LA PAZ QUE CRISTO OFRECE
Pastor Jorge L. Cintrón
Mensaje presentado en el Pabellón de Oración de la Primera Iglesia Bautista de Cayey, Puerto Rico el 14 de diciembre de 2025 – 7:30pm
“La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.”
La Navidad suele presentarse como un tiempo de luces, cantos, regalos y celebraciones. Sin embargo, para muchas personas es también una temporada de ansiedad, soledad, duelo, conflictos familiares e incertidumbre. La paradoja de la Navidad es esta: se celebra la paz, pero muchos no la experimentan.
En medio del horror de un campamento de prisioneros de guerra el cántico “Noche de Paz“ emergió la Noche Buena de 1944 como un acto de resistencia espiritual. No cambió las circunstancias, pero transformó el ambiente interior de quienes cantaban. Aquella noche, la paz no vino por el silencio impuesto, sino por una verdad proclamada. Esa experiencia nos recuerda que la paz no siempre llega cuando cambian las circunstancias, sino cuando una verdad más grande llena el corazón
La paz verdadera nace de la presencia de Cristo en el corazón. Esa es la paz que celebramos en Navidad y la que Jesús promete en Juan 14:27 “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.”
Jesús pronuncia estas palabras en la víspera de su sufrimiento y muerte. Sus discípulos están confundidos, temerosos e inseguros. No les promete ausencia de dolor, sino una paz que los sostendrá en medio de él. Jesús dijo: “La paz os dejo, mi paz os doy”. No es una paz impersonal; es “mi paz”.
Es la paz que Jesús mismo vive en su relación con el Padre. Es una paz que se recibe como herencia espiritual. “No como el mundo la da”. El mundo ofrece paz basada en: Control de las circunstancias. Seguridad económica o política. Ausencia momentánea de conflictos. Esa paz es frágil, temporal y condicionada.
La paz de Cristo es interna, estable y permanente. Es una paz que reconcilia al ser humano con Dios. Colosenses 1:19–20 – “Paz hecha por la sangre de la cruz”. Romanos 5:1 – “Paz para con Dios por medio de Jesucristo”. Es una paz que guarda el corazón y la mente. Filipenses 4:7 – “Sobrepasa todo entendimiento”.
Es una paz que no elimina los problemas, pero transforma la manera de enfrentarlos. Es una paz que disipa el temor: “No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo”.
El nacimiento de Jesús ocurre en tiempos de la Pax Romana. Roma proclamaba paz por medio del poder y la opresión. Era una paz externa, impuesta y desigual. A pesar de esa supuesta paz, el corazón humano seguía necesitando redención.
El cántico de los ángeles fue: “Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz”. La paz anunciada no es simplemente política o social. Es una paz que fluye de una relación restaurada con Dios. Herodes se turba porque la paz de Dios amenaza su poder. Los pastores reciben el mensaje con humildad y fe.
La paz se manifiesta plenamente en los corazones dispuestos a recibirla. La paz anunciada por los ángeles es la misma paz prometida por Jesús. En Belén se anuncia; en Juan 14 se entrega. La Navidad apunta al Cristo que más tarde dirá: “Mi paz os doy”.
La paz de Cristo no es automática; es relacional. Se recibe al recibir a Cristo. Se cultiva en comunión con Él.
La Navidad es una oportunidad espiritual. No es solo recordar un nacimiento histórico. Es abrir el corazón para que Cristo nazca y reine en nosotros.
¿En qué áreas de tu vida estás buscando una paz que el mundo no puede dar? ¿Has permitido que Cristo gobierne tus temores y ansiedades?
La paz verdadera no es ausencia de problemas, sino presencia viva de Cristo.
La Navidad nos recuerda que Dios entró en nuestra historia para traernos paz.
Hoy Jesús sigue diciendo: “La paz os dejo, mi paz os doy”.
Recibe, vive y comparte la paz que solo Cristo puede ofrecer.

