Oración de la Mañana con el SALMO 91 | La protección de Dios para caminar seguro en tu día

Oración de la Mañana con el SALMO 91


ChatGPT Image Sep 9, 2026, 05_13_13 PM.png

En el silencio sereno de este nuevo amanecer, la tierra se despierta para presenciar una vez más la fidelidad de Dios. La luz del sol comienza a abrirse paso entre la oscuridad de la noche, recordándonos que su misericordia se renueva con cada mañana. Despertar hoy no es una simple coincidencia biológica ni un hecho rutinario de la naturaleza, sino un regalo inmerecido de la gracia divina. Cada respiración que tomamos en este instante es un testimonio silencioso de que el Creador ha sostenido nuestra vida durante el descanso. Es una prueba viva de que Él todavía tiene un propósito para nosotros en esta tierra.

 

Al abrir los ojos y sentir el latir de nuestro corazón, reconocemos la santidad de este momento. Nos detenemos antes de que las prisas de las ocupaciones diarias intenten dominar nuestra mente y arrebatar nuestra paz. Nos presentamos delante de la presencia de Dios con un espíritu reverente, sabiendo que Él es el principio y el fin, la fuente inagotable de toda vida y esperanza. En esta hora sagrada, la creación entera rinde homenaje a su hacedor, y nosotros nos unimos a ese coro silencioso para rendir la voluntad de nuestro corazón al Señor.

 

Con un corazón agradecido, reconocemos que si hoy estamos de pie, es únicamente porque la mano soberana de Dios nos ha sostenido en medio de la sombra. Agradecemos por la salud de nuestro cuerpo, por el aire que llena nuestros pulmones y por la capacidad de pensar, sentir y buscar su rostro. Te damos gracias, Padre celestial, porque tu amor no ha fallado ni un solo instante durante las horas oscuras. En el reposo de la noche tú fuiste nuestro guardián, y al rayar el alba, tu presencia sigue siendo nuestro lugar seguro.

 

Agradecemos profundamente por la familia que nos rodea, por los seres queridos que guardas con tu gracia y por cada persona que has puesto en nuestro camino. Te damos gracias por el pan que estará en nuestra mesa, por el abrigo que nos cubre y por el techo que nos protege del viento. Reconocemos que cada pequeña bendición material y espiritual proviene directamente de tu mano generosa. Nada de lo que poseemos es fruto exclusivo de nuestra fuerza o capacidad, sino de tu inmensa bondad que nos alcanza sin merecerlo.

 

Te damos gracias también por aquellas oraciones que ya has respondido en el pasado, por las puertas que abriste cuando todo parecía cerrado y por los caminos que trazaste en medio del desierto. Sin embargo, en esta mañana, también elegimos agradecerte por las pruebas que han moldeado nuestro carácter y por las batallas en las que nos has enseñado a confiar en ti. Incluso en medio de los problemas que aún no se han resuelto y de las incertidumbres que amenazan nuestra tranquilidad, te alabamos porque sabemos que estás obrando todas las cosas para nuestro bien.

 

Reconocemos que vivimos en un mundo caótico, lleno de incertidumbre, peligros imprevistos y circunstancias que superan nuestras fuerzas humanas. Todos los días nos enfrentamos a desafíos en el trabajo, tensiones en nuestras relaciones, exigencias económicas y temores que intentan anidar en nuestro pensamiento. Es precisamente en medio de este escenario cambiante donde la Palabra de Dios se levanta como un ancla firme para nuestra alma. En este día elegimos fundamentar nuestros pasos no en las noticias del mundo ni en nuestras propias emociones, sino en la verdad eterna que permanece para siempre.

 

Nos acercamos hoy al mensaje transformador de la Escritura para encontrar dirección y reposo verdadero. Buscamos la guía del Espíritu Santo para que abra nuestro entendimiento y nos permita comprender la profundidad del cuidado de Dios. Es en las páginas de la Biblia donde descubrimos quién es Dios realmente y cuál es su postura hacia aquellos que deciden confiar en su nombre.

 

Salmo 91:1. El que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente.

