le dijo al paralítico: “A ti te digo levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa ….. levantándose en presencia de ellos, y tomando el lecho en que estaba acostado, se fue a su casa, glorificando a Dios. Y todos, sobrecogidos de asombro, glorificaban a Dios; y llenos de temor, decían: Hoy hemos visto maravillas.” (Lucas 5:24-26) Recibió sanidad… y dio gloria a Dios.

 

Mientras Jesús iba por un camino le salieron al encuentro diez (10) leprosos que alzando la voz le dijeron: “¡Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros! Jesús les dijo: Id, mostraos a los sacerdotes. Y aconteció que mientras iban, fueron limpiados. Entonces uno de ellos, viendo que había sido sanado, volvió, glorificando a Dios a gran voz, y se postró rostro en tierra a sus pies, dándole gracias; y éste era samaritano. (Lucas 17:13-16) Recibió limpieza… y volvió para dar gloria a Dios.

 

Lucas presenta la reacción de Jesús ante el incidente del regreso de uno de los diez leprosos sanados. Jesús, dijo: ¿No son diez los que fueron limpiados? Y los nueve, ¿dónde están? ¿No hubo quien volviese y diese gloria a Dios sino este extranjero?” (Lucas 17:17,18)

 

Correctamente muchos predicadores resaltan ante la reacción de Jesús que este ex-leproso que regresa es samaritano. Puntualizan que los otros nueve (9) ex-leprosos eran judíos. Y que solamente un extranjero fue el que regresó para darle gracias a Jesús. Aquí quiero detenerme en algo que no siempre enfatizamos: hay personas que sí quieren el milagro… pero no quieren al Dios del milagro. Quieren la bendición… pero no al que bendice. La fe madura no se detiene en lo que recibe; corre hacia quien lo dio.

 

Las historias de estos tres hombres que le dan gloria a Dios al recibir los beneficios de su poder a través de Jesús presentan algo interesante. A dos de ellos, Bartimeo y el Samaritano, Jesús le dice: “Tú fe te ha salvado” Al paralítico antes de declararle sano Jesús le dice: “Hombre tus pecados te son perdonados” No tan solo recibieron sanidades; vista, limpieza de la lepra y poder caminar; sino que también recibieron perdón de sus pecados.

 

Cuando uno recibe el toque del poder de Dios sanando su cuerpo o realizando algún milagro debe ser agradecido; mas esa gratitud debe llevar a uno a entregarle su vida a Jesucristo como Señor y Salvador. Así se le da gloria a Dios. Y dar gloria a Dios trae perdón de pecados y la salvación. En Jesús, el milagro nunca viene solo: siempre apunta a algo mayor, eterno y profundo. Lamentablemente, no todo el que recibe un milagro recibe salvación… pero todo el que recibe salvación glorifica a Dios.

 

El milagro te cambia un momento; la salvación te cambia la eternidad. Un milagro te alivia… pero la salvación te transforma. La salvación es algo más que la emoción de sentir la intervención de Dios respondiendo a un reclamo de un milagro. El milagro despierta emoción; la salvación despierta una nueva vida.”

 

La salvación significa reconocer quién es Jesús. Bartimeo al darle voces a Jesús le dice: “¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!” estaba reconociendo quién era Jesús. Esa expresión significaba que Jesús era el Mesías esperado.

 

Hoy por hoy hay personas que dicen que Jesús fue un hombre bueno, un gran maestro y un sin número de otras cosas. Todo eso es bueno, pero no lleva a uno a disfrutar de la salvación. Uno disfruta de la salvación cuando reconoce que Jesús es Dios encarnado. Dios llevando el castigo del pecado de los hombres. Y que solamente a través de él es que puede haber salvación. La salvación comienza cuando dejamos de ver a Jesús como un personaje bíblico… y lo reconocemos como el Salvador vivo. Reconocer a Jesús como Dios encarnado es darle la gloria que le corresponde.”

 

La salvación es un acto de fe. El hombre paralítico que fue llevado ante Jesús por sus cuatro (4) amigos estaba actuando e n fe. No es tan solo saber que solamente a través de Jesús es que puede haber salvación. Es confiar en la veracidad de esa afirmación. Es confiar que Jesús al morir y resucitar pagó el castigo por el pecado de uno. La fe reconoce que el milagro no es el fin, sino la señal que apunta a Cristo. La fe no se enamora del milagro; se entrega al Dios que lo realizó.

 

La salvación es un acto de confesión pública. Lucas dice que el ex-leproso volvió, glorificando a Dios a gran voz, y se postró rostro en tierra a sus pies, dándole gracias” (Lucas 17:15,16) Hay personas que piensan que la salvación es algo personal y tienen razón, pero la salvación es un acto público. Algunos dicen en su mente: “Dios sabe lo que está en mi corazón”. Eso es correcto, pero Satanás no sabe lo que está en tu corazón y en tu mente”. El que no ha experimentado la salvación está bajo el control de Satanás. El enemigo no se va solo. La salvación expulsa su dominio, la confesión pública rompe sus mentiras y Cristo toma el lugar que antes estaba vacío. Uno tiene que echarlo y la forma de echarlo es confesando públicamente que uno acepta a Jesús como su Salvador personal. El silencio es el lenguaje de la desconfianza, pero la confesión es el lenguaje de la fe. Cuando uno confiesa a Jesús, el infierno se estremece y el cielo celebra. El silencio mantiene a la persona en las sombras; la confesión la lleva a la luz.”

 

Dad gloria a Dios es reconocer a Jesucristo como Salvador personal.

 

Cuando aquel ex-leproso “vio que había sido sanado, volvió, glorificando a Dios a gran voz, y se postró rostro en tierra a sus pies, dándole gracias”…. Jesús dijo: “¿No hubo quien volviese y diese gloria a Dios?” (Lucas 17:18) Nueve recibieron el milagro… pero solo uno recibió algo más grande: la salvación. Nueve se fueron con un cuerpo sano… pero uno salió con un alma restaurada. Los nueve recibieron algo que solo duró en esta vida; el que regresó recibió algo que le durará por la eternidad. ¿Cuál de los diez vas a ser tú hoy?

La mejor manera de darle gloria a Dios no es cantar, ni agradecer un milagro…Es reconocerle como Señor y Salvador. Dar gloria a Dios es más que un gesto de adoración; es un acto de rendición. Te invito a dar gloria a Dios. Recíbele como tu Salvador personal.

Jorge Cintron
Jorge Cintronhttp://www.elversiculodeldia.com
Pastor en Primera Iglesia Bautista de Cayey, Puerto Rico

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