
Todos hemos experimentado de alguna manera lo difícil que la espera puede ser.
Sea lo que sea, a una persona en un lugar, un ascenso en el trabajo o la respuesta de Dios a una oración.
La realidad es que vivimos en un mundo que ha abrazado lo instantáneo: transmisiones en vivo y en directo por televisión, descargas instantáneas, internet rápido, etc.
Y así hemos sido condicionados a esperar resultados inmediatos; pero Dios no opera acorde con nuestra concepción del tiempo. Y a veces, Su respuesta a nuestras oraciones es simplemente: “Debes esperar”.
En la Biblia, en el libro del profeta Isaías, capítulo 40, verso 31, dice así, “pero los que confían en el Señor renovarán sus fuerzas; levantarán el vuelo como las águilas, correrán y no se fatigarán, caminarán y no se cansarán.” Isaías 40:31 (NVI)
El profeta Isaías escribió estas palabras a las personas que estaban en el exilio. Habían estado esperando durante años, incluso décadas, que Dios cumpliera sus promesas. Estaban cansados, agotados y comenzaban a perder la esperanza.
Y así tal vez te estás sintiendo hoy, puede ser que hayas estado esperando tanto tiempo que estás empezando a preguntarte si Dios te ha olvidado, tanto que te quieres rendir.
Pero el versículo nos ofrece una perspectiva diferente. No dice: “Aquellos que esperan eventualmente obtendrán lo que quieren”. Dice algo mucho más profundo: “Los que esperan en el Señor renovarán sus fuerzas”.
Si meditas un poco, podrás entender que la promesa no se trata solo del resultado, se trata de lo que sucede en la espera. La espera en sí misma se convierte en una fuente de fuerza.
Esto es contrario a lo que la gente comúnmente cree, porque se piensa que al esperar se agotan las fuerzas y que esa espera nos hace más débiles; pero Dios dice que esperar en Él en realidad produce renovación de las fuerzas.
Esperar en Dios es “esperar con expectativa y esperanza”, porque estarás esperando en quien tiene el poder de cambiar todas las cosas.
Te motivo para que, en lugar de concentrarte en lo que estás esperando, te enfoques en aquel que te promete la victoria; y más bien aprovecha ese tiempo de espera para acercarte a Dios y dejar que Él renueva tus fuerzas.
Oremos: “Amado Señor, gracias porque mi espera no significa tiempo perdido. Gracias porque mientras espero en Ti, mi fuerza se está renovando. Ayúdame a no cansarme en la espera. Ayúdame a confiar en Tu tiempo, incluso cuando no lo entiendo. Decido esperar en Ti hoy, sabiendo que prometes que todas las cosas obrarán para bien, lo oro en el nombre de Jesús, Amén”.
Versículo: “pero los que confían en el Señor renovarán sus fuerzas; levantarán el vuelo como las águilas, correrán y no se fatigarán, caminarán y no se cansarán.” Isaías 40:31 (NVI)
