COMENCEMOS DESDE LA MESA DEL SEÑOR
Pastor Jorge L. Cintrón
Mensaje presentado en el Pabellón de Oración de la Primera Iglesia Bautista de Cayey, Puerto Rico el 4 de enero de 2026 – 10:15am
Texto Bíblico: 1 Corintios 11:26
“Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga.”
Introducción — Comenzar donde siempre debemos comenzar
Al comenzar un nuevo año, el mundo suele reunirse para hablar de metas, proyectos, resoluciones y expectativas, pero la iglesia de Jesucristo se reúne para algo mucho más profundo: recordar y proclamar la obra redentora del Señor.
Antes de planificar lo que haremos, celebramos lo que Él ya hizo. Antes de mirar hacia adelante, miramos primero hacia la cruz. Comenzar el año alrededor de la Mesa del Señor es una declaración espiritual poderosa: todo lo que somos, todo lo que creemos y todo lo que esperamos descansa sobre la obra de Cristo en el Calvario. Es como cuando una familia antes de emprender un largo viaje se reúne en la casa paterna, ora, recibe la bendición y entonces sale al camino.
La iglesia no comienza el año corriendo… comienza adorando.
La Mesa del Señor nos centra en la obra terminada de Cristo
La Cena del Señor no es un ritual vacío ni una costumbre religiosa; es una proclamación viva del sacrificio de Cristo por nosotros. Cada vez que participamos del pan y de la copa, estamos diciendo sin palabras: “Mi salvación no depende de mis logros, sino de Su cruz; mi esperanza no se apoya en el futuro, sino en una obra ya consumada.”
Comenzar el año desde la Mesa es reconocer humildemente que no avanzamos por nuestras fuerzas, sino sostenidos por la gracia derramada en el Calvario.
Un edificio puede tener un diseño hermoso, pero si su fundamento es débil, todo se derrumba. La cruz es el fundamento eterno de la vida cristiana. La Mesa nos recuerda dónde está nuestra verdadera base.
La Mesa del Señor nos recuerda quién gobierna nuestro tiempo
El calendario cambia, las estaciones se renuevan y los años pasan, pero el mensaje de la cruz permanece inalterable.
Al participar de la Cena, confesamos que Cristo es Señor no solo de nuestro pasado, sino también de nuestro presente y de nuestro futuro.
Antes de que las preocupaciones, los planes, los retos o las decisiones ocupen el centro de nuestra vida, la Mesa del Señor coloca a Cristo en el centro del nuevo año.
Así como el timón de un barco define su rumbo, la Mesa del Señor define la dirección espiritual de todo nuestro año: Cristo gobierna nuestro camino.
La Mesa del Señor nos llama a una vida examinada y consagrada
Proclamar la muerte del Señor nos invita a examinarnos, a limpiar el corazón y a renovar nuestra comunión con Dios.
Comenzar el año desde la Mesa implica comenzar con arrepentimiento, gratitud y obediencia. No es solo recordar lo que Cristo hizo, sino permitir que esa obra transforme la manera en que vivimos. La comunión con Cristo produce una renovación espiritual que prepara a la iglesia para caminar con firmeza durante todo el año.
Antes de encender un motor nuevo, se revisa el aceite, los frenos y el sistema completo.
La Mesa del Señor es la revisión espiritual de la iglesia antes de emprender el camino del nuevo año.
La Mesa del Señor nos proyecta hacia la esperanza futura
No podemos proclamar Su muerte con nuestros labios sin permitir que Su gracia gobierne nuestra vida.Cuando la gracia gobierna nuestra vida hoy… entonces la esperanza gobierna nuestro mañana. Cada vez que participamos de la Cena, proclamamos no solo la muerte de Cristo, sino también la certeza gloriosa de Su regreso. Iniciar el año recordando que Él viene llena nuestro corazón de esperanza, dirección y propósito.
La iglesia no camina hacia un año incierto, sino hacia un futuro gobernado por la promesa del Cristo resucitado y que pronto regresará.
Como el viajero que camina sabiendo que alguien lo espera al final del camino, la iglesia avanza con gozo porque Cristo viene otra vez.
Conclusión — Comenzar en el lugar correcto
Comenzamos este nuevo año donde siempre debemos comenzar en la presencia del Señor, a los pies de la cruz, alrededor de Su mesa. Desde aquí, la iglesia se levanta fortalecida, unida y enfocada, sabiendo que Cristo es el centro de todo lo que vendrá.
Que cada día de este nuevo año sea vivido como una prolongación de lo que hoy proclamamos.
Jesucristo murió por nosotros… y viene otra vez.

