
Nuestra conciencia es una ventana que revela cómo nos vemos a nosotros mismos y, lo más importante, como percibimos nuestra relación con Dios.
Uno de los más poderosos efectos que tiene el pecado es la capacidad para distorsionar la visión que tenemos de nosotros mismos, y de nuestra relación con Dios.
El plan del diablo con el pecado ha sido y sigue siendo el separarnos de Dios, así que el plan de nuestro Padre Celestial fue el enviar a Jesús a la tierra para destruir el poder del pecado en nuestras vidas.
Él vino para que pudiéramos restaurar la relación con nuestro Padre celestial. Pero aun así el pecado persiste. A pesar de que el poder del pecado fue roto, sus efectos han sido destruidos, pero a menudo todavía persiste la conciencia equivocada.
Quizás algunos sienten que Dios está enojado con ellos, o que no quiere relacionarse con él o ella, o que no puedes venir ante él y sentarte a Sus pies.
Lo que quiero notar hoy es que tu conciencia afecta tu relación con Dios, ya sea de forma negativa o positiva, estos pensamientos o sentimientos, te llevarán, o al trono de Dios, o lejos de su presencia.
Pero Dios quiere que te veas a ti mismo(a) como Él te ve, que tu conciencia sea limpie, y que el poder del pecado y las mentiras que has creído ya no te separen más del Señor.
En la Biblia, en la carta a los Hebreos, capítulo 10, verso 22, dice algo que necesitamos tener siempre presente, “Acerquémonos, pues, a Dios con corazón sincero y con la plena seguridad que da la fe, interiormente purificados de una conciencia culpable y exteriormente lavados con agua pura”. (NVI)
Te motivo para que permitas que la verdad contenida en las Sagradas Escrituras inunde tu corazón. Que tu consciencia sea purificada, de todo sentimiento de culpabilidad, y que puedas recibir, aceptar e internalizar que eres salvo y bendecido en Cristo Jesús.
Que vivas con la certeza de que tu identidad está perfectamente alineada con la identidad que Dios el Padre te ha dado por medio de su Hijo Jesús; tu eres una persona libre de condenación, con propósito de vida, lleno de la plenitud de Dios en Cristo, ciudadano del cielo, hecho justicia por medio de la sangre de Jesús, eres en Cristo la luz del mundo y la sal de la tierra; has sido comprado con precio de sangre por Jesús en la cruz del calvario para que vivas conjuntamente con él la victoria de la resurrección y de la vida eterna.
Tienes todo lo que la Palabra de Dios promete, que “eres más que vencedor en Cristo Jesús” tal y como lo establece Romanos 8:37, ¡créelo con limpia conciencia!
Oremos “Amado Señor, hoy es un día especial, he recibido una gran revelación, acepto, recibo y me apodero de la verdad de que tengo una vida renovada en Cristo Jesús, que me he arrepentido genuinamente de mis pecados y que mi conciencia no tiene el poder para hacerme sentir culpable, lo creo y declaro en el Nombre de Jesús, amén”
Versículo “Acerquémonos, pues, a Dios con corazón sincero y con la plena seguridad que da la fe, interiormente purificados de una conciencia culpable y exteriormente lavados con agua pura”. Hebreos 10:22 (NVI)
