EL EVANGELIO DE LA PAZ
Pastor, Jorge L. Cintrón
“Calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz”
Efesios 6:15
Los vocablos, en los idiomas bíblicos, para paz son: “shalom”, en el hebreo y “eirene” en el griego. La expresión “shalom” se utilizaba como el saludo que le daba una persona al encontrarse con otra o al despedirse. Pablo expresa en Gálatas 6:22 que la paz es una de las manifestaciones del fruto del Espíritu en el creyente. También, Pablo, expresa al enseñar sobre la armadura de Dios que los creyentes deben calzarse los pies con el apresto del evangelio de la paz. (Efesios 6:15) Al escribirle a los romanos utiliza la expresión de Isaías y les señala: “Cuán hermosos son los pies de los que anuncia la paz, de los que anuncian buenas nuevas” (Romanos 10:15, Isaías 52:7)
Jesús le señaló a sus discípulos: “La paz, os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo” (Juan 14:27) Si esto es así ¿por qué muchos creyentes en Cristo Jesús no disfrutan de esa paz?
Se señala que un día el hombre de Dios Juan Wesley estaba caminando con un hombre muy preocupado, que casi parecía dudar de la bondad de Dios.
No sé qué haré con todos estos afanes y temores – dijo.
En ese momento Wesley notó una vaca que les miraba por encima de un muro de piedra.
¿Sabe usted por qué esa vaca mira por encima del muro? – preguntó Wesley.
No – respondió su compañero, perturbado.
Se lo diré. Es porque no puede ver a través de él.
Eso es lo que hay que hacer con el “muro” de los temores. Hay que mirar más alto, por encima de él. La fe nos ayudar a mirar más allá, por encima de las dificultades, al Señor quien es nuestra ayuda.
Un hombre dormía en su cabaña, cuando de repente una luz iluminó la habitación y apareció Dios. El Señor le dijo que tenía un trabajo para él, y le enseñó una gran roca frente a la cabaña. Le explicó que debía empujar la piedra con todas sus fuerzas.
El hombre hizo lo que el Señor le pidió, día tras día. Por muchos años, desde que salía el sol hasta el ocaso, el hombre empujaba la fría piedra con todas sus fuerzas… y esta no se movía. Todas las noches el hombre regresaba a su cabaña muy cansado y sintiendo que todos sus esfuerzos eran en vano.
Satanás decidió entrar en el juego trayendo pensamientos a la mente del hombre: "Has estado empujando esa roca por mucho tiempo, y no se ha movido". Le dijo que la tarea que le había sido encomendada era imposible de realizar y que él era un fracaso.
Estos pensamientos incrementaron su sentimiento de frustración y desilusión.
Satanás le dijo: "¿Por qué esforzarte todo el día en esta tarea imposible? Solo haz un mínimo esfuerzo y será suficiente".
El hombre pensó en poner en práctica esto, pero antes decidió elevar una oración al Señor y confesarle sus sentimientos: "Señor, he trabajado duro por mucho tiempo a tu servicio. He empleado toda mi fuerza para conseguir lo que me pediste, pero aun así, no he podido mover la roca ni un milímetro. ¿Qué pasa? ¿Por qué he fracasado? "
El Señor le respondió con compasión: "Querido hijo, cuando te pedí que me sirvieras y tú aceptaste, te dije que tu tarea era empujar la roca con todas tus fuerzas, y lo has hecho. Nunca dije que esperaba que la movieras. Tu tarea era empujar.
Ahora vienes a mí sin fuerzas a decirme que has fracasado, pero ¿en realidad fracasaste? Mírate ahora, tus brazos están fuertes y musculosos, tu espalda fuerte y bronceada, tus manos callosas por la constante presión, tus piernas se han vuelto duras.
A pesar de la adversidad, has crecido mucho y tus habilidades ahora son mayores que las que tuviste alguna vez. Cierto, no has movido la roca, pero tu misión era ser obediente y empujar para ejercitar tu fe en mí. Eso lo has conseguido. Ahora, querido hijo, yo moveré la roca".
Algunas veces, cuando escuchamos la palabra del Señor, tratamos de utilizar nuestro intelecto para descifrar su voluntad, cuando en realidad Dios solo nos pide obediencia y fe en Él. Debemos ejercitar nuestra fe, que mueve montañas, pero conscientes que es Dios quien al final logra moverlas.
Cuando todo parezca ir mal… ¡solo empuja! Cuando estés agotado por el trabajo… ¡solo empuja! Cuándo la gente no se comporte de la manera que te parece que debería… ¡solo empuja! Cuando te sientas agotado y sin fuerzas… ¡solo empuja!
En los momentos difíciles pide ayuda al Señor y eleva una oración a Él, para que ilumine tu mente y guíe tus pasos.
Entrega tus miedos al Señor y pídele que te ayude a encontrar el camino, que te conduzca a Él, y Él lo hará. No hagas caso de ninguna voz, solamente de la que Dios te dio a conocer, y sobre ella mantente firme, porque su Palabra es la que te sostiene y te da descanso, seguridad y esperanza.
