
Muchas cosas en la vida las disfrutamos profundamente cuando se experimentan, y son mucho mejor de lo que nos cuentan los demás.
Por ejemplo, antes de que una pareja tenga su primer hijo, sus amigos pueden haberle expresado con palabras lo increíble que es esta experiencia; pero es solo hasta que se conoce a los propios hijos en que se puede experimentar lo que se les ha dicho.
En la Biblia, en el Evangelio de Lucas, capítulo 5, se relata un momento en el que Pedro con sus amigos pasaron toda una noche intentando pescar sin conseguirlo.
Pero, mientras limpiaban sus redes, se arrimó Jesús; se retiró de la orilla y enseñó desde la barca de Pedro. Luego el Señor reta a Pedro pidiéndole que “lleve la barca hacia aguas más profundas, y que echen allí las redes para pescar”; pero Pedro estaba incrédulo, por lo que le obedece pensando que nada iba a suceder.
Ponte en la posición de Pedro: ¿Cómo te sentirías si alguien usara tu bote para enseñar, te viera limpiando tus redes, sabiendo que no atrapaste nada en toda la noche y luego te pidiera que lo intentaras de nuevo? ¿Lo harías? Realmente creo que la respuesta sería “no”; pero cuando Jesús habla, Pedro, con sus dudas, le obedece.
La autoridad divina en la voz de Jesús hizo que Pedro se moviera, lo que resultó en una captura de peces que rompió la red y que requirió de varios botes para transportarlos. Creo que este fue el momento en que todo en la vida de Pedro cambió; en ese momento, se dio cuenta de la importancia de obedecer al Señor.
Así que… ¿Qué motivó a este increíble cambio? La respuesta es simple… Pedro pasó de escuchar a Jesús a dar el siguiente paso y experimentar su poder y bondad.
Luego de este milagro, el Señor le ofrece a Pedro la invitación para que vaya hacia el cumplimiento de su destino, es decir, el de “convertirse en un pescador de hombres”; y este hombre lo dejó todo, desde su profesión como pescador hasta los barcos, el equipo de pesca y su sustento, todo para seguir a Jesús.
Fue esta experiencia con el Señor la que hizo que Pedro descubriera la verdad, de que las cosas naturales son “como nada” en comparación con una vida de propósito en Cristo Jesús.
Pedro primero escuchó hablar de Jesús, y luego experimentó a Jesús; y esa experiencia lo transformó por completo.
Hoy, Jesús nos está ofreciendo la misma invitación que Él le ofreció a Pedro; es decir, que no solo te quedes a escuchar de lo que Jesús puede hacer en tu vida, sino para que lo experimentes, porque eso te transformará por completo.
Oremos: “Amado Señor, te pido que me muestres cómo puedo pasar de simplemente escuchar acerca de lo que haces a poder experimentarlo. Ayúdame a ser más consciente de Tu presencia en mi vida para que pueda disfrutar de la experiencia de Tu gloria y bondad, lo creo y declaro en el Nombre de Jesús, Amén”
Buen Dia
Juan C Quintero
BuenDiaTodosLosDias.com