 

Estas palabras sagradas nos invitan a reflexionar sobre lo que significa habitar verdaderamente en la presencia de Dios. No se trata simplemente de visitar al Señor de manera ocasional cuando las tormentas de la vida se vuelven insoportables. Habitar implica hacer de Dios nuestro hogar permanente, nuestra residencia continua y el lugar donde nuestro espíritu permanece todos los días. Cuando decidimos vivir bajo su abrigo, descubrimos que la sombra del Omnipotente es un refugio donde el enemigo no puede prevalecer y donde los temores de esta vida pierden su poder sobre nuestra mente.

 

Vivir bajo la sombra del Altísimo significa caminar tan cerca de Él que su protección nos cubre por completo durante toda la jornada. En esta mañana entendemos que no estamos llamados a enfrentar las exigencias del día con nuestras propias fuerzas limitadas. El Dios Altísimo, aquel que creó los cielos y la tierra con el poder de su palabra, ofrece ser nuestro lugar de resguardo. Al meditar en esta verdad, nuestro corazón encuentra un descanso profundo, sabiendo que el Rey de reyes es quien vela por nosotros mientras caminamos por este mundo.

 

Salmo 91:2. Diré yo a Jehová: Esperanza mía, y castillo mío; mi Dios, en quien confiaré.

 

Expresamos con nuestros labios y creemos en nuestro corazón que Dios es nuestra única esperanza real en un mundo lleno de promesas vacías. Las riquezas humanas, las conexiones personales y las fortalezas terrenales pueden fallar en el momento más crítico, pero el Señor permanece como un castillo inexpugnable. Proclamar que Él es nuestra fortaleza significa renunciar al orgullo de querer resolverlo todo por nuestra cuenta. Significa reconocer con humildad que necesitamos desesperadamente su intervención cotidiana para no resbalar en el camino.

 

En esta mañana, decidimos depositar de manera absoluta nuestra confianza en el Dios de nuestra salvación. Enfrentamos los compromisos de hoy no con la soberbia de quien se cree autosuficiente, sino con la serenidad de quien sabe que su vida está en las manos del Creador. Cuando la duda intente susurrar debilidad o cuando las exigencias del trabajo y la familia parezcan abrumadoras, recordaremos que nuestro Dios es un refugio inquebrantable. En Él decidimos esperar, sabiendo que jamás ha defraudado a quienes buscan su rostro con sinceridad.

 

Salmo 91:3. Él te librará del lazo del cazador, de la peste destructora.

 

La Palabra de Dios nos advierte suavemente que en el camino de la vida existen trampas ocultas, engaños del enemigo y peligros invisibles que buscan hacer caer al creyente. El lazo del cazador representa aquellas tentaciones sutiles, aquellas decisiones apresuradas y aquellas palabras imprudentes que pueden destruir nuestra paz y dañar a quienes amamos. Sin embargo, el Salmo nos asegura que el Señor tiene el poder y la disposición de librarnos de todas esas redes invisibles si caminamos atentos a su voz y sujetos a su guía.

 

Rogamos en este instante para que el Espíritu Santo nos conceda discernimiento espiritual a lo largo de este día. Pedimos que nos dé la sabiduría necesaria para reconocer las trampas del orgullo, la codicia, el rencor y la impaciencia antes de tropezar en ellas. Asimismo, reconocemos que la peste destructora representa los males que atacan sin previo aviso, las enfermedades y las plagas del alma como la amargura. Nos encomendamos a la protección del Señor, confiando en que su gracia nos preserva tanto de los peligros físicos como de los ataques espirituales.

 

Salmo 91:4. Con sus plumas te cubrirá, y debajo de sus alas estarás seguro; escudo y adarga es su verdad.

 

Esta conmovedora imagen bíblica nos revela la ternura y el cuidado paternal con el que Dios protege a sus hijos. Como una ave que cubre a sus pequeños bajo sus alas para protegerlos del frío, de las tempestades y de los depredadores, así el Señor nos envuelve con su amor incondicional. En ese lugar íntimo de protección no hay espacio para la desesperación ni para el terror. Estamos seguros no porque el mundo exterior sea perfecto o pacífico, sino porque la presencia de Dios es nuestra cobertura diaria.

