Muchas veces somos muy dados a estar sirviéndole
al prójimo (lo cual es recomendable) pero tenemos
nuestras familias un poco olvidadas.
Porque si alguno no provee para los suyos,
y sobre todos para los de su propia casa,
ha negado la fe y es peor que un incrédulo.
1Timoteo 5:8
