Hasta aquel día
Pastor, Jorge L. Cintrón Calzada
Mensaje para ser predicado por en el Pabellón de Oración de la Primera Iglesia Bautista de Cayey, Puerto Rico el 5 de marzo de 2023
Tema: Hasta aquel día
Texto Bíblico: Mateo 26:29
“Y os digo que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta aquel día en que lo beba nuevo con vosotros en el reino de mi Padre.”
Al instituir la Cena del Señor Jesús hizo la siguiente expresión: “Y os digo que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta aquel día en que lo beba nuevo con vosotros en el reino de mi Padre.” (Mateo 26:29)
La iglesia primitiva entendió lo que Jesús les estaba diciendo. Pablo al escribirle a la Iglesia en Corinto señala: “Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga”. (1 Corintios 11: 26)
Uno de los temas importantes en la iglesia primitiva era el Regreso de Cristo, su -Segunda Venida-.
Al ascender Jesús al cielo dos varones con vestiduras blancas les dijeron a los discípulos: “Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo”. (Hechos 1:11) El autor de la carta a Timoteo escribió: “Por lo cual asimismo padezco esto; pero no me avergüenzo, porque yo sé a quién he creído, y estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día”. (2 Timoteo 1:12)
Hoy por hoy el mensaje de la Segunda Venida de Cristo está ausente en la proclamación de la iglesia.
Parodiando a Pablo que afirmó en el capítulo 15 de 1 Corintios: “Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe”; digo: Y si Cristo no viene por segunda vez vana es nuestra esperanza.
Jesús al estar caminando por el templo de Jerusalén en lo que se ha denominado “El Pequeño Apocalipsis” dijo: “Mas el que persevere hasta el fin, este será salvo. Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin.” (Mateo 24: 13,14) Esa afirmación de Jesús debe lleva a la iglesia a reflexionar que sentarse a la mesa con Él es un compromiso con la proclamación evangelística y con un llamado a la santidad.
Vienen a mi mente dos parábolas de Jesús que presenta Mateo: 1) La fiesta de bodas, 2) Las diez vírgenes.
La parábola de la fiesta de bodas presenta a un asistente que fue expulsado de la recepción porque no estaba vestidos adecuadamente. El Señor de la fiesta le dijo: “Amigo, ¿cómo entraste aquí, sin estar vestido de boda? Mas él enmudeció. El Seño dijo a los que servían: Atadle de pies y manos, y echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes. porque muchos son llamados, y pocos escogidos”.
Para poder uno sentarse con Cristo a su mesa en el reino de su Padre es necesario que uno sea hijo de Dios.
El evangelista Juan lo presenta así: “Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo. ….. a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.” (Juan 1:9,12,13) Pablo les escribió a los romanos: “si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación. Pues la Escritura dice: Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado. ….. porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo”. (Romanos 10:9-11,13)
El mensaje del evangelio es para todo el, pero la salvación es solamente para aquellos que decidan rendirse a Jesucristo y hacerlo su Señor.”
La Cena del Señor le dice a la iglesia proclama con urgencia.
“como dice el Espíritu Santo:
Si oyereis hoy su voz,
No endurezcáis vuestros corazones,
Como en la provocación, en el día de la tentación en el desierto,
Donde me tentaron vuestros padres; me probaron,
Y vieron mis obras cuarenta años.
A causa de lo cual me disgusté contra esa generación,
Y dije: Siempre andan vagando en su corazón,
Y no han conocido mis caminos.
Por tanto, juré en mi ira:
No entrarán en mi reposo.
Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo; antes exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: Hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado. Porque somos hechos participantes de Cristo, con tal que retengamos firme hasta el fin nuestra confianza del principio, entre tanto que se dice: Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones, como en la provocación.” (Hebreos 3:7-15)
La parábola de Las diez vírgenes a unas cinco vírgenes que no pudieron acompañar al esposo a entrar al banquete nupcial “porque cuando ellas fueron a comprar aceite para sus lámparas, vino este; y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas; y se cerró la puerta. Después vinieron también las otras vírgenes, diciendo: ¡Señor, señor, ábrenos! Mas él, respondiendo, dijo: De cierto os digo, que no os conozco. Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir.” (Mateo 25:10-13)
Para poder uno sentarse con Cristo a su mesa en el reino de su Padre es necesario que uno se haya sometido al Señorío de Jesucristo.
Jesús en el Sermón del Monte dijo: “¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?” (Lucas 6:46)
Mateo en su versión del Sermón del Monte señala que Jesús en ese mensaje presentó entre otras las siguientes enseñanzas:
“Oísteis que fue dicho a los antiguos: No matarás; y cualquiera que matare será culpable de juicio. Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio; y cualquiera que diga: Necio, a su hermano, será culpable ante el concilio; y cualquiera que le diga: Fatuo, quedará expuesto al infierno de fuego.” (Mateo 5:21,22)
“Oísteis que fue dicho: No cometerás adulterio. Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón. Por tanto, si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno.” (Mateo 5:27-29)
Al instituir la Cena del Señor Jesús hizo la siguiente expresión: “Y os digo que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta aquel día en que lo beba nuevo con vosotros en el reino de mi Padre.” (Mateo 26:29)
Jesús al estar caminando por el templo de Jerusalén en lo que se ha denominado “El Pequeño Apocalipsis” dijo: “Mas el que persevere hasta el fin, este será salvo. Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin.” (Mateo 24: 13,14)
La Cena del Señor nos debe llamar a anunciar su La Segunda Venida de Jesús. A apasionarnos por proclamar las nuevas de salvación. A vivir vidas santas. Podemos engañar a las personas, mas Dios conoce todo lo que hay en nuestras vidas.

