Dios es mi amoroso pastor y yo una de las ovejas de su gran rebaño. Su voz a mis oídos es dulcísima armonía. Tengo la total confianza, por las experiencias que he vivido, que Dios siempre, de alguna forma, me da descanso, me lleva a pastos frescos y calma mi sed con aguas refrescantes. Él siempre me pastorea de forma amorosa. (Jorge L. Cintrón)

