Púlpito Evangélico SER MIEMBRO

SER MIEMBRO

Pastor Jorge L. Cintrón

 

Sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo, 16 de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor. Efesios 4:15–16

 

Mensaje presentado en el Pabellón de Oración de la Primera Iglesia Bautista de Cayey, Puerto Rico el 4 de octubre de 2026 – 10:15 am

 

INTRODUCCIÓN

 

La iglesia no fue una idea de los hombres, sino una institución establecida por Jesucristo.

 

Cuando Pedro confesó: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”, Jesús respondió: “Sobre esta roca edificaré mi iglesia”.

 

Cuando hablamos de la iglesia no estamos hablando simplemente de un edificio, de una organización, de un grupo que se reúne los domingos ni de una tradición religiosa. Estamos hablando de la iglesia que Jesucristo compró con su sangre y de la cual Él mismo es la cabeza. Pablo presenta a la iglesia como un cuerpo y declara que Cristo es la cabeza y nosotros somos miembros de ese cuerpo.

 

Por eso quiero que hoy nos hagamos una pregunta muy sencilla, pero muy importante: ¿Qué significa realmente ser miembro de la iglesia? Hay personas que aman esta iglesia, asisten a esta iglesia, reciben bendiciones en esta iglesia y hasta consideran esta iglesia como su iglesia, pero todavía no han dado el paso de hacerse miembros. Hay otros que han creído en Cristo, pero todavía no han dado el paso del bautismo. Y también hay personas que ya son miembros, pero necesitan recordar que ser miembro de la iglesia no es solamente tener un nombre en una lista. Ser miembro de la iglesia significa pertenecer a un cuerpo, identificarse con Cristo y asumir el compromiso de caminar con otros creyentes en obediencia al Señor.

 

Hoy quiero hablarles de cuatro pasos que nos llevan a comprender lo que significa ser miembro de la iglesia.

 

TODO COMIENZA CON UNA DECISIÓN PERSONAL DE RECIBIR A JESUCRISTO.

 

La iglesia comienza con Jesucristo, y nuestra relación con la iglesia también tiene que comenzar con Jesucristo.

 

Pedro declaró: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”.

 

La base de nuestra fe no es simplemente creer que existe Dios, ni creer que Jesús fue un gran hombre, ni asistir a una iglesia cristiana. La base de nuestra fe es reconocer que Jesucristo es el Cristo, el Hijo del Dios viviente, nuestro Salvador y nuestro Señor. Romanos 10:9–10 dice que si confesamos con nuestra boca que Jesús es el Señor y creemos en nuestro corazón que Dios le levantó de los muertos, somos salvos. Por eso, antes de preguntarnos si somos miembros de una iglesia, tenemos que preguntarnos: ¿He recibido verdaderamente a Jesucristo como mi Salvador y Señor? Nadie se convierte en cristiano simplemente por hacerse miembro de una iglesia. Nadie entra al cielo porque su nombre esté escrito en el registro de una iglesia. La iglesia no salva. El pastor no salva. El bautismo no salva. La membresía no salva. Jesucristo salva.

 

La salvación es por gracia mediante la fe en Jesucristo. Pero cuando una persona realmente ha recibido a Cristo, algo comienza a cambiar en su vida. Comienza a tener hambre de la Palabra de Dios. Comienza a amar a los hermanos. Comienza a desear vivir una vida que agrade al Señor. Comienza a querer hablar de Cristo. Y comienza a comprender que la vida cristiana no fue diseñada para vivirse en aislamiento. Cristo no solamente me salva de algo; Cristo me salva para algo. Me salva para vivir para Él y para formar parte de su pueblo.

 

EL QUE HA CREÍDO EN CRISTO DEBE IDENTIFICARSE PÚBLICAMENTE CON ÉL MEDIANTE EL BAUTISMO.

 

Hechos 2:41 nos presenta una secuencia extraordinaria: “Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas.” Observe el orden: Primero, recibieron la Palabra. Segundo, fueron bautizados. Tercero, fueron añadidos.

 

Ese patrón aparece repetidamente en el libro de los Hechos: Los que creyeron fueron bautizados. El etíope creyó y preguntó: “Aquí hay agua; ¿qué impide que yo sea bautizado?” Felipe le respondió: “Si crees de todo corazón, bien puedes.” Y aquel hombre confesó su fe en Jesucristo y fue bautizado.

