
La idea que tenemos de nosotros mismos determina nuestro comportamiento hacia los demás.
Por ejemplo, una persona orgullosa se mostrará ante los demás como alguien superior.
Por el contrario, alguien con corazón humilde se mostrará ante los demás como un servidor.
Dios nos quiere a nosotros siendo siervos y además buenos administradores de los que Él nos ha asignado.
En la Biblia, en la primera carta a los Corintios capítulo 4, versos 1 al 2, dice así, “Así, pues, téngannos los hombres por servidores de Cristo, y administradores de los misterios de Dios. Ahora bien, se requiere de los administradores, que cada uno sea hallado fiel”. (RVR60)
La palabra traducida como “servidores” se deriva de una palabra griega que sugiere “ser el que rema”. Así entonces, debemos considerar a Jesús como el capitán, dirigiendo el barco, y nosotros como sus ayudantes.
De igual manera se nos pide ser mayordomos o simplemente administradores. Y vistas las cosas así, todo cambia, puesto que dejamos de creer que tanto las personas como las cosas nos pertenecen, y las manejamos como gerentes.
La realidad es que no somos dueños de nada, y todo lo que tenemos le pertenece a Dios. Nuestra responsabilidad es ser hombres y mujeres de fe, dignos de confianza, encargados de cuidar lo que se nos ha dado.
Cuando soltamos el orgullo y dejamos que sea el Señor quien guie nuestra vida, todo cambia, porque dejamos de hacernos superiores para parecernos a Él y servir en lugar de ser servidos.
Por eso siempre debemos recordar que cuando recibimos un propósito de Dios, lo administramos, no como los otros nos digan o con base en sus conclusiones subjetivas, sino basados en nuestra fidelidad a Dios y siguiendo Su guía.
Por lo tanto, hoy te motivo para que busques ser un buen administrador de lo que Él te ha dado y que seas fiel para cumplir con tu llamado.
Oremos, “Amado Señor, hoy reconozco que he sido orgulloso(a) en mi comportamiento contigo y con los demás. Renuncio a eso y me declaro siervo, así reconozco que Tú estás a cargo y que yo simplemente soy un administrador de lo que me has entregado y de la asignación que me has encomendado, quiero hacerlo en excelencia y con fidelidad, lo creo declaro en el Nombre de Jesús, Amén”
Versículo, “Así, pues, téngannos los hombres por servidores de Cristo, y administradores de los misterios de Dios. 2 Ahora bien, se requiere de los administradores, que cada uno sea hallado fiel”. 1 Corintios 4:1–2 (RVR60)
Buen Dia
Juan C Quintero
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