
Sólo queda alabarlo
«Gracias a Cristo pasaron a formar parte del pueblo de Dios y recibieron el Espíritu Santo, que nos había prometido. Ustedes lo recibieron como prueba de que Dios cumplirá su promesa, cuando haya liberado totalmente a los que formamos su pueblo. Por eso, alabamos la grandeza de Dios» Efesios 1:13b-14
La versión Reyna-Valera menciona dos metáforas muy conocidas y populares entre nosotros los cristianos: se trata de que el Espíritu Santo es “el sello” que Dios nos pone cuando nos convertimos; y “un arras”, es decir, una garantía, un aval, una fianza que Dios ofrece de nuestra pertenencia o salvación. Para mí, una prueba más de que al hacernos suyos, jamás perderemos esa condición.
Juan Calvino comenta: «Que es la arras (115) de nuestra herencia. Pablo usa esta frase dos veces en otra epístola. (2 Corintios 1:22). La metáfora se toma de acuerdos en los que, cuando se ha dado y aceptado una promesa, se confirma el conjunto y no queda lugar para un cambio de opinión. Así, cuando hemos recibido el Espíritu de Dios, sus promesas nos son confirmadas y no sentimos temor de que sean revocadas. De hecho, en sí mismas las promesas de Dios no son débiles; pero, hasta que no seamos apoyados por el testimonio del Espíritu, nunca descansaremos en ellos con una confianza inquebrantable».
Después de examinar esta maravillosa obra de Dios, no queda otra cosa que alabar Su Grandeza.
14 Abril 2026

