La Palabra de Dios debería moldear nuestras palabras.
Es decir debemos entender que las heridas en el corazón
son más difíciles de cicatrizar que las físicas.
Amado Dios ayúdanos a pronunciar palabras
edificantes y amorosas, ellas podrían marcar la
diferencia en un mundo con tanta necesidad
de escuchar palabras alentadoras.
Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca,
sino la que sea buena para la necesaria edificación,
a fin de dar gracia a los oyentes.
Efesios 4:29