 

Además, el salmista nos recuerda que la verdad de Dios es un escudo y una adarga, armas defensivas que nos protegen contra las mentiras que el mundo intenta inculcar en nuestra mente. En este día seremos bombardeados por pensamientos de desánimo, por críticas destructivas o por la ilusión de que estamos solos. No obstante, la verdad de la Palabra de Dios es la armadura que detiene cada uno de esos ataques. La verdad de que somos amados, perdonados, sostenidos y guardados por Cristo es la fortaleza que mantendrá erguida nuestra fe.

 

Salmo 91:5. No temerás al terror nocturno, ni saeta que vuele de día.

 

El miedo es una de las cargas más pesadas que puede arrastrar el ser humano. Existen temores que nos asaltan en la quietud de la noche, cuando la mente repite sin cesar las preocupaciones por el futuro, las deudas, la salud o el bienestar de los hijos. También existen los ataques que llegan de día, como las malas noticias inesperadas, los conflictos laborales o las presiones cotidianas que parecen flechas dirigidas a destruir nuestra estabilidad emocional.

 

Frente a todas estas amenazas, la promesa bíblica nos dice con claridad que no debemos temer. Este mandato no es una orden fría, sino una invitación amorosa a descansar en la soberanía de Dios. Pedimos que en esta mañana el Señor limpie nuestro corazón de todo temor paralizante. Oramos para que la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento humano, guarde nuestros pensamientos y nuestras emociones en Cristo Jesús. Caminaremos a lo largo de estas horas no con el espíritu acobardado de quienes están indefensos, sino con la valentía de quienes son guardados por el Poderoso de Israel.

 

Salmo 91:6. Ni pestilencia que habite en oscuridad, ni mortandad que en medio del día destruya.

 

Reconocemos que las adversidades no tienen un horario específico para presentarse. Hay crisis que se incuban en la oscuridad de la incertidumbre y hay tragedias que golpean en plena luz del día, cuando todo parece marchar con normalidad. La vida humana es frágil y las circunstancias del mundo cambian en un instante. Sin embargo, la constante en medio de la volatilidad terrenal es la fidelidad inquebrantable de nuestro Padre celestial.

 

Enfrentamos este nuevo día sabiendo que nada de lo que ocurra tomará por sorpresa al Señor. Aunque las plagas de la ansiedad, el estrés desmedido o la enfermedad rodeen a la sociedad moderna, elegimos clavar nuestra mirada en el Redentor. Le pedimos a Dios que preserve nuestra salud física, mental y espiritual. Rogamos que limpie el ambiente de nuestro hogar y de nuestro sitio de trabajo de todo aire de contienda, pesadez o desánimo, permitiendo que su serenidad gobierne cada espacio que pisemos hoy.

 

Salmo 91:7. Caerán a tu lado mil, y diez mil a tu diestra; mas a ti no llegará.

 

Esta declaración bíblica no nos invita al orgullo ni a la vanagloria espiritual, sino a un profundo sentimiento de humilde gratitud. En un mundo donde tantas personas colapsan emocionalmente, pierden la fe o son arrastradas por la desesperanza y el vacío interior, la gracia de Dios nos mantiene en pie. No es por nuestro propio mérito, intelecto o rectitud por lo que permanecemos firmes, sino por la misericordia divina que actúa como un muro infranqueable a nuestro alrededor.

 

Al reflexionar en este versículo, recordamos la importancia de permanecer humildes y dependientes de Cristo. Sabemos que si la corriente del mundo no nos ha destruido, es porque la mano del Señor nos ha sostenido con firmeza. Le pedimos al Padre que nos conceda la gracia de permanecer fieles a sus caminos, para que aun cuando a nuestro alrededor cunda el pánico, el materialismo o la falta de valores, nuestra vida siga siendo un testimonio vivo de la seguridad que hay en el evangelio.

