
Contaba un Maestro en cierta ocasión la historia de una antigua vasija de cerámica de valor inestimable por la que se había pagado una fortuna en una subasta pública. La vasija había sido usada durante años por un mendigo que acabó sus días en la miseria, totalmente ignorante del valor de aquel objeto con el que había pedido limosna.
Cuando un estudiante preguntó al Maestro qué representaba aquella vasija, el Maestro le dijo: A ti mismo.
El estudiante le pidió que se explicara, y el Maestro prosiguió: Tú centras toda tu atención en el insignificante conocimiento que adquieres de los libros y de los estudios. Sería mejor que le prestaras más atención a la vasija en la que lo guardas.
¡Que tremenda ironía! aquel mendijo tenía en sus manos lo que podia sacarlo de su vida de pobresa y miseria; pero el nunca lo supo ya que estaba demasiado ocupado tratando de conseguir unas cuantas monedas diarias para sobrevivir.
muchas veces nosotros asi dirigimos nuestras vidas. Estamos llenos de donde y talentos que al ser desarrollados nos harían personas mas completas y plenas.
¿De que estamos llenando nuestra vasija? ¿Que hay en el interior de nuestro corazón?
“Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva la firmeza de mi espíritu.” Salmo 51:10
-Por Mildred Natera
