Bien has hecho con tu siervo, oh Señor, conforme a tu palabra. Enséñame buen sentido y sabiduría, porque tus mandamientos he creído. Antes que fuera yo humillado, descarriado andaba; mas ahora guardo tu palabra. Bueno eres tú, y bienhechor.
Salmo 119:65-68
Testimonio
«¿La fe es el resultado de una educación o proviene de un conocimiento personal de Dios? ¿Dónde hallar la verdadera fe? ¿Era esta la que me habían enseñado?
En mi búsqueda del verdadero Dios, fui a reuniones donde se leía la Biblia. Esas reuniones me hablaban personalmente, cosa que nunca antes había sentido. Pero permanecía indecisa, quería que alguien me probase que Dios estaba aquí o allá.
–La respuesta que estás buscando, me dijo un día un compañero, no vendrá de las personas de una iglesia en particular, sino de Dios. Ora y pídele a Dios que te lo muestre, pues él se revela a los que lo buscan con todo su corazón.
Me sorprendió mucho su respuesta; no era un apoyo humano lo que debía buscar, sino la verdad.
Una noche, en mi habitación, me dirigí a Dios con todo mi corazón. No se produjo nada visible, no escuché ninguna voz, pero me dormí muy tranquilamente. La paz de Dios acababa de entrar en mi corazón trayéndome la respuesta que estaba esperando. Cristo es la verdad, y su Palabra, la Biblia, nos lo enseña. Hace ocho años que me convertí al Señor. En las alegrías, como en los momentos difíciles, confío en él, y poco a poco aprendo a conocerlo mejor. Hoy deseo dar testimonio de la esperanza que tengo en Cristo, mi Salvador. Mi oración es que mi familia pueda aceptar a Jesús, quien me habló mediante su Palabra y me dio la vida eterna».
Agathe
Éxodo 32 – Hechos 21:37-22:21 – Salmo 35:1-8 – Proverbios 11:29-30
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