Salmo 34:1
Señor, tú eres mi Dios; te exaltaré, alabaré tu nombre, porque has hecho maravillas.
Isaías 25:1
«Si usted diese gracias a Dios por todas las alegrías que recibe, no le quedaría tiempo para quejarse».
«En vez de gemir o lamentarnos, cantemos las alabanzas y la bondad de Dios, nuestro Padre, manteniendo la confianza en su amor».
«La alabanza viene del corazón y no puede ser creada por reglas religiosas, sino únicamente por algo gratuito que viene de Dios. Es prueba de un verdadero conocimiento de Dios, de una relación viva con él. Si no es así, no se puede hablar de alabanza, sino simplemente de un rito religioso».
«Es una buena costumbre empezar cada oración agradeciendo y alabando a Dios. Al dar gracias nos alegramos por lo que hemos recibido, y alabando nos gozamos por el Dador».
«La alabanza que brota en medio del dolor no enmascara la verdadera situación, sino que nos hace capaces de verla y afrontarla».
«La alabanza es el gozo de que haya alguien más grande que nosotros que nos ama ilimitadamente… Todo hombre es llamado a esta alabanza que se maravilla ante el misterio de Dios, ante la belleza y la fuerza del Evangelio…».
“Ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él (de Cristo), sacrificio de alabanza” (Hebreos 13:15).

Éxodo 30 – Hechos 21:1-16 – Salmo 34:7-14 – Proverbios 11:25-26
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