Nada queda encubierto ante ella. Debemos confiar
totalmente en Jesucristo, nuestro sumo sacerdote,
quien conoce nuestras debilidades y aun así nos
continúa amando y cada día tiene misericordia
por cada uno de nosotros.
Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que
toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y
el espíritu, las coyunturas y los tuétanos y discierne los
pensamientos y las intenciones del corazón.
Hebreos 4:12
