Y LLAMARÁS SU NOMBRE
Pastor, Jorge L. Cintrón Calzada
Mensaje para ser presentada en el Pabellón de Oración de la Primera Iglesia Bautista de Cayey, Puerto Rico el 22 de diciembre de 2024, 10:15am
Texto Bíblico: Mateo 1:18-24
“El nacimiento de Jesucristo fue así: Estando desposada María su madre con José, antes que se juntasen, se halló que había concebido del Espíritu Santo. José su marido, como era justo, y no quería infamarla, quiso dejarla secretamente. Y pensando él en esto, he aquí un ángel del Señor le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es. Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados. Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta, cuando dijo: He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, Y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros. Y despertando José del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado, y recibió a su mujer”
El rey Acaz recibió un mensaje de Dios a través del profeta Isaías en el cual le decía que Siria e Israel, las 10 tribus del norte, no prevalecerían contra él. El mensaje para Acaz fue todavía más específico. Isaías le dijo de parte de Dios: “Pide para ti señal de Jehová tu Dios, demandándola ya sea de abajo en lo profundo, o de arriba en lo alto.” (Isaías 7:11) La respuesta de Acaz fue: “No pediré, y no tentaré a Jehová.” (Isaías 7:11)
Cuando uno lee de primera intención esta historia podría tal vez pensar que tremenda la fe de Acaz, pero es todo lo contrario. La realidad era otra. Acaz no quiso pedir señal a Jehová porque tuviera una gran fe sino todo lo contrario. No quiso pedir señal a Jehová porque pedir señal a Jehová significaba que estaba dispuesto a confiar en Dios para que los salvase de la alianza que habían hecho Siria e Israel del Norte contra Judá.
Acaz había puesto su confianza en el rey de Asiria para que lo salvase de la alianza que habían fraguado contra él Siria e Israel del Norte. Acaz es uno de los peores reyes de la descendencia de David. Se le recuerda por su idolatría. Se le recuerda por haber hecho pasar por fuego a sus hijos. Se le recuerda por haber convertido a Judá en tributario de Asiria. Se le recuerda por haber profanado el altar de Salomón y por haber clausurado el templo de Jerusalén.
Una de las cosas maravillosas de Jehová Dios es que cuando Él proclama una palabra. Esa palabra se cumplirá siempre
Muchísimos años antes de Acaz ser rey de Judá, Jehová, a través del profeta Natán, le había dicho a David que su casa reinaría por siempre sobre Israel. Ahora cuando, el trono de Acaz está en peligro, y por ende la casa de David, Isaías, aunque Acaz no confiaba en Jehová Dios, le dice a este: “el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel. Comerá mantequilla y miel, hasta que sepa desechar lo malo y escoger lo bueno. Porque antes que el niño sepa desechar lo malo y escoger lo bueno, la tierra de los dos reyes que tú temes será abandonada.” (Isaías 7: 14,15) Más adelante el profeta Isaías señalará sobre ese niño: “Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz. Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto.” (Isaías 9:6,7)
Muchos estudiosos del Antiguo Testamento señalan que ese niño que es profetizado por Isaías se refiere a Ezequías, un hijo de Acaz, que le sucedería en el trono. Ezequías es recordado por haber restaurado la adoración a Jehová Dios en Juda. Este Ezequías fue el que enfermó para muerte y oró a Jehová y le fueron concedidos quince (15) años adicionales de vida.
Cuando la iglesia cristiana abre La Biblia descubre que ese niño del cual Isaías profetizó es Jesucristo. Mateo presenta que cuando José se enfrentaba a la situación de que su desposada había concebido un niño se le apareció un ángel en sueños que le dijo: “José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es. Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados. Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta, cuando dijo: He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, Y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros.” (Mateo 1:20-23)
Durante el día de Navidad la iglesia cristiana celebra el nacimiento de ese niño profetizado. La Biblia nos enseña que ese niño es identificado como: Jesús, Emanuel, Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padres eterno, Príncipe de Paz.
Hoy por hoy, vivimos en una situación parecida a la que se vivía en tiempos de Acaz. Vivimos tiempos difíciles y peligrosos. Muchas personas andan buscando algo en lo cual puedan confiar.
