
Cuando nos acercamos a Dios y queremos contarles a todos de Su grandeza, de Su amor y de todo lo que Él ha hecho por nosotros nos encontramos que los que más nos rechazan, se burlan y critican son precisamente los que están más cercanos, nuestros amigos, parientes y aún nuestros padres, hermanos e hijos.
Ellos no entienden que fue lo que pasó, solo tienen el recuerdo de cómo éramos en el pasado, y creen que seguimos siendo las mismas personas; hasta incluso algunas veces llegan a desacreditarnos y crearnos mala fama.
Cuando Jesús -ya en su tiempo de ministerio- regresó a su tierra natal Nazaret, quiso predicar, hacer milagros, pero no pudo, a causa de la incredulidad que tenían, porque el pueblo no le veía como hijo de Dios sino como un hijo de un carpintero, y empezaron a hablar de Él, al punto que tuvo que explicarles a los discípulos que “no había profeta sin honra sino en su propia tierra”.
Si llegaras a experimentar esto alguna vez entonces recuerda que hasta Jesucristo lo vivió, no te desanimes, no te distraigas, no te alejes. Sigue creciendo en tu relación con el Señor, sigue avanzando, porque ellos reconocerán en algún momento que eres de verdad una persona transformada por el poder de Dios.
Solo quiero dejarte esta reflexión: “A quien verdaderamente debes agradar es a Dios”.
Versículo “Entonces Jesús les dijo: «Un profeta recibe honra en todas partes menos en su propio pueblo y entre sus parientes y su propia familia”. Marcos 6:4 (NTV)
Buen Dia
Juan C Quintero
