VOLVAMOS A BUSCAR A DIOS
Pastor Jorge L. Cintrón
Entonces me invocaréis, y vendréis y oraréis a mí, y yo os oiré; y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón. Jeremías 29:12-13
Mensaje presentado en el Pabellón de Oración de la Primera Iglesia Bautista de Cayey, Puerto Rico el 6 de septiembre de 2026 – 10:15 am
INTRODUCCIÓN
Buscar a Dios de todo corazón significa volver nuestra vida hacia Él, reconocer nuestra necesidad de su presencia y estar dispuestos a relacionarnos con Él de una manera sincera y profunda.
Hay una diferencia entre saber que Dios existe y buscar a Dios.
También hay una diferencia entre buscar a Dios ocasionalmente y hacer de la búsqueda de Dios una prioridad en nuestra vida.
Jeremías 29:12-13 nos presenta una invitación de Dios que sigue teniendo vigencia: “Entonces me invocaréis, y vendréis y oraréis a mí, y yo os oiré; y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón.” Estas palabras fueron dirigidas a un pueblo que estaba viviendo una situación difícil y que necesitaba aprender nuevamente a depender de Dios. Pero el principio que encontramos aquí trasciende aquella circunstancia. Dios sigue invitándonos a buscarlo. No solamente cuando tenemos problemas. No solamente cuando necesitamos una respuesta. No solamente cuando queremos que Dios haga algo por nosotros.
Dios quiere que lo busquemos a Él.
La pregunta que quiero colocar delante de nosotros hoy es sencilla: ¿Estamos buscando verdaderamente a Dios? Y si hemos dejado de hacerlo como antes, la invitación de Dios es: Vuelvan a buscar a Dios.
VOLVER A BUSCAR A DIOS ES RECONOCER NUESTRA NECESIDAD DE ÉL
Jeremías 29:12 comienza con una invitación a invocar a Dios. “Entonces me invocaréis”. Invocar a Dios significa acudir a Él y reconocer que necesitamos su intervención. La oración verdadera comienza cuando dejamos de pensar que podemos enfrentar la vida únicamente con nuestras propias fuerzas. Mientras creemos que tenemos todo bajo control, fácilmente dejamos de buscar a Dios. La autosuficiencia puede convertirse en uno de los mayores obstáculos para nuestra relación con Dios. Podemos aprender a resolver muchos problemas por nuestra propia experiencia. Podemos adquirir conocimiento, recursos y habilidades. Podemos llegar a pensar que ya sabemos cómo enfrentar determinadas situaciones. Pero ninguna capacidad humana puede sustituir nuestra dependencia de Dios.
Buscar a Dios comienza cuando reconocemos que lo necesitamos. Todos necesitamos de Dios, aun cuando las circunstancias parezcan estar bajo control. Necesitamos su dirección. Necesitamos su sabiduría. Necesitamos su fortaleza. Necesitamos su gracia. Necesitamos su presencia. Nuestra necesidad de Dios no desaparece cuando nuestras circunstancias mejoran. A veces buscamos intensamente a Dios cuando tenemos una necesidad urgente. Cuando la necesidad desaparece, también puede disminuir nuestra búsqueda de Dios.Pero Dios no quiere ser sola mente nuestro recurso en tiempos de emergencia. Dios quiere ocupar el centro de nuestra vida todos los días.
Buscar a Dios debe convertirse en una manera de vivir. No debemos acudir a Dios solamente cuando no sabemos qué hacer. Debemos buscarlo también cuando creemos saber qué hacer. Necesitamos preguntarle a Dios antes de tomar decisiones. Necesitamos reconocer su dirección aun cuando pensemos que tenemos la respuesta. Una vida que busca a Dios aprende a depender de Él. La dependencia de Dios no es debilidad. Reconocer que necesitamos a Dios es una expresión de fe. El creyente que reconoce su necesidad de Dios aprende a caminar con mayor confianza.