 

Salmo 91:9. Porque has puesto a Jehová, que es mi esperanza, al Altísimo por tu habitación.

 

El Salmo vuelve a enfatizar la condición fundamental para experimentar esta paz interior: poner al Señor como nuestra habitación. Esto implica una decisión consciente de la voluntad que debemos renovar cada mañana. Poner a Dios por habitación significa consultar su palabra antes de tomar decisiones, buscar su consejo antes de responder con ira y recurrir a la oración antes de permitir que la desesperación tome el control de nuestro corazón.

 

Te pedimos, Padre amado, que nos enseñes a habitar en ti durante todas las actividades de este día. Que mientras trabajemos, estudiemos, cuidemos del hogar o caminemos por las calles, nuestro espíritu permanezca conectado al tuyo en una constante actitud de oración. Que no nos alejemos de tu presencia al salir de este momento devocional, sino que llevemos tu atmósfera de paz y santidad a cada lugar al que vayamos hoy.

 

Salmo 91:10. No te sobrevendrá mal, ni plaga tocará tu morada.

 

Esta promesa nos lleva a orar de manera específica por el resguardo de nuestras familias y de nuestros hogares. Entendemos que el hogar no es solo un edificio de ladrillos, sino el espacio donde se cultivan las relaciones más íntimas de la vida. Pedimos en esta mañana que la sangre de Jesucristo, el Cordero de Dios, selle las puertas y las ventanas de nuestras casas. Rogamos que la paz divina reine dentro de nuestras paredes y que todo espíritu de división, amargura, contienda o violencia sea expulsado de nuestras familias.

 

Ponemos en las manos del Señor a cada miembro de nuestro hogar que hoy saldrá a cumplir con sus responsabilidades. Guarda a los hijos que van a las escuelas y universidades, a los cónyuges en sus empleos y a los familiares ancianos en sus casas. Confiamos en que la bendición de Dios protegerá la economía familiar, librándonos de la escasez extrema y enseñándonos a administrar con sabiduría y generosidad los recursos que Él pone en nuestras manos.

 

Salmo 91:11. Pues a sus ángeles mandará acerca de ti, que te guarden en todos tus caminos.

 

La Escritura revela que Dios despliega su ejército celestial para acampar alrededor de aquellos que le temen y para guardarlos en todos sus desplazamientos. Esta es una verdad profundamente reconfortante para el día de hoy. Mientras nos preparamos para transitar por carreteras, tomar transporte público, caminar por calles concurridas o viajar a otros lugares, sabemos que no vamos solos. Los ángeles del Señor son enviados para guiarnos, protegernos de accidentes y alejarnos de personas con intenciones perversas.

 

Te rogamos, Señor, que guardes nuestras entradas y nuestras salidas desde ahora y para siempre. Que en cada paso que demos hoy, tus mensajeros celestiales vayan abriendo camino, quitando piedras de tropiezo y preservando nuestra integridad física. Encomendamos cada trayecto que realizaremos, cada vehículo en el que nos desplazaremos y cada lugar que visitaremos. Caminaremos con la tranquilidad de saber que el Comandante de los ejércitos celestiales vela por nuestra seguridad.

 

Salmo 91:12. En las manos te llevarán, para que tu pie no tropiece en piedra.

 

Esta metáfora nos habla de la delicadeza y la precisión con la que Dios cuida los detalles de nuestra vida cotidiana. Las piedras en el camino representan los pequeños tropiezos, las decisiones apresuradas, las palabras hirientes que podemos pronunciar en un momento de frustración o las tentaciones sutiles que buscan hacer arruinar nuestro testimonio cristiano. Dios promete sostenernos para que no caigamos en esos errores que traen consecuencias dolorosas.

 

Pedimos al Señor que en este día dirija nuestros pensamientos, nuestras palabras y nuestras acciones. Pedimos que ponga un freno a nuestra lengua cuando sintamos la tentación de chismear, criticar o responder con altanería. Que nos dé la paciencia necesaria para tratar con personas difíciles y la madurez espiritual para reaccionar con mansedumbre ante la provocación. Que su mano invisible nos sostenga cuando sintamos que nuestras fuerzas flaquean o cuando el cansancio amenace con hacernos perder el dominio propio.