 

El bautismo, por lo tanto, no es simplemente una ceremonia bonita que hacemos en la iglesia. El bautismo es una declaración pública de una decisión espiritual que ya ocurrió en el corazón. El agua no me convierte en cristiano. El agua no perdona mis pecados. El agua no sustituye mi fe. El bautismo representa públicamente que he creído en Jesucristo y que deseo identificarme con Él. Podemos compararlo con un uniforme de soldado. Un uniforme no convierte a una persona en soldado. Pero cuando una persona se pone el uniforme está mostrando públicamente que pertenece a ese ejército. De la misma manera, el bautismo no hace cristiana a una persona. El bautismo proclama públicamente que esa persona ha creído en Cristo y ahora quiere vivir como discípulo de Cristo. Por eso Jesús ordenó en Mateo 28:19: “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las  naciones, bautizándolos…” Jesús no presentó el bautismo como una opción para unos pocos cristianos especialmente comprometidos. Lo presentó como parte del proceso de hacer discípulos. Por eso, si alguien aquí ha recibido verdaderamente a Jesucristo, pero todavía no se ha bautizado, quiero decirle algo con mucho respeto y con mucho amor: No tienes que sentir vergüenza porque todavía no lo has hecho. Pero tampoco necesitas seguir posponiéndolo. Si Cristo es tu Salvador, da el paso de identificarte públicamente con Él. No esperes a que llegue el momento perfecto. No esperes a sentir que ya eres suficientemente bueno. El bautismo no es para personas que ya llegaron a la perfección. El bautismo es para personas que han creído en Cristo y quieren comenzar a caminar públicamente como sus discípulos. Y aquí encontramos el próximo paso: el creyente que se identifica públicamente con Cristo no está entrando a una vida cristiana aislada; está entrando a una comunidad de creyentes.

 

EL BAUTISMO NOS LLEVA A FORMAR PARTE DE UNA IGLESIA LOCAL.

 

Hechos 2:41 no dice solamente que aquellos tres mil fueron bautizados. Dice: “Y se añadieron aquel día como tres mil personas.” ¿A qué se añadieron? Al pueblo de Dios que estaba comenzando a organizarse como una iglesia local en Jerusalén. Y el versículo 42 continúa diciendo: “Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones.” No eran simplemente personas que habían tomado una decisión individual por Cristo y luego regresaron cada una a vivir su vida por separado. Se convirtieron en una comunidad de creyentes. Se reunían. Aprendían. Oraban. Tenían comunión. Se ayudaban. Servían. Crecían juntos. Eso es la iglesia.

 

El Nuevo Testamento presenta repetidamente a los creyentes como parte de un cuerpo. Pablo dice en 1 Corintios 12:27:“Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular.” Observe la palabra miembros. Pablo no presenta al cristiano como una persona que vive independientemente de los demás. Un miembro pertenece a un cuerpo. Y si yo digo que mi mano es parte de mi cuerpo, no estoy hablando solamente de una relación simbólica. Mi mano pertenece a mi cuerpo. Mi mano funciona dentro de mi cuerpo. Mi mano recibe del cuerpo y también aporta al cuerpo. De la misma manera, el creyente pertenece al cuerpo de Cristo y tiene una función dentro de ese cuerpo. Por eso la pregunta no debe ser solamente: “¿Creo en Jesucristo?” También tenemos que preguntarnos: “¿Estoy dispuesto a comprometerme con el cuerpo de Cristo?” Hay personas que dicen: “Yo amo a Jesús, pero no necesito ser miembro de una iglesia.” Pero el modelo que encontramos en el Nuevo Testamento es diferente. Los creyentes se reunían. Los creyentes perseveraban juntos. Los creyentes servían juntos. Los creyentes adoraban juntos. Los creyentes se ayudaban unos a otros. Los creyentes eran parte de una comunidad.

 

La vida cristiana es personal, pero nunca fue diseñada para ser individualista. Yo necesito a mis hermanos y mis hermanos me necesitan a mí. Por eso Efesios 4:16 dice que todo el cuerpo, “bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente”, recibe crecimiento.

 

Aquí está una de las razones por las cuales necesitamos miembros comprometidos. La iglesia crece cuando cada miembro ocupa su lugar y cumple su función.

 

SER MIEMBRO DE LA IGLESIA SIGNIFICA ASUMIR UN COMPROMISO CON EL CUERPO DE CRISTO.

 

Llegamos ahora a una pregunta práctica: ¿Qué significa vivir como miembro de la iglesia? No significa simplemente tener un certificado de membresía. No significa que nuestro nombre aparezca en un libro. No significa decir: “Yo soy miembro de Primera Iglesia Bautista de Cayey” y nada más. Ser miembro significa asumir responsabilidades dentro del cuerpo de Cristo.

