
En la Biblia, en el evangelio de Juan, capitulo 12, verso 27 relata el momento en el que Jesus estaba anunciando su muerte, y lo dijo así, “Ahora mi alma está turbada. ¿Y acaso diré: “Padre, sálvame de esta hora”? ¡Si para esto he venido!. Padre, ¡glorifica tu nombre!. En ese momento vino una voz del cielo: «Lo he glorificado, y volveré a glorificarlo.» (RVC)
A veces se piensa que para Jesús fue fácil dar su vida, incluso creemos que Jesús no luchó para cumplir con este propósito; la realidad es que Él mismo declaró que “su alma estaba turbada y angustiada”, pero también sabía que eso era lo correcto y… eligió lo correcto por encima de su deseo.
Hacer lo correcto no siempre es fácil, normalmente las personas tienen la tendencia a hacer lo contrario de lo que deberían, en otras palabras, “hacer el bien es un acto de la voluntad más que del deseo”.
Esto aplica para todo, el que quiere hacer deporte debe entrenar, para entrenar debe obligarse a cambiar la rutina. Quien desea cambiar la dieta requiere esforzarse en dejar a un lado la comida que no le conviene.
Igualmente, en la vida espiritual, cumplir con la voluntad de Dios no es fácil, es un acto de fe acompañado de la voluntad, la buena noticia es que tenemos el ejemplo de nuestro Señor Jesús, quien en todas las cosas relacionadas con la voluntad del Padre dijo “sí” y lo cumplió.
Al igual nosotros para crecer en la vida espiritual debemos decir que decir “Sí” a las cosas de Dios.
Eso significa poner nuestro egoísmo y los deseos personales a un lado en la medida que seguimos el camino por el que Dios nos está guiando. Esto requiere “caminar la milla extra”, “esforzarnos más”, es dejar la comodidad y buscar la voluntad de Dios. La gran noticia es esta: “El resultado es maravilloso: Una vida transformada para siempre”.
Oremos: “Señor, de la misma manera que Jesús tuvo angustias hoy reconozco que también yo las tengo; pero de lo misma manera que tu elegiste hacer lo correcto, hoy decido hacer Tu voluntad, le digo “si” a tus propósitos, a tu guía, lo declaro en el nombre de Jesús, Amén”.
Versículo, “Ahora mi alma está turbada. ¿Y acaso diré: “Padre, sálvame de esta hora”? ¡Si para esto he venido!. Padre, ¡glorifica tu nombre!. En ese momento vino una voz del cielo: «Lo he glorificado, y volveré a glorificarlo.» Juan 12:27 (RVC)
Buen Día
Juan C Quintero
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