 

Salmo 91:14. Por cuanto en mí ha puesto su amor, yo también lo libraré; le pondré en alto, por cuanto ha conocido mi nombre.

 

En los versículos finales del Salmo, la voz de Dios mismo responde a la fe del creyente con promesas directas y solemnes. El Señor declara que librará y honrará a aquel que ha puesto en Él su amor. Amor a Dios no es simplemente un sentimiento pasajero, sino una postura de fidelidad, obediencia y entrega de la voluntad. Significa preferir los mandamientos de Dios por encima de los deseos de la carne y buscar agradarle en todo lo que hacemos.

 

En esta mañana expresamos nuestro amor sincero por ti, Señor. Conocemos tu nombre, el nombre que es sobre todo nombre, el nombre de Jesucristo en quien tenemos salvación y redención. Te pedimos que limpies los afectos de nuestro corazón, para que no amemos al mundo ni las cosas que están en el mundo, sino que nuestro amor primordial sea siempre para ti. Al poner nuestro amor en ti, nos tomamos de tu promesa de que seremos librados de la destrucción y sustentados por tu gloria.

 

Salmo 91:15. Me invocará, y yo le responderé; con él estaré yo en la angustia; lo libraré y le glorificaré.

 

Esta es una de las declaraciones más consoladoras de toda la Biblia. Dios no nos promete una vida totalmente exenta de aflicciones o momentos difíciles, pero nos garantiza algo infinitamente superior: su presencia constante en medio de la prueba. Cuando la angustia toque a nuestra puerta, no estaremos abandonados a nuestra suerte. Al invocar el nombre del Señor, tenemos la garantía absoluta de que Él escucha nuestro clamor y responde según su soberana voluntad y a su debido tiempo.

 

Saber que el Creador del universo está con nosotros en medio de la tormenta cambia por completo nuestra perspectiva de los problemas. No tenemos que desesperarnos cuando las cosas no salgan exactamente como las planeamos hoy. Si enfrentamos un contratiempo financiero, un diagnóstico médico adverso, un problema laboral o un dolor emocional, recordaremos que el Señor está caminando a nuestro lado en medio de ese fuego. Él nos dará la fortaleza para soportar, la sabiduría para actuar y, finalmente, la victoria que traerá gloria a su santo nombre.

 

Salmo 91:16. Lo saciaré de larga vida, y le mostraré mi salvación.

 

El Salmo culmina con la promesa de la plenitud vital y el regalo supremo de la salvación eterna. Dios promete a sus hijos no solo una vida madura y satisfecha en esta tierra, sino la revelación de su plan redentor a través de Jesucristo. La verdadera satisfacción de la vida no se encuentra en la acumulación de bienes materiales, en la fama o en el placer efímero, sino en vivir una vida que honre a Dios y goce de su comunión ininterrumpida.

 

Te damos gracias, Padre, por la salvación tan grande que nos has otorgado por medio del sacrificio de tu Hijo en la cruz del calvario. Reconocemos que nuestra ciudadanía no es de este mundo y que, aunque vivimos en esta tierra, nuestra esperanza final está en la eternidad contigo. Esta perspectiva eterna nos da las fuerzas necesarias para vivir el día de hoy con propósito, paciencia y alegría interior, sabiendo que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que se manifestará en nosotros.

 

A lo largo de la historia bíblica encontramos hombres y mujeres que experimentaron de manera tangible este refugio divino en medio de los peligros más extremos. Recordamos al profeta Daniel, quien al ser arrojado al foso de los leones por causa de su fidelidad a Dios, no recurrió al pánico ni a la venganza. Daniel confió en la protección del Altísimo, y el Señor envió a su ángel para cerrar la boca de los leones, preservando milagrosamente la vida de su siervo.

