“Jacob amaba a José más que a sus otros hijos porque le había nacido en su vejez. Por eso, un día, Jacob mandó a hacer un regalo especial para José: una hermosa túnica.” Génesis 37:3
José era un hijo amado, estaba destinado a la grandeza. Y así fue. Lo que nunca imaginó fue probar el amargo sabor de tales experiencias para alcanzar ese final grandioso.
En medio de aquella vida, en aparente fracaso, José no perdió su fe. Él se mantuvo confiando en Dios y hacía lo mejor que podía sin importar donde estaba. Probablemente sentía nostalgia y algo de desesperación de vez en cuando; pero obviamente nada lo detuvo para ver el lado positivo de sus circunstancias. Y como el tiempo de Dios es perfecto, usó ese tiempo para perfeccionar la obra que había iniciado en Jose. Todo el proceso de ser esclavizado, acusado injustamente, ser apresado, y hasta olvidado por aquellos a quienes ayudó tenía un propósito. Dios creó la necesidad específica en el momento oportuno para que Jose fuera bien recibido; pero esto ocurrió cuando José ya estaba capacitado para tomar la posición de gobierno que Dios había preparado para él.
Oración: Amado Padre Celestial, Tu eres bueno y sabio en gran manera, recibo la paz que me da el saber que estás a cargo de mi vida y en control de todas mis circunstancias. Yo sé que en el tiempo perfecto Tú me llevarás a mi destino profético, por Cristo Jesús, amén.
