Hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre… en esto pensad.
Filipenses 4:8
Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría.
Colosenses 3:5
Esta advertencia aparece al principio de ciertas películas. La edad límite está adaptada: 10, 12, 16 y 18 años. Cuántas más imágenes violentas o escenas escabrosas tenga la película, más elevada es la edad límite para que los jóvenes tengan el «permiso» de verla.
La existencia misma de esta «prohibición» es impresionante y revela muy bien la mentalidad de nuestra sociedad. ¿Qué imagen del mundo de los adultos damos a los jóvenes? ¿Ser adulto significa haber llegado por fin a la edad en la que podemos ver o hacer todo sin prohibiciones y limitaciones?
Amigos cristianos, no podemos cambiar el mundo donde Dios nos ha dejado, pero debemos velar para no dejarnos impregnar por su atmósfera (Juan 17:15). Dios nos exhorta a apartarnos del mal, no sólo en cuanto a los actos, sino también en cuanto a los pensamientos. ¿Existe una edad en la que podemos ver cosas inmorales sin mancharnos? Las malas tendencias que llevamos en nosotros están listas para manifestarse, y rápidamente pasamos al acto. “Cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte” (Santiago 1:14-15).
Velemos para alimentar nuestra alma con lo que es bueno; no frenemos nuestro crecimiento espiritual mediante lecturas, películas o música cuyo contenido es malsano.
2 Crónicas 33 – 2 Corintios 7 – Salmo 106:13-18 – Proverbios 23:19-21
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