 

Del mismo modo, recordamos a los tres jóvenes hebreos, Ananías, Misael y Azarías, quienes prefirieron ser arrojados a un horno de fuego ardiendo antes que postrarse ante una estatua pagana. Ellos sabían que Dios tenía el poder de librarlos, pero incluso si no lo hacía, su fidelidad permanecía inquebrantable. Dios no evitó que fueran arrojados al fuego, pero caminó con ellos en medio de las llamas, haciendo que ni siquiera el olor a humo quedara en sus ropas.

 

Estas historias sagradas no son meras leyendas del pasado, sino testimonios eternos del poder y la fidelidad de nuestro Dios. El mismo Dios que cerró la boca de los leones y caminó en el horno de fuego es el Dios que hoy nos acompaña a nosotros. Su poder no ha disminuido con el paso de los siglos y su amor por sus hijos permanece exactamente igual. Esta certeza nos llena de valentía para encarar las responsabilidades de este día, sabiendo que el Dios de Daniel y de los siervos fieles es nuestro refugio presente.

 

Nos encomendamos ahora a ti para las horas de trabajo, estudio y servicio que tenemos por delante. Te pedimos que bendigas las obras de nuestras manos y que nos concedas gracia ante nuestros superiores, compañeros, clientes y autoridades. Danos la capacidad mental para resolver problemas complejos, la creatividad para desarrollar nuestras tareas con excelencia y la diligencia para no caer en la pereza ni en la negligencia. Que nuestro desempeño profesional y laboral refleje el carácter de Cristo, siendo luz y testimonio de honestidad en todo momento.

 

En el ámbito de las relaciones interpersonales, rogamos que extiendas tu paz a través de nosotros. Ayúdanos a ser pacificadores en nuestros entornos. Si hoy debemos enfrentar conversaciones difíciles, resolver malentendidos o lidiar con personas conflictivas, pedimos que el Espíritu Santo guíe nuestras palabras para que sean sazonadas con sal y gracia. Danos la humildad para pedir perdón si nos equivocamos y la generosidad de corazón para perdonar a quienes nos ofendan, recordando cuánto nos has perdonado tú a nosotros.

 

Presentamos también delante de tu altar las necesidades de nuestra comunidad y del mundo entero. Levantamos una oración de intercesión por todas aquellas personas que en esta mañana se han levantado en medio del dolor, de la enfermedad en los hospitales o de la pérdida de un ser querido. Oramos por los huérfanos, por las viudas, por las personas que viven en la calle y por aquellos que están atrapados en el pozo de las adicciones o la depresión profunda. Pedimos que tu luz admirable los alcance y que encuentren en ti el verdadero consuelo y la liberación que sus almas necesitan.

 

Oramos por los matrimonios que se están desintegrando en este momento por causa de la falta de amor, la incomunicación o la infidelidad. Rogamos que derrames de tu Espíritu para restaurar el amor original, sanar las heridas del corazón y renovar los pactos de fidelidad. Oramos por los padres de familia que se sienten abrumados por la crianza de sus hijos en medio de una cultura llena de valores distorsionados. Concédeles sabiduría divina para instruir a sus hijos en el temor del Señor, con paciencia, disciplina y amor entrañable.

 

Recordamos de manera especial a aquellos hermanos en la fe que sufren persecución en distintas partes del mundo por causa del evangelio. Pedimos que fortalezcas la fe de la Iglesia perseguida, que seas su escudo y su escondedero en momentos de violencia, y que les concedas el valor para mantenerse firmes en el testimonio de Jesucristo. Que ellos experimenten de forma palpable la realidad del Salmo 91, sabiendo que bajo tus alas están eternamente seguros.

 

A medida que avanzamos hacia el desarrollo de nuestras actividades en esta mañana, entregamos a tu soberanía cada pensamiento que pase por nuestra mente. Cautivamos todo pensamiento de duda, codicia, envidia o temor a la obediencia a Cristo Jesús. Te pedimos que limpies nuestros ojos para que no se deleiten en la vanidad ni en la inmoralidad que promueve la sociedad. Guarda nuestros oídos para que no presten atención al chisme, a la calumnia o a las filosofías engañosas que buscan apartarnos de la sencillez de la fe.