VOLVER A BUSCAR A DIOS SIGNIFICA BUSCARLO A ÉL
Dios dice: “Me buscaréis”. El objeto de nuestra búsqueda debe ser Dios mismo. No debemos buscar solamente sus bendiciones. No debemos buscar solamente sus respuestas. No debemos buscar solamente sus milagros. No debemos buscar solamente su ayuda. Debemos buscar a Dios. Hay una diferencia entre buscar lo que Dios puede hacer y buscar al Dios que puede hacerlo. Podemos estar interesados en lo que recibimos de Dios sin estar profundamente interesados en conocer a Dios. Podemos querer sus manos sin buscar su corazón. Podemos querer sus respuestas sin querer escuchar su voluntad.
Buscar a Dios es desear conocerlo. Cuando buscamos verdaderamente a Dios, nuestro interés por Él crece. Queremos conocer su carácter. Queremos conocer su voluntad. Queremos conocer su Palabra. Queremos comprender mejor sus caminos. Conocer a Dios transforma nuestra relación con Él. Dejamos de verlo solamente como alguien a quien acudimos cuando tenemos necesidades. Comenzamos a reconocerlo como nuestro Señor. Comenzamos a desear agradarle, no simplemente recibir de Él.
Buscar a Dios r equiere intencionalidad.Nadie busca profundamente a Dios por accidente. La vida está llena de actividades que pueden ocupar nuestra atención. Las responsabilidades pueden llenar nuestros días. Las preocupaciones pueden ocupar nuestros pensamientos. Las distracciones pueden disminuir nuestra sensibilidad espiritual. Por eso tenemos que decidir buscar a Dios. Tenemos que apartar tiempo para estar con Él. Tenemos que abrir su Palabra. Tenemos que hablar con Él. Tenemos que aprender también a guardar silencio delante de Él. Tenemos que darle a Dios nuestra atención. Si Dios es importante para nosotros, nuestra manera de vivir debe demostrarlo. Lo que valoramos encuentra espacio en nuestra vida. Lo que consideramos prioritario recibe nuestro tiempo.Si queremos buscar a Dios, tenemos que darle un lugar verdadero en nuestra vida.
VOLVER A BUSCAR A DIOS SIGNIFICA ACERCARNOS A ÉL CON SINCERIDAD
Dios no está hablando solamente de una búsqueda externa. El texto termina diciendo: “porque me buscaréis de todo vuestro corazón”. Dios está interesado en nuestro corazón. Dios no quiere una búsqueda superficial. Dios no quiere una relación basada únicamente en apariencias. Podemos hacer muchas cosas relacionadas con la fe y, sin embargo, estar lejos de Dios en nuestro interior. Podemos hablar de Dios. Podemos cantar acerca de Dios. Podemos asistir a la iglesia. Podemos participar en actividades. Pero ninguna de esas cosas sustituye una relación sincera con Dios.
Buscar a Dios de todo corazón significa acercarnos sin reservas. No podemos entregarle a Dios solamente las áreas de nuestra vida que nos resultan cómodas. Dios quiere nuestras decisiones. Dios quiere nuestros pensamientos. Dios quiere nuestros sentimientos. Dios quiere nuestros planes. Dios quiere nuestros temores. Dios quiere nuestro futuro.
Buscar a Dios de todo corazón significa permitir que Él tenga acceso a toda nuestra vida. No podemos decir: “Señor, gobierna todo excepto esta área”. No podemos pedirle dirección mientras nos reservamos el derecho de hacer lo que queremos. Buscar a Dios de todo corazón implica estar dispuestos a escuchar aunque su respuesta no sea la que esperábamos.
Buscar a Dios de todo corazón requiere honestidad delante de Él. Podemos acercarnos a Dios tal como somos. No necesitamos aparentar delante de Dios. Él conoce nuestras luchas. Él conoce nuestras dudas. Él conoce nuestras debilidades. Él conoce nuestros pensamientos antes de que los pronunciemos. Por eso podemos hablar con Dios con absoluta sinceridad. Podemos decirle cuando tenemos miedo. Podemos decirle cuando estamos confundidos. Podemos decirle cuando estamos cansados. Podemos reconocer delante de Él nuestros errores. Podemos confesar aquello que necesita ser cambiado.
