
Con el paso de los años se valora mucho el ritmo acelerado y el llevar una vida a toda velocidad; tanto que tendríamos que vivir en una cueva, aislados del mundo, para no entrar en ese tren de vida donde todo transcurre a grandes velocidades.
La realidad es que se puede valorar aquello que nos sirve para ahorrar tiempo, por ejemplo, en la antigüedad para ir de un lugar a otro tenían que ir caminando, luego en caballos, después en bicicletas y finalmente en autos y aviones.
De hecho la competitividad también se mide por la capacidad de alcanzar los resultados óptimos en el menor tiempo posible.
Pero es claro que hay ocasiones en que, quiéralo o no, tenemos que aprender a ir despacio, por ejemplo, cuando hay un trancón en el tráfico, o cuando tienes que esperar para ser atendido por el médico, etc.
Es importante, también, aprender a tener control de si mismos en los momentos acalorados, como cuando se entra en una discusión, o cuando hay el afán por comprar algo, en estos momentos es vital hacer una pausa para no caer en el error de equivocarnos por acelerados.
En la Biblia en el Libro de Eclesiastés, capítulo 3, verso 1 dice así, “Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora”.
No se nos dice que debe haber tiempos acelerados y otros lentos, lo que dice es que hay que determinar un tiempo para todo, porque cuando se quiere se puede tener el tiempo para todas las cosas en la vida.
Surge la pregunta ¿Tienes tiempo para todas las cosas?, o ¿has creado una rutina acelerada y tan llena de compromisos que el tiempo no te alcanza y por lo tanto vives de afán y con angustias porque se te acumulan las cosas pendientes?
¡Organízate!, establece las prioridades y empieza a determinar tiempos para no vivir desenfrenado. Que tu tiempo con Dios para orar y leer la Biblia no sea un tiempo de afán o simplemente no tengas el espacio para hacerlo porque tienes otras cosas que hacer.
Igualmente, con tu familia, con tu descanso, define tiempo para cada actividad en tu vida, comprendiendo que, si le pides al Señor la guía, Él te mostrará que hacer, porque como lo dijo Salomón, todo tiene su tiempo y todo lo que se quiere hacer tiene su hora.
Oremos “Señor, gracias por mostrarme que la vida acelerada y los afanes de cada día no deben ser la forma en la que maneje mi tiempo. Dame la capacidad para organizarme y establecer tiempos acorde como tus prioridades y no con las mías. Señor quiero que seas Tu el primero en mi lista de orden en la agenda y que mi familia, mi salud y el servicio en tu casa estén en mis planes semanales, lo pido en el Nombre de Jesús, Amén”
Versículo “Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora”. Eclesiastés 3:1 (RV60)
Buen Dia
Juan C Quintero
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