(Jesús) puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios.
Hebreos 7:25
El carcelero de una prisión de Macedonia hizo la siguiente pregunta al apóstol Pablo y a su compañero Silas: “¿Qué debo hacer para ser salvo?”. La respuesta que la Palabra de Dios nos da es clara: “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa” (Hechos 16:30-31).
¿Por qué la salvación que Dios ofrece necesita una fe personal? Porque Dios quiso que estuviese al alcance de todos, sin excepción.
Nadie es favorecido por su inteligencia, su riqueza o sus conocimientos. Todos nosotros, seres pecadores, tenemos que arrepentirnos para acercarnos a Dios. Pero también debemos hacerlo con una total confianza en su misericordia: “Si no os… hacéis como niños (dijo Jesús), no entraréis en el reino de los cielos” (Mateo 18:3).
Un jefe de Estado fija él mismo el protocolo que permite a los visitantes tener una cita con él. Con mayor razón, nadie, excepto Dios, puede decidir la manera en que el hombre puede acercarse a él. Agradezcámosle por haber abierto generosamente la puerta del cielo a seres como nosotros. ¿Acaso su Palabra podría engañarnos? Reflexionemos sobre la gravedad de la incredulidad, pues esto equivale a decir que Dios es mentiroso (leer 1 Juan 5:9-13), injuria terrible.
“Si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo” (Romanos 10:9).
“Acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura” (Hebreos 10:22).

Génesis 12-13 – Mateo 8:1-22 – Salmo 7:1-8 – Proverbios 3:1-6
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