La sinceridad delante de Dios abre espacio para que Él transforme nuestro corazón.
VOLVER A BUSCAR A DIOS IMPLICA PERMITIR QUE ÉL TRANSFORME NUESTRA VIDA
Buscar a Dios no termina en la oración; afecta nuestra manera de vivir. Una persona que verdaderamente busca a Dios comienza a escuchar su voz. La Palabra de Dios comienza a confrontar nuestras actitudes. La voluntad de Dios comienza a cuestionar algunos de nuestros planes. La presencia de Dios comienza a mostrarnos áreas que necesitan cambiar. Por eso buscar a Dios puede resultar incómodo. Dios no siempre nos dice lo que queremos escuchar. Dios también nos muestra aquello que necesitamos cambiar. Dios puede confrontar nuestras actitudes. Dios puede pedirnos que perdonemos. Dios puede pedirnos que renunciemos a algo. Dios puede pedirnos que demos un paso de obediencia.
Buscar a Dios significa estar dispuestos a obedecer.No tiene sentido pedir dirección si no estamos dispuestos a seguirla. Podemos pedirle a Dios que nos muestre el camino. Pero debemos estar dispuestos a caminar por él. La verdadera búsqueda de Dios produce cambios concretos. Cambia nuestras prioridades. Cambia nuestra manera de hablar. Cambia nuestra manera de tratar a las personas. Cambia nuestra manera de enfrentar las dificultades. Cambia nuestra manera de tomar decisiones. Cambia nuestra manera de entender quién somos delante de Dios.
Volver a buscar a Dios puede requerir volver a ordenar nuestras prioridades. Hay cosas buenas que pueden ocupar demasiado espacio en nuestra vida. El trabajo es importante. La familia es importante. Las responsabilidades son importantes. Los proyectos son importantes. Pero ninguna de esas cosas debe desplazar a Dios del primer lugar. El problema no siempre es que estemos haciendo cosas malas. A veces el problema es que cosas buenas han ocupado el lugar que le corresponde a Dios. Por eso necesitamos revisar nuestras prioridades. ¿Qué lugar ocupa Dios en mi vida? ¿Qué lugar ocupa la Palabra de Dios? ¿Qué lugar ocupa la oración? ¿Qué lugar ocupa la obediencia? ¿Qué lugar ocupa mi relación personal con Dios?
DIOS PROMETE QUE QUIEN LO BUSCA DE TODO CORAZÓN LO ENCONTRARÁ
Esta es la promesa que encontramos en el texto: “Me buscaréis y me hallaréis”. Dios no está jugando al escondite con nosotros. Dios no está tratando de alejarnos de Él. Dios responde a quienes sinceramente lo buscan. La promesa no significa que Dios hará todo lo que nosotros queremos. Encontrar a Dios no significa recibir automáticamente todas las respuestas que deseamos. Encontrar a Dios significa encontrarnos con su presencia, su voluntad, su gracia y su dirección.
Podemos encontrar a Dios aun cuando no entendamos nuestras circunstancias. Las circunstancias pueden cambiar, pero Dios permanece. Puede haber momentos de incertidumbre. Puede haber preguntas sin respuesta inmediata. Puede haber situaciones que no comprendemos. Pero podemos seguir buscando a Dios. A veces queremos encontrar primero la explicación y después encontrar a Dios. Queremos entender antes de confiar. Queremos saber qué va a suceder antes de dar el siguiente paso. Queremos tener todas las respuestas antes de descansar. Pero Dios puede enseñarnos a encontrarlo aun cuando no tengamos todas las respuestas. Podemos no entender lo que está sucediendo y aun así confiar en Él. Podemos no conocer el futuro y aun así buscarlo. Podemos tener preguntas y aun así permanecer cerca de Él.