Dios continúa proclamando tiempos de esperanzas, pero esa proclamación reclama que se ponga la confianza en un niño que nace. Ese niño es Jesús, Emanuel, Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de Paz. Él es el que puede salvar, porque se llama Jesús. Todo el que a Él se acerca sinceramente encuentra victoria sobre el pecado. El que se acerca a Él nunca estará solo, porque Él es Emanuel, Dios con nosotros. Él es el Admirable, esto es el único que merece adoración. El que se acerca a Él encuentra la fuente para darle dirección adecuada a su vida, porque Él es Consejero. Conocerle a Él es descubrir la protección divina, porque Él es Dios fuerte. Ese niño hace que uno sea parte de la familia de Dios, porque es el Padre Eterno. Conocerle a Él es obtener calma en medio de tanta confusión que hay alrededor nuestro, porque Él es príncipe de Paz.
El 25 de diciembre es el día de Navidad. Celebramos que nació Jesús, Emanuel, Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de Paz.
Quiero finalizar compartiendo una carta que hace muchos años atrás recibí.
Amad@ amigo@:
Como sabrás nos acercamos nuevamente a la fecha de mi cumpleaños. Todos los años se hace una gran fiesta en mi honor y creo que este año sucederá lo mismo. En estos días la gente hace muchas compras, hay anuncios en la radio, en la televisión y, en todas partes, no se habla de otra cosa, sino de lo poco que falta para que llegue ese día. La verdad, es agradable saber que, al menos un día al año, algunas personas piensan un poco en mí. Como tú sabes, hace muchos años empezaron a festejar mi cumpleaños. Al principio no parecían comprender, y agradecer lo mucho que hice por ellos, pero hoy en día nadie sabe para qué lo celebran. La gente se reúne y se divierte mucho, pero no sabe de qué se trata.
Recuerdo que el año pasado, al llegar el día de mi cumpleaños, hicieron una gran fiesta en mi honor. Había cosas muy deliciosas en la mesa, todo estaba decorado y recuerdo también que había muchos regalos; pero ¿sabes una cosa? Ni siquiera me invitaron. Yo era el invitado de honor y ni siquiera se acordaron de invitarme. La fiesta era para mí y cuando llegó el gran día me dejaron afuera, me cerraron la puerta… y yo quería compartir la mesa con ellos. La verdad es que no me sorprendí, porque en los últimos años todo me cierran la puerta. Y, como no me invitaron, se me ocurrió llegar sin hacer ruido. Entré y me quedé en un rincón. Estaban todos bebiendo, había algunos ebrios contando chistes, carcajeándose. Lo estaban pasando en grande. Para colmo, llegó un viejo gordo vestido de rojo, de barba blanca y gritando ¡Jo-Jo-Jo-Jo! Parecía que había bebido de más. Se dejó caer pesadamente en un sillón y todos los niños corrieron hacia él diciendo: “¡Santa Claus, Santa Claus!” ¡Como si la fiesta fuera en su honor! Llegaron las doce de la noche y todos comenzaron a abrazarse; yo extendí mis brazos esperando que alguien me abrazara y ¿sabes? Nadie me abrazó… De repente todos empezaron a repartirse los regalos, uno a uno los fueron abriendo, hasta que se abrieron todos, me acerqué para ver si de casualidad había alguno para mí. ¿Qué sentirías si el día de tu cumpleaños se hicieran regalos unos a otros y a ti no te regalaran nada? Comprendí entonces que yo sobraba en esa fiesta, salí sin hacer ruido, cerré la puerta y me retiré.
Cada año que pasa es peor, la gente solo se acuerda de la cena, de los regalos y de las fiestas, y de mi nadie se acuerda. Quisiera que esta Navidad me permitieras entrar en tu vida, quisiera que reconocieras que hace casi dos mil años vine a este mundo para dar mi vida por ti en la cruz y de esa forma poder salvarte. Hoy solo quiero que tú creas esto con todo tu corazón.
Voy a contarte algo, he pensado que como muchos no me invitaron a su fiesta, voy a hacer la mía propia, una fiesta grandiosa como la que jamás nadie se imaginó, una fiesta espectacular. Todavía estoy haciendo los últimos arreglos, por lo que este año estoy enviando muchas invitaciones y en este día, hay una invitación para ti, solo quiero que me digas si quieres asistir, te reservaré un lugar, y escribiré tu nombre con letras de oro en mi gran libro de invitados, en esta fiesta solo habrá invitados con previa reservación, y se tendrán que quedar afuera aquellos que no contesten mi invitación. Prepárate porque cuando todo esté listo, daré la gran fiesta.
Hasta pronto…
Jesús
Salvador, Señor, Rey de Reyes

