
En otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz (porque el fruto del Espíritu es en toda bondad, justicia y verdad), comprobando lo que es agradable al Señor. Efesion 5:8-10
El cristianismo todavía es, para 400 millones de criaturas humanas (dos mil millones hoy), el gran par de alas imprescindible para elevar al hombre por encima de sí mismo, por encima de su penosa vida y de su horizonte cerrado; para conducirlo, a través de la paciencia y la esperanza, hasta la serenidad; para llevar, además de la templanza, la pureza y la bondad, hasta la abnegación y el sacrificio.
A medida que las alas desfallecen o que la gente las rompe, la moralidad pública y privada se degrada, el egoísmo brutal o calculador crece, la crueldad y la sensualidad se instalan, la sociedad se vuelve un lugar siniestro y malo.
Sólo el cristianismo puede impedir que nos deslicemos por esa pendiente fatal, frenar el deslizamiento insensible por el cual, inevitablemente y con todo su peso original, nuestra raza se va hundiendo en lo más profundo. El viejo Evangelio es todavía hoy el mejor auxiliar del instinto social».
Los cristianos deberían ser la sal de la tierra (Mateo 5:13). Pero, ¿qué ocurre si la sal pierde su sabor?
(mañana continuará)
Por: La buena semilla
