Nuestro dar no se limita a lo material: incluye perdón,
generosidad hacia quienes tienen necesidad, socorro y
palabras de ánimo para los heridos. Cada vez que damos,
reflejamos el amor de Dios en acción.
El alma generosa será prosperada:
el que sacie a otros, también él será saciado.
Prov. 11:25
