Púlpito Evangélico: El costo de seguir a Cristo

“Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas.

 

El célebre predicador Charles H. Spurgeon afirmó en una ocasión: “No fuimos creados de nuevo para permitir que nuestras pasiones gobiernen sobre nosotros , sino que, como reyes, podamos reinar en Cristo Jesús sobre el triple reinado del espíritu, alma y cuerpo, para la gloria de Dios, el Padre¨.

 

Un soldado cristiano compartía con su compañero de milicia las buenas nuevas de salvación y le invitaba a que entregara su vida a Jesucristo. El compañero de milicia le respondía: ¨el precio de seguir a Cristo es muy alto”. Y comenzaba a hacerle una lista de todas las cosas que tendría que dejar si decidía seguir a Cristo. Mientras hacía esa lista un oficial del ejército pasó cerca de donde ellos estaban conversando. Luego de hacer los saludos militares el oficial le dijo al soldado: “muy interesante la lista de costos que usted tendría que enfrentar si decide seguir a Cristo. Mas le sugiero que no piense en lo que le costaría seguir a Cristo; piense en lo que le costaría no seguir a Cristo”.

 

La decisión de seguir a Cristo es una decisión muy seria.

 

Cuando yo era muy niño escuché a un predicador cubano decir que muchos cristianos son como los lirios del campo. Inmediatamente comenzó a pintar con la palabra la hermosura de los frágiles lirios del campo. Aquel predicador era un poeta. El recuerdo que tengo de ese momento es muy grato. Hizo una descripción extraordinariamente bella. Después de eso dijo con una voz muy sutil y modulada así son muchos cristianos. Son como los lirios del campo. Él hizo una leve pausa y la congregación disfrutaba la hermosura de ser cristianos como los lirios del campo. Abrió tiernamente sus labios y dijo: Muchos cristianos son como los lirios de campo; no hacen nada por Cristo y Dios los viste con una gloria mayor que la de Salomón.

 

La Biblia presenta a un cristiano de Jerusalén que junto a otros hermanos recibió la encomienda de diariamente atender las necesidades de darles comida a las viudas. Este hombre se llamaba Esteban.

 

Todo el mundo conoce que Esteban fue el primer mártir de la fe cristiana. ¿Por qué Esteban fue al martirio? Lucas dice que unos judíos comenzaron a disputar con Esteban, pero no pudiendo resistir su sabiduría sobornaron a unos para que dijesen que le habían oído hablar palabras blasfemias contra Moisés y contra Dios. Así comenzó el juicio contra Esteban. Hecho 7:1-53 presenta una apasionada defensa que Esteban hizo del evangelio. A través de los capítulos seis (6) y siete (7) de Hechos uno puede encontrar expresiones sobre cómo era Esteban: 1) era un hombre lleno de fe y del Espíritu Santo; 2) estaba lleno de gracia y de poder, y hacía grandes prodigios y señales entre el pueblo; 3)  y hablaba con sabiduría y con unción del Espíritu. Los que participaban en su juicio en el concilio al fijarse en él sus ojos vieron su rostro como de un ángel.

 

La descripción que hace Lucas de los momentos finales de Esteban es hermosísima. “Esteban, lleno del Espíritu Santo, puestos los ojos en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús que estaba a la diestra de Dios, y dijo: He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre que está a la diestra de Dios”. (Hechos 7:55,56) Al momento de morir “invocaba y decía: Señor Jesús, recibe mi espíritu. Y puesto de rodillas, clamó a gran voz: Señor, no les tomes en cuenta este pecado. Y habiendo dicho esto, durmió.” (Hechos 7:59,60)

 

Probablemente muchos creyentes de hoy en día dirían sobre esta situación de Esteban. “Él solamente lo que tenía que hacer era cumplir con la encomienda que le dieron –atender diariamente las necesidades de darle comida a las viudas junto a otros seis (6) hermanos.” “Él no tenía que estar haciendo prodigios y señales entre el pueblo.” “Cuando lo arrestaron se debió haber quedado callado y no provocar así a los judíos”

 

Esteban había tenido un encuentro verdadero con Cristo y estaba dispuesto a pagar el costo de seguir a Cristo.

 

Hoy por hoy muchas personas vienen a Cristo buscando que él les resuelva sus situaciones particulares. Vienen buscando que Dios los vista con una gloria mayor que la de Salomón. Dios la mayoría de las veces lo hace. Dios lo hace porque quiere mostrarle su poder y amor. Dios lo que quiere es Salvar sus vidas de las garras del maligno.

 

Cuando uno verdaderamente conoce a Dios a través de Jesucristo a uno no le pesa pagar el precio de seguirle.

 

Es un precio de lealtad. Jesucristo es el Señor. No hay autoridad superior en la vida de un creyente que Jesucristo. Pedro y Juan al ser perseguidos también por el concilio le dijeron a los líderes judíos: Juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios; porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído.” (Hechos 4:19,20)

 

Es un precio de santidad. Dejemos que la Palabra sola hable. “Por tanto, ceñid los lomos de vuestro entendimiento, sed sobrios, y esperad por completo en la gracia que se os traerá cuando Jesucristo sea manifestado; como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia; sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo”. (1 Pedro 1:13-16) Pablo le escribe a los colosenses: “Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría; cosas por las cuales la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia, en las cuales vosotros también anduvisteis en otro tiempo cuando vivíais en ellas.” (Colosenses 3:5-7) Juan en su primera carta lo presenta así: “Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.” (1 Juan 2:16,17)

 

Es el precio de ser diferentes. Jesús lo afirmó así al orar sacerdotalmente por los creyentes: “No son del mundo, como yo tampoco soy del mundo” (Juan 17:16) El creyente no puede seguir la corriente del mundo. “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.” (Romanos 12:2)

 

Es el precio de la proclamación. El creyente no se puede quedar callado, tiene que hablarles a otros de Jesucristo. Tiene que invitar a otros a tener un encuentro Salvador con Jesucristo.

Hay creyentes que son como los lirios del campo. Su vida cristiana se limita a dejar que Dios los vista con una gloria mayor que la de Salomón, pero no quieren pagar el precio de seguir a Cristo. Tal vez puedes pensar que puede llegar a ser un costo muy alto. Si, puede llegar a ser un costo muy alto. A Esteban le costó su vida. Pero el costo no se puede comparar con lo que le costó a Dios: la sangre de Jesucristo en la Cruz. Tampoco se puede comparar con la recompensa de ser un discípulo de Cristo: la vida eterna.

Jorge Cintron
Jorge Cintronhttp://www.elversiculodeldia.com
Pastor en Primera Iglesia Bautista de Cayey, Puerto Rico

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