 

Te pedimos que nos concedas un espíritu de discernimiento para aprovechar bien el tiempo en este día, sabiendo que los días son malos. Líbranos de las distracciones inútiles que nos roban horas valiosas que podríamos dedicar a la oración, al estudio de la Palabra, al trabajo honesto o a la convivencia sana con nuestras familias. Enséñanos a contar nuestros días de tal manera que traigamos al corazón sabiduría y vivamos con una clara conciencia de la eternidad.

 

Rendimos ante ti nuestros planes, nuestros proyectos futuros, nuestros sueños y nuestras ambiciones. Si alguno de nuestros planes no coincide con tu santa y perfecta voluntad, te pedimos que con amor cierres esas puertas y redirijas nuestras pisadas hacia tus senderos. Reconocemos que tu voluntad es buena, agradable y perfecta, y que tus pensamientos hacia nosotros son pensamientos de paz y no de mal, para darnos un fin lleno de esperanza. No deseamos el éxito terrenal si este implica alejarnos de tu presencia.

 

Nos sometemos de manera gozosa a tu señorío en este día. Queremos ser instrumentos útiles en tus manos para consolar al afligido, compartir el mensaje de la salvación con quien no te conoce y ser las manos y los pies de Jesús para los necesitados que crucen nuestro camino. Que nuestra conducta cotidiana sea un sermón vivo que atraiga a otros hacia la belleza de tu gracia.

 

Terminamos esta oración con la firme convicción de que has escuchado el clamor de nuestro corazón. No nos levantamos de este momento devocional con dudas ni con pesadez, sino cargados con la paz indestructible que proviene del Espíritu Santo. Caminaremos durante todo este día con la frente en alto, no por mérito propio, sino por la seguridad de que el Dios Omnipotente camina delante de nosotros como poderoso gigante.

 

Depositamos todo nuestro ser, nuestro espíritu, nuestra alma y nuestro cuerpo en tus manos llagadas de amor. En el nombre glorioso, victorioso y sobre todo nombre de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, oramos.

 

Amén.

 

Gracias por haber compartido este valioso espacio de oración y devoción matutina. Si esta oración ha traído paz, fortaleza y dirección a tu vida para comenzar este nuevo día, te invito a escribir la palabra “Amén” en los comentarios, o a compartir allí mismo tus peticiones de oración para que podamos continuar intercediendo por ti. No dudes en compartir este contenido con algún familiar o amigo que necesite recordar hoy el cuidado de Dios, y te animo a suscribirte al canal para seguir acompañándonos cada mañana en nuestro caminar de fe. Que la gracia y la paz de nuestro Señor Jesucristo te guíen y protejan durante todo este día.

 

Publicador
Publicadorhttps://www.elversiculodeldia.com/
Salvo por gracia ❤ Dios es bueno y para siempre es Su misericordia!

Libro Recomendado:

Un año con mi amigo fiel y verdadero: Jesús
365 días con la Palabra de Dios.

Un año con mi amigo fiel y verdadero: Jesús

es un libro devocional de lectura fácil que ofrece una lectura diaria de un versículo bíblico, acompañado de una breve reflexión y una oración que te inspirará a conectarte con Dios.

Este devocional diario es perfecto para aquellos que desean cultivar una relación más profunda con Dios a través de la lectura regular de la palabra de Dios y la oración.

Aquí puedes Comentar o Responder a esta Publicación

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

Ayúdanos a compartir Su Palabra...

Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. Marcos 16:15

WHATSAPP

Recibelo diario.

FACEBOOK

INSTAGRAM

TWITTER

YOUTUBE

PINTEREST

VIMEO

EMAIL (Suscripción)

Recibelo diario.

TELEGRAM

Recibelo diario.

TIKTOK

Recibelo diario.

CREAR POSTAL

Crea hermosa postal
Con tu versiculo favorito!

Anterior Publicación

Dios nunca nos dejara ni desamparara, pero fácilmente nos alejamos de Dios. Recibe versiculos biblicos de la palabras de Dios y acercarte a Él. Te invitamos a unirse a nuestra confraternidad.