 

EL MIEMBRO SE COMPROMETE A CONGREGARSE. Hebreos 10:24–25 dice: “Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos…” La iglesia necesita nuestra presencia. Cuando yo no estoy, algo falta. Tal vez pensemos: “Mi ausencia no hace diferencia.” Pero Pablo dice que el cuerpo está compuesto de muchos miembros y que cada miembro tiene una función. Por eso, cuando un creyente se compromete con su iglesia, no pregunta solamente: “¿Qué puede hacer mi iglesia por mí?” También pregunta: “¿Qué puedo hacer yo por mi iglesia?”

 

EL MIEMBRO SE COMPROMETE A CRECER. Hechos 2:42 dice que los creyentes perseveraban “en la doctrina de los apóstoles”. El miembro de la iglesia no solamente viene a recibir una bendición. Viene a aprender. Viene a crecer. Viene a madurar espiritualmente. Viene a permitir que Dios transforme su vida mediante su Palabra. Una iglesia saludable necesita miembros que quieran crecer espiritualmente.

 

EL MIEMBRO SE COMPROMETE A SERVIR. Efesios 4:16 habla de “la actividad propia de cada miembro.” Eso significa que cada miembro tiene algo que aportar. Quizás alguien predica. Otro enseña. Otro canta. Otro toca un instrumento. Otro trabaja con los niños. Otro visita enfermos. Otro ora. Otro recibe a los visitantes. Otro ayuda en una actividad. Otro sirve silenciosamente y casi nadie lo ve, pero delante de Dios ese servicio tiene valor. En el cuerpo de Cristo no hay miembros inútiles cuando cada uno está dispuesto a servir al Señor.

 

EL MIEMBRO SE COMPROMETE A CUIDAR A SUS HERMANOS. La iglesia no es solamente el lugar donde yo vengo a recibir. Es también el lugar donde yo vengo a dar. Cuando un hermano está triste, yo puedo acompañarlo. Cuando alguien está enfermo, puedo orar por él. Cuando alguien está atravesando una crisis, puedo ayudarlo. Cuando alguien necesita una palabra de ánimo, puedo hablarle. Cuando alguien se aleja, puedo buscarlo. Porque somos un cuerpo, y cuando una parte del cuerpo sufre las demás partes no dicen: “Ese no es mi problema.” El cuerpo responde.

 

EL MIEMBRO SE COMPROMETE A SOSTENER LA OBRA DEL SEÑOR. La iglesia también necesita recursos para cumplir su misión. Pablo enseñó en 1 Corintios 16:2 que cada creyente apartara según hubiera prosperado. Dar no es comprar una bendición de Dios. Dar es una expresión de gratitud y de compromiso con la obra que Dios nos ha encomendado. Por eso, cuando Dios me permite aportar mi tiempo, mis talentos y mis recursos, no estoy simplemente ayudando a una organización. Estoy participando en la obra de Dios.

 

MI IGLESIA NO ES PERFECTA, PERO ES MI FAMILIA ESPIRITUAL.

 

Aquí quiero hacer una aclaración importante. La iglesia está formada por personas. Y donde hay personas habrá diferencias, limitaciones, errores y dificultades. No existe una iglesia local perfecta. Si algún día encuentras una iglesia perfecta, no te unas a ella. Porque en el momento en que tú y yo entremos, dejará de ser perfecta. La iglesia no es perfecta porque sus miembros sean perfectos.

 

La iglesia pertenece a Cristo. Por eso debemos amar a la iglesia, servir a la iglesia y procurar que nuestra iglesia sea cada día más fiel a Cristo.

 

Hay muchas iglesias cristianas. Las amamos y respetamos. Tenemos hermanos en la fe que pertenecen a otras congregaciones. Pero cuando Dios me ha permitido formar parte de una iglesia local, tengo una responsabilidad especial con esa iglesia. Aquí es donde Dios me permite servir. Aquí es donde conozco a mis hermanos. Aquí es donde recibo cuidado pastoral. Aquí es donde puedo ayudar a otros. Aquí es donde mis dones pueden ser utilizados. Aquí es donde puedo crecer espiritualmente junto a otros creyentes.

 

Por eso la pregunta no debe ser: “¿Qué iglesia me ofrece más?” La pregunta también debe ser: “¿Dónde quiere Dios que yo sirva, crezca y sea una bendición?” Y cuando Dios nos permite formar parte de una iglesia local, debemos poder decir: “Esta es mi iglesia y yo quiero ser una bendición para ella.”

 

HOY DIOS PUEDE ESTAR LLAMÁNDOTE A DAR UN PASO.

 

Quiero terminar regresando a Hechos 2:41: “Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas.”

 

Mire nuevamente los tres pasos: Recibieron la Palabra. Fueron bautizados. Fueron añadidos.

 

Quizás hoy aquí hay diferentes personas en diferentes puntos de ese camino.