Encontrar a Dios es más importante que encontrar respuestas. Hay respuestas que solamente Dios puede darnos. Hay situaciones que solamente Dios puede resolver. Hay caminos que solamente Dios puede mostrarnos. Pero aun cuando la respuesta tarde, podemos tener algo que ninguna respuesta puede sustituir: la presencia de Dios.
HOY TENEMOS QUE TOMAR LA DECISIÓN DE VOLVER A BUSCAR A DIOS
La invitación de Dios exige una respuesta personal. El texto dice: “me buscaréis”. No dice que otros buscarán a Dios por nosotros. Nuestra relación con Dios es personal. Nadie puede buscar a Dios en nuestro lugar. No podemos vivir permanentemente de la experiencia espiritual de otras personas. Podemos aprender de otros. Podemos recibir inspiración de otros. Podemos escuchar testimonios de otros. Pero cada uno de nosotros tiene que buscar personalmente a Dios.
Necesitamos preguntarnos dónde estamos espiritualmente. ¿Estoy buscando a Dios realmente? ¿Estoy buscando a Dios solamente cuando tengo problemas? ¿Estoy buscando sus bendiciones más que su presencia? ¿Estoy dispuesto a escuchar cuando Dios me habla? ¿Hay alguna área de mi vida que todavía no quiero entregar completamente a Dios? ¿Estoy buscando a Dios de todo corazón?
Volver a buscar a Dios comienza con una decisión. Podemos decidir nuevamente darle a Dios el primer lugar. Podemos decidir volver a buscarlo diariamente. Podemos decidir recuperar el tiempo de oración. Podemos decidir volver a la Palabra con un corazón dispuesto a escuchar. Podemos decidir obedecer aquello que Dios ya nos ha mostrado. Podemos decidir dejar de vivir una relación superficial con Dios.
CONCLUSIÓN
Jeremías 29:12-13 nos presenta una invitación y una promesa. La invitación es: “Me buscaréis”. La promesa es: “Me hallaréis”.
Dios establece una condición: “Me buscaréis de todo vuestro corazón”. No se trata solamente de buscar a Dios cuando tenemos una necesidad. No se trata solamente de buscarlo cuando estamos pasando por una crisis. No se trata solamente de buscarlo cuando necesitamos una respuesta. Se trata de hacer de Dios el centro de nuestra vida. Hay momentos en los que necesitamos detenernos y reconocer: “Necesito volver a buscar a Dios.” No porque Dios se haya alejado. Sino porque nosotros podemos habernos distraído. No porque Dios haya dejado de estar presente. Sino porque nosotros podemos haber dejado de prestarle atención. No porque Dios haya dejado de hablarnos. Sino porque nosotros podemos haber dejado de escuchar. Por eso hoy la invitación es sencilla: Volvamos a buscar a Dios. Volvamos a buscarlo con sinceridad. Volvamos a buscarlo con humildad. Volvamos a buscarlo con hambre espiritual. Volvamos a buscarlo con todo nuestro corazón.
Porque Dios mismo nos ha dado esta promesa: “Me buscaréis y me hallaréis.”
No quiero invitarte simplemente a tomar una decisión emocional. Quiero invitarte a tomar una decisión personal. Pregúntate delante de Dios: ¿Lo estoy buscando de todo corazón? Si reconoces que has estado distante, puedes volver. Si reconoces que otras cosas han ocupado demasiado espacio en tu vida, puedes volver. Si reconoces que has estado buscando más las respuestas de Dios que al Dios de las respuestas, puedes volver. Si reconoces que necesitas recuperar tu relación con Él, puedes volver.
Dios no está cerrando la puerta. Dios está diciendo: “Me buscaréis y me hallaréis.” Por eso, hoy podemos acercarnos nuevamente a Él y decir: “Señor, quiero buscarte. No quiero buscar solamente lo que puedes darme. Quiero buscarte a ti. Quiero conocerte. Quiero escucharte. Quiero obedecerte. Quiero que seas el centro de mi vida. Quiero buscarte de todo corazón.”
Volvamos a buscar a Dios.

