Mal enfocada
«Más bien, ellos comprendieron que a Pedro se le había encargado anunciar la buena noticia a los judíos, y que a mí se me había encargado anunciarla a todos los que no lo son. Fue Dios mismo quien envió a Pedro como apóstol para los judíos, y a mí como apóstol para aquellos que no lo son» Gálatas 2:7-8
Aquí se confirma lo que ya se había analizado: que Pablo se refería a los apóstoles y líderes que quedaron en Jerusalén para el 47 d.C.; que fue con ellos con los que Pablo tuvo uno de sus famosos “enfrentamientos cara a cara” (Hechos 20:26-29: 23:3; Gálatas 2:14). Pero tal enfrentamiento nunca implicó debates acalorados ni caras enojadas, para nada.
Lo que pasa es que el ser humano común y corriente no soporta la confrontación, y se siente humillado o retado cuando se le pone un alto y se le muestra su error. ¡La gente se ofende cuando les dicen la verdad!. Y si es a otro que se le está diciendo, y tal persona es un líder, entiende que tiene que “salir en defensa” de su ídolo.
Yo entiendo que una persona que admira a otra, y más si es un líder, le de por default el beneficio de la duda, pero yo me temo en ese momento que esa admiración como se vuelve más grande que la admiración al Señor o a la verdad. O al menos mal enfocada.

