«Aunque, si alguien pudiera confiar en sus propios esfuerzos, ese sería yo. De hecho, si otros tienen razones para confiar en sus propios esfuerzos, ¡yo las tengo aún más!. Fui circuncidado cuando tenía ocho días de vida. Soy un ciudadano de Israel de pura cepa y miembro de la tribu de Benjamín, ¡un verdadero hebreo como no ha habido otro!. Fui miembro de los fariseos, quienes exigen la obediencia más estricta a la ley judía. Era tan fanático que perseguía con crueldad a la iglesia, y en cuanto a la justicia, obedecía la ley al pie de la letra. Antes creía que esas cosas eran valiosas, pero ahora considero que no tienen ningún valor debido a lo que Cristo ha hecho» Filipenses 3:4-7 NTV*
Aunque no parece tener mucho sentido, esto me recuerda los tantos científicos que por décadas (he visto muchos casos, es algo que sucede recurrentemente) he oído que se han embarcado en la misión de “demostrar científicamente” que Dios no existe: han terminado convirtiéndose a Cristo.
Esto pasa porque cuando el hombre estudia con cuidado, y más que con atención, con rigor científico, aplicando técnicas racionales, lo que encuentra es que el conocimiento de Dios no solo es verdadero, sino el único que merece la pena tener, lo más valioso.
13 Septiembre 2026
*Nueva Traducción Viviente

