El amor de Dios es más profundo, más fuerte
y más perfecto que cualquier amor que un padre
o una madre pueda sentir. Como criaturas amadas
por Él, nos sostenemos en su amor, que nos
fortalece y nos guía para ser el pueblo
que Dios nos llama a ser.
Porque de tal manera amó Dios al mundo, que
ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel
que en él cree, no se pierda, más tenga
vida eterna.
Juan 3:16
