Púlpito Evangélico – No provoques la derrota

No provoques la derrota

Pastor, Jorge L. Cintrón Calzada

Mensaje para ser predicado en el Pabellón de Oración de la Primera Iglesia Bautista de Cayey, Puerto Rico el 30 de julio de 2023, 10:15am

 

Texto Bíblico: Josué 7: 4,5

 

Y subieron allá del pueblo como tres mil hombres, los cuales huyeron delante de los de Hai. Y los de Hai mataron de ellos a unos treinta y seis hombres, y los siguieron desde la puerta hasta Sebarim, y los derrotaron en la bajada; por lo cual el corazón del pueblo desfalleció y vino a ser como agua.”

 

La conquista de la Tierra Prometida comenzó con una gran victoria para el pueblo de Israel. Esa victoria fue la conquista de Jericó. El relato bíblico al presentar esta historia señala que Jericó estaba cerrada, bien cerrada. Esta expresión significa que la ciudad era difícil de penetrar y conquistar, pero Israel la conquistó. Al finalizar este relato de la conquista de Jericó el relato señala que: “Estaba, pues, Jehová con Josué, y su nombre se divulgó por toda la tierra”. (Josué 6:27)

 

¡Qué hermoso cuando uno tiene victorias como la que tuvo Israel en Jericó! ¡Qué hermoso cuando uno percibe que Dios está con uno!

 

La historia sobre la conquista de Jericó es narrada en el capítulo 6 del libro de Josué

 

Al pasar al próximo capítulo del libro de Josué nos encontramos una historia increíble.

 

Josué envió desde Jericó algunos hombres a la ciudad de Hai. Les dijo: «Vayan y averigüen todo lo que puedan acerca de Hai y de sus alrededores». Los hombres de Josué cumplieron sus órdenes, y al volver le informaron: «La ciudad de Hai no es grande. No hace falta enviar todo el ejército para atacarla. Dos o tres mil hombres serán más que suficiente». Entonces subieron sólo tres mil hombres para atacar la ciudad, pero los de Hai los derrotaron, obligándolos a abandonar la ciudad y a huir por una colina, hasta unas canteras.Los derrotaron en la bajada; por lo cual el corazón del pueblo desfalleció y vino a ser como agua.

 

Ante esa derrota Josué rompió sus vestidos, y se postró en tierra sobre su rostro delante del arca de Jehová hasta caer la tarde, él y los ancianos de Israel; y echaron polvo sobre sus cabezas.

 

Quiero formular esta pregunta: ¿Qué fue lo que hizo que aquella experiencia de triunfo al conquistar la poderosa ciudad de Jericó se convirtiera en una experiencia de derrota al enfrentar la débil ciudad de Hai?

 

Un hombre llamado Acán no obedeció el mandato que Dios había dado al pueblo. Dios les había ordenado destruir por completo la ciudad de Jericó, pero Acán se quedó con algunas de las cosas que debía haber destruido. Por eso Dios se enojó contra los israelitas.

 

El pecado de Acá provocó la derrota del pueblo de Israel.

 

Ese pecado provocó no tan solo la derrota militar de Israel, sino que también provocó la muerte de Acán y la muerte de su familia.

 

El pecado siempre tiene consecuencias y esas consecuencias hay ocasiones que no tan solo tocan al que ha pecado, sino que también tocan a la familia del que ha pecado … hay veces que tocan a otras personas.

 

Acán al ser confrontado con su pecado dijo: “vi entre los despojos en Jericó un manto babilónico muy bueno, y doscientos siclos de plata, y un lingote de oro de peso de cincuenta siclos, lo cual codicié y tomé; y he aquí que está escondido bajo tierra en medio de mi tienda, y el dinero debajo de ello.

 

No se parece lo dicho por Acán a lo que señala La Biblia que sucedió cuando Eva fue tentada para que comiera del fruto del árbol que estaba en el centro del Huerto del Edén: “Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella”. (Génesis 3:6)

 

Aunque no es igual no se parece a lo que aconteció a David: “Y sucedió un día, al caer la tarde, que se levantó David de su lecho y se paseaba sobre el terrado de la casa real; y vio desde el terrado a una mujer que se estaba bañando, la cual era muy hermosa. Envió David a preguntar por aquella mujer, y le dijeron: Aquella es Betsabé hija de Eliam, mujer de Urías heteo. Y envió David mensajeros, y la tomó; y vino a él, y él durmió con ella”. (2 Samuel 11:2-4)

 

Hay personas que creen que pueden esconder su pecado. Acán, Eva y David trataron de esconder su pecado, pero de Dios nadie se puede esconder. No tan solo eso que a la larga o a la corta las personas descubren nuestro pecado.

 

El Salmos 32 señala en sus primeros versos:” Salmos

 

“Bienaventurado el hombre a quien Jehová no culpa de iniquidad,

Y en cuyo espíritu no hay engaño.

Mientras callé, se envejecieron mis huesos

En mi gemir todo el día.

Porque de día y de noche se agravó sobre mí tu mano;

Se volvió mi verdor en sequedades de verano”. Selah (

Salmos 32:1-4)

 

Santiago 1 señala: “Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman.  Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie; sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte”. (Santiago 1:12-15)

 

El pecado siempre tiene consecuencias

El pecado no queda oculto

El pecado provoca derrota

 

1 Juan 1;5-2:5

 

“Este es el mensaje que hemos oído de él, y os anunciamos: Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él. Si decimos que tenemos comunión con él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad; pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado. Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros. Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo. Y en esto sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos sus mandamientos. El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él; pero el que guarda su palabra, en este verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado; por esto sabemos que estamos en él. El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo.”

Jorge Cintron
Jorge Cintronhttp://www.elversiculodeldia.com
Pastor en Primera Iglesia Bautista de Cayey, Puerto Rico

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