Testificando… acerca del arrepentimiento para con Dios, y de la fe en nuestro Señor Jesucristo.
Hechos 20:21
Arrepentíos, y creed en el evangelio.
Marcos 1:15
Existe una gran diferencia entre remordimiento y arrepentimiento.
Todos sentimos remordimientos en diversas ocasiones. Sentimos que hemos actuado mal con alguien, o que hemos hecho algo malo en cierta ocasión, y lo lamentamos. El remordimiento puede ser un sentimiento positivo, muy intenso si somos sensibles. Conlleva una aparente humildad, pero a menudo también una parte de orgullo y egoísmo. Nuestra conducta atenta contra la buena opinión que teníamos, o que otros tenían, sobre nosotros. Llevado al extremo, el remordimiento puede conducir a la desesperación. Judas es un ejemplo solemne: después de haber entregado a Jesús por el afán de ganar dinero, y viendo las trágicas consecuencias de su acto, se ahorcó (Mateo 27:3-5).
Contrario al remordimiento, el arrepentimiento es «hacia Dios», y eso hace toda la diferencia. Nos lleva a considerar nuestra conducta a la luz divina, y puede producir amargas lágrimas. Pero nunca conduce a la desesperación, pues Dios es un Dios de perdón (Salmo 32:5). El arrepentimiento es el camino por medio del cual Dios nos conduce a la fe en su Hijo Jesucristo. Porque Jesús resolvió la terrible cuestión del pecado para todos los que creen, ¡a Dios sea la gloria!
El diablo se apoderó de Judas y lo condujo a la desesperación. Pero siempre hay esperanza para el que se arrepiente ante Dios, el Dios de esperanza.
El arrepentimiento es el remedio que Dios ordena a cada hombre (Hechos 17:30). ¡Es necesario, pues por este medio nos lleva a él!
Isaías 34 – 2 Pedro 3 – Salmo 47 – Proverbios 14:9-10
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