 

QUIZÁS ALGUIEN TODAVÍA NO HA RECIBIDO A CRISTO. Si nunca has puesto tu fe en Jesucristo como tu Salvador y Señor, el primer paso no es hacerte miembro de una iglesia. El primer paso es venir a Cristo.Arrepentirte de tus pecados. Creer en Él. Recibirlo como Salvador. Confesarlo como Señor. Ese es el comienzo.

 

QUIZÁS HAS RECIBIDO A CRISTO, PERO TODAVÍA NO TE HAS BAUTIZADO

 

Si ese es tu caso, hoy puede ser el día en que digas: “Ya no quiero seguir posponiendo mi obediencia al Señor.” Cristo te salvó. Ahora identifícate públicamente con Él. Da el paso del bautismo.

 

QUIZÁS YA ERES CREYENTE Y YA FUISTE BAUTIZADO, PERO TODAVÍA NO ERES MIEMBRO DE UNA IGLESIA LOCAL.

 

Entonces quiero preguntarte: ¿Qué estás esperando? Si Dios te ha permitido encontrar una familia espiritual donde puedes crecer, servir y caminar con otros creyentes, considera seriamente dar ese paso. No porque la iglesia necesite llenar una lista. Sino porque el Señor quiere que sus hijos vivan en comunión y sirvan dentro de su cuerpo.

 

Y QUIZÁS YA ERES MIEMBRO

 

Entonces este mensaje también es para ti. Pregúntate: ¿Estoy siendo el miembro que Cristo quiere que yo sea? ¿Estoy congregándome? ¿Estoy creciendo? ¿Estoy sirviendo? ¿Estoy ayudando a otros? ¿Estoy sosteniendo la obra? ¿Estoy cuidando a mis hermanos? ¿Estoy usando los dones que Dios me dio? Porque ser miembro no es solamente haber tomado una decisión en el pasado. Ser miembro es vivir hoy el compromiso que un día asumimos.Quiero que imaginemos por un momento un cuerpo humano.

 

CONCLUSIÓN

 

Imagine que una mano dice: “Yo pertenezco al cuerpo, pero no quiero estar conectada con el cuerpo.”Eso no funcionaría.

 

Imagine que un pie dice: “Yo creo en el cuerpo, pero no necesito al resto del cuerpo.” Eso tampoco funcionaría.

 

Imagine que un ojo dice: “Yo quiero funcionar independientemente.” El cuerpo no podría funcionar correctamente. ¿Por qué? Porque un miembro necesita estar unido al cuerpo.

 

Y Pablo dice que nosotros somos miembros del cuerpo de Cristo. Cristo es la cabeza. Nosotros somos los miembros. Y cuando cada miembro ocupa su lugar, sirve, ama, crece y trabaja unido a los demás, el cuerpo se edifica en amor.

 

Por eso, hoy no quiero que nadie salga de aquí simplemente pensando: “El pastor habló sobre hacerse miembro.” Quiero que cada uno se pregunte delante de Dios: “¿Cuál es el próximo paso que Dios quiere que yo dé?” Si todavía no has recibido a Cristo, ven a Cristo. Si has recibido a Cristo pero todavía no has sido bautizado, da el paso de obediencia del bautismo. Si has sido bautizado pero todavía no eres miembro de una iglesia local, considera dar ese paso de compromiso. Y si ya eres miembro, renueva tu compromiso con Cristo y con su iglesia.

 

Porque la iglesia no es simplemente un lugar al que venimos. Es un cuerpo al cual pertenecemos. No somos espectadores. Somos miembros. No estamos aquí solamente para recibir. Estamos aquí para servir. No estamos aquí solamente para ocupar un asiento. Estamos aquí para ocupar nuestro lugar en el cuerpo de Cristo.

 

Y sobre todo, no pertenecemos a la iglesia para que la iglesia sea nuestra.

 

Pertenecemos a la iglesia porque Cristo es nuestro Señor.

 

Que cada uno pueda decir hoy: “Señor, aquí estoy. Quiero pertenecer a tu cuerpo. Quiero obedecerte. Quiero identificarme contigo. Quiero bautizarme. Quiero ser miembro. Quiero servir. Quiero crecer. Quiero ser una bendición para mi iglesia.”

 

Y que podamos hacer nuestras las palabras de Hechos 2:42: “Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones.”

 

Porque cuando Cristo es mi Salvador, su iglesia deja de ser simplemente el lugar donde asisto y se convierte en la familia espiritual con la cual camino, sirvo y crezco.

 

Jorge Cintron
Jorge Cintronhttp://www.elversiculodeldia.com
Pastor en Primera Iglesia Bautista de Cayey, Puerto Rico

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