La Biblia presenta hermosas porciones en las cuales se utiliza la palabra paz.
Hay dos pasajes hermosos en las epístolas paulinas sobre la paz.
Pablo en la epístola a los Romanos escribió: “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo; por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios”. (Romanos 5:1,2) También afirmó en la carta a los Colosenses: “Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones, a la que asimismo fuisteis llamados en un solo cuerpo; y sed agradecidos.” (Colosenses 3:15)
El evangelista Juan presenta esta expresión en labios de Jesús sobre la paz: “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz.” (Juan 16:33) Jesús luego de sanar a la mujer con flujo de sangre le dijo: “Hija, tu fe te ha hecho salva; ve en paz, y queda sana de tu azote.” (Marcos 5:34) A la mujer pecadora que en el hogar de Simón el fariseo ungió sus pies con un perfume le dijo primeramente: “Tus pecados te son perdonados.” (Lucas 7:48) Luego le dijo: “Tu fe te ha salvado, ve en paz.” (Lucas 7:50) El evangelista Juan señala que después de haber resucitado Jesús le dijo a sus discípulos en tres (3) ocasiones: “Paz a vosotros.” (Juan 20:19,21,26)
El conocido evangelista cubano ya fallecido, Dr. Cecilio Arrastía, escribió en una ocasión:
“Hace muchos años regresé a mi hogar de madrugada después de participar en una campaña de evangelización. Al entrar a la habitación me dijo mi esposa que fuera al cuarto donde estaba nuestra hija. Ella había estado toda la noche muy inquieta, moviéndose en su cuna, sin poder conciliar el sueño. Entré al cuarto donde estaba mi hija de un año más o menos. La oscuridad era total y aún si hubiera abierto sus ojos, no hubiera podido verme. Me acerque a su cuna y sencillamente mencione su nombre y le dije: “¿qué te pasa?” Estuve allí un breve instante y después volví a mi cuarto. Ella durmió plácidamente el resto de la noche. No había visto la cara del padre, pero al oír su voz y saber que el padre había regresado fue suficiente para que recobrara la paz y conciliara el sueño. El hombre no puede ver a Dios, pero tampoco necesita verlo. Basta con oírlo, con tener conciencia de que Dios está hablándole en Cristo. Esa paz de Dios invadirá su espíritu. Cuando le haya oído su corazón quedará tranquilo.
La presencia de Cristo en la vida de una persona produce paz en tres (3) sentidos.
Pablo al escribirle a la iglesia en Corinto afirma: “que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados.” (1 Corintios 5:19) Al escribirle a los Romanos señala: “por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23) Mas también señala: ““Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo; por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios”. (Romanos 5:1,2)
Cuando una persona escucha la voz de Jesús y le entrega su corazón es justificado. Es absuelto o exculpado completamente de todo pecado por la misericordia que Dios concede a todos los pecadores que se arrepienten y creen en Cristo. Hasta ese momento estaba bajo condenación. Pablo lo señala así: “Porque la paga del pecado es muerte” (Romanos 6:23a) Mas desde ese momento en adelante se hace realidad lo que la parte final de ese verso bíblico señala: “mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.” (Romanos 6:23b) Quitado de en medio el pecado esa persona entra a una relación de armonía con Dios
La presencia de Cristo en una vida produce paz espiritual.
Además de la presencia de Cristo producir paz espiritual también produce paz con uno mismo. “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.” (2 Corintios 5:17)
La vida sin Cristo produce muchos conflictos internos.
El pecado hace que la forma que una persona se mire a si mismo sea en muchas ocasiones incorrecta. Hay personas que antes de venir a Cristo viven con mucho sentido de culpa por las cosas desagradables que hacen.
La vida con Cristo es una vida de auto aceptación y perdón.
Finalmente la vida con Cristo produce paz para con los demás.
Las relaciones de la persona que viene a Cristo cambian porque ya no mira como antes miraba. Ahora comienza a mirar con la mirada de Cristo. Además enfrentan las situaciones de una forma diferente. Aprenden a echar sus cargas sobre Cristo y así su carga se hace más liviana. Jesús dijo: “Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas” (Mateo 11:29)
Durante sus vacaciones en la costa, una familia presenció una gran tempestad. Las olas subían a enormes alturas mientras que los vientos fuertes sacudían violentamente las embarcaciones que estaban amarradas al muelle.
Un niño de doce años, que miraba desde la ventana, se fijó en que sólo la boya flotaba serenamente en aquel turbulento mar y se mantenía en su lugar a pesar de los vientos fuertes.
El niño comentó con los demás que la boya era la única cosa que había allí afuera que parecía no tener miedo, porque aunque se hundía de vez en cuando, siempre volvía a subir sin daño y en el mismo lugar.
Entonces el papá les explicó que la boya se mantenía firme a pesar del viento fuerte porque estaba amarrada a un ancla en el fondo del mar, y agregó que también así es nuestra vida.
Cuando nuestra fe está anclada en Cristo podemos enfrentarnos sin temor y con calma a cualquier viento contrario en la vida. No existe bendición como la de una perfecta confianza en el Señor.

