Pedid, y se os dará… Porque todo aquel que pide, recibe… ¿Qué padre de vosotros, si su hijo le pide pan, le dará una piedra?
Lucas 11:9-11
Oíd, y vivirá vuestra alma.
Isaías 55:3
Una noche estábamos cenando en familia, pero el ambiente estaba un poco triste. Justo antes de ir a la mesa, había reprendido a uno de nuestros hijos, Julián, y él estaba enojado.
–Pásame el pan, por favor, me dijo cabizbajo. Le pasé el pan. Tres segundos más tarde me volvió a pedir lo mismo. Le mostré amablemente que el pan ya estaba a su lado. Como no había querido girar la cabeza hacia mí, no lo había visto y había imaginado que yo también estaba enfadado…
Un poco más tarde Julián me hizo una pregunta, pero mientras le contestaba, su teléfono portátil empezó a sonar. Respondió al teléfono y se alejó de la mesa para hablar con su amigo. Al regresar volvió a hacer la misma pregunta como si yo no le hubiese respondido. En realidad no había oído mi respuesta, pues no se había tomado el tiempo para escucharla.
Cuando oramos a Dios, a veces nos comportamos como Julián. Pedimos y volvemos a pedir suponiendo equivocadamente que Dios todavía no nos ha respondido. No nos molestamos en mirar a nuestro alrededor. ¡Pero la respuesta está ahí, a nuestro alcance! Quizá también estemos distraídos en nuestras ocupaciones o con nuestros amigos. Entonces volvemos a hacer las mismas preguntas a Dios… Si nos hubiésemos tomado el tiempo para escucharle, para leer la Biblia, veríamos que Dios responde a nuestras preguntas.
Así pues, pidámosle a Dios con confianza. Luego, ¡abramos los ojos y los oídos para ver y oír sus respuestas, y no olvidemos darle las gracias!
Jeremías 1 – Lucas 11:1-28 – Salmo 89:7-14 – Proverbios 20:10-11
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