La fortaleza espiritual para el creyente comienza cuando reconoce que es débil y que depende de Dios. Cuando uno reconoce eso es que puede descubrir las artimañas del adversario y ve las alternativas que Dios pone delante de uno para que pueda vencer. Cuando uno reconoce que es débil reclama con sencillez la fortaleza divina y deja a un lado la arrogancia espiritual. Cuando uno reconoce que es débil depende para todo de Dios; en lo sencillo y simple; y en lo complicado y difícil. Cuando uno reconoce que es débil no se sorprende de los resultados que pueda ver porque sabe que todo se realiza por el poder de Dios y Él siempre hace todo perfecto (Jorge L Cintrón)

