
Cuando enfrentamos lo desconocido aparece el temor; cuando una situación cambia repentinamente aparece el temor.
Y es que el temor es un enemigo silencioso que se quiere apoderar de los pensamientos y de la mente de las personas para crearles una atadura que les impide actuar y tomar decisiones sabias.
Si alguien vivió momentos difíciles en su juventud fue David, la Biblia cuenta de las persecuciones y de los retos que tuvo que enfrentar, pero de los que salió fortalecido gracias al favor de Dios.
Muchas de estas experiencias están plasmadas en el Libro de los Salmos, por ejemplo, podemos definir al Salmo 34 como un himno de acción de gracias, que expresa liberación de la adversidad, y del que tal vez podemos garantizar que lo que se lee allí sea la palabra fundamental sobre la ayuda de Dios a los necesitados.
Quiero resaltar en este Salmo 34, el verso 4, que dice “Busqué al Señor, y él me respondió; me libró de todos mis temores”.
David dice que en los momentos de temor busco al Señor con fe y alabanza.
Y es que, en esos momentos de temor, debemos enfocarnos en alabar a Dios por quién es y lo que ha hecho por nosotros en el pasado.
Si se puede confiar repetidamente en Dios para que nos ayude a atravesar las tormentas de la vida.
Su alivio es tan poderoso que tiene la capacidad de llegar a eliminarnos las dificultades o simplemente ayudarnos a superarlas.
De forma sobrenatural, mientras alabamos a Dios, nuestra visión de la situación cambia y Su presencia y respuesta se hacen más evidentes.
David llevó su temor a Dios, recordó que es mucho más grande Dios que el temor que estaba enfrentando. No solo eso, sino que al hacerlo comparte un poderoso testimonio con los demás de que, aunque la vida está llena de desafíos, Dios ha prometido estar ahí para nosotros y ayudarnos en todo momento.
Cuando invocas el Nombre de Jesús confiando en que Él responderá; esto es. cuando clamas humildemente, con hambre de Su presencia, dejas de depender de tu capacidad y te aumente la fe.
Hoy te invito para que en todo momento busques e a mayores niveles de presencia, compasión, liberación y redención de Dios en nuestras vidas.
Oremos “Amado, Padre Celestial, en medio de los problemas de esta vida, permítenos aferrarnos a un espíritu de confianza para que todo temor sea dejado a un lado y que podamos tener una serena seguridad. Ayúdanos a ser cada vez más conscientes de tu amorosa presencia. Concédenos la verdad que nos libera, la fuerza que perdura y el poder sentir el amor que hace nuevas todas las cosas, lo pedimos en el Nombre de Jesús, Amén.
Buen Dia
Juan C Quintero
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