Que agradable debe ser para nuestro Padre Celestial cuando expresamos nuestro amor y devoción a Él con todo nuestro corazón, no solo durante cuando asistimos a la iglesia, sino también en nuestra vida diaria, en cada acto y cada pensamiento. Dios se complace cuando elegimos caminar en su senda. Aleluya!
Por tanto, a ti clamaré, gloria mía, y no estaré callado. Jehová Dios mío, ¡te alabaré para siempre!
Salmo 30:12

