EL DIOS QUE ABRE CAMINO
Pastor Jorge L. Cintrón
Mensaje para ser presentado en el Pabellón de Oración de la Primera Iglesia Bautista de Cayey, Puerto Rico el 23 de noviembre de 2025, 7:30pm
Texto Bíblico: Isaías 43:18–21
No os acordéis de las cosas pasadas, ni traigáis a memoria las cosas antiguas. He aquí que yo hago cosa nueva; pronto saldrá a luz; ¿no la conoceréis? Otra vez abriré camino en el desierto, y ríos en la soledad. Las fieras del campo me honrarán, los chacales y los pollos del avestruz; porque daré aguas en el desierto, ríos en la soledad, para que beba mi pueblo, mi escogido. Este pueblo he creado para mí; mis alabanzas publicará.
Un guía experto en senderismo contaba que, en las montañas Rocosas, muchos excursionistas se desesperan cuando el camino parece desaparecer. Lo sorprendente es que, muchas veces, el sendero sigue, pero está cubierto por hojas o tierra suelta. Para quien no conoce la ruta parece un callejón sin salida; para el guía, es solo un tramo que necesita ser descubierto. Así se siente Israel en Isaías 43: perdidos, sin señales, sin claridad… pero Dios sí conoce el camino, y Él mismo lo abrirá.
Así como ese guía veía un camino donde otros solo veían confusión, así también Dios le habla a Israel en Isaías 43, un pueblo que ya no veía sendero para seguir adelante.
Estas palabras del profeta Isaías van dirigidas a Israel, que se encuentra en el destierro en Babilonia: derrotado, cansado y dudando del futuro. Fueron llevados lejos de su tierra. Perdieron el templo, la identidad y la estabilidad. Muchos pensaban: “Dios los había abandonado.”
Isaías 40–55 es conocido como El Libro de la Consolación
Dios les habla no para juzgarlos, sino para levantarlos, restaurarlos y reavivar su fe. Se presenta como: Creador soberano, quien formó el mundo y formó a su pueblo. Redentor quien paga el rescate y toma la causa del oprimido
Dios trae a su memoria la experiencia del Éxodo
Él les abrió camino en el mar para que pasaran, pero ahora su situación no requiere cruzar el mar, sino el desierto.
Dios no necesariamente repite sus métodos. Él, en su misericordia, nos ayuda a enfrentar nuevas situaciones con nuevas provisiones. El Dios que abrió camino en el mar no está limitado a repetir la misma estrategia. Su poder es el mismo, pero sus caminos son variados.
Dios le dice a Israel: he aquí que yo hago cosa nueva, algo fresco, sorprendente, sin precedentes. No recordéis lo anterior. No significa borrar la historia, sino no limitar la fe a lo que Dios hizo antes. El pueblo vivía en nostalgia y temor: “Lo que Dios hizo ya no lo hará.” Dios rompe esa mentalidad: “¡Estoy actuando ahora!” Dios no les pide que olviden el pasado, sino que no queden amarrados a él.
Dios les dice: “No solo restauraré, sino que transformaré su realidad.” “El proceso ya comenzó, aunque ustedes no lo perciban.”
Dios les dice: Abriré camino en el desierto: Para salir de Babilonia no se necesita cruzar el mar, sino cruzar una inmensa zona árida.
En el mundo antiguo, el desierto era símbolo de: Peligro, Desorientación, Muerte, Ausencia de recursos. Justo ahí, Dios promete abrir camino. Lo que el pueblo ve como obstáculo, Dios lo ve como plataforma para manifestar Su poder.
Las fieras del desierto ahora cooperan con la restauración. El lugar que antes amenazaba ahora provee agua. Cuando Dios abre camino, la creación se alinea con la redención.
Esto enseña que:
1- Los recursos vendrán de donde menos esperabas.
2- Lo que parecía intimidante será testigo de tu victoria.
3- Nada puede detener el plan de Dios cuando Él decide actuar.
Dios abre camino no solo para liberar, sino para formar. Su pueblo vuelve no sólo para reconstruir muros, sino para refrescar la adoración, renovar su identidad y testificar del Dios vivo. Todo milagro tiene un propósito: glorificar a Dios. El propósito no es solo el regreso a la tierra, sino el regreso al propósito.
Dios no está limitado a sus métodos del pasado. El pasado confirma que Dios es fiel, pero el presente recuerda que Él sigue obrando. Él es creativo en Su gracia.
El hecho de no ver camino no significa que no exista. En Isaías 43, la salida no era visible… pero ya estaba en proceso. El desierto no tendrá la última palabra. Donde tú ves desierto, Él ve fuente. Cuando Dios abre camino, también renueva propósito. No regresas igual: regresas transformado para Su gloria.
Durante una operación de rescate en Chile, hubo una avalancha que bloqueó completamente la única ruta de salida para un grupo de excursionistas. Los rescatistas intentaron despejar el paso, pero el hielo seguía cayendo. Finalmente, un helicóptero descendió desde arriba, abrió una ruta vertical, y sacó a todos sanos y salvos.
Mientras esperaban, los excursionistas decían: “No hay camino. Es imposible.”
Pero desde arriba, el equipo veía un acceso que ellos no podían ver.
Así obra Dios en Isaías 43. Desde nuestra perspectiva terrenal, todo parece bloqueado. Pero desde la perspectiva divina, el cielo siempre tiene una ruta preparada, aunque no siga el camino habitual. Por eso, cuando tus ojos no vean camino, levanta la mirada. Porque desde arriba, Dios ya tiene la ruta clara, y Él mismo te llevará.

