Sabes que tu Dios es grande. Lo más grande que pueda haber. Porque te asustas por tu problema. Muchos afirman: Dile a tu problema cuán grande es tu Dios y no le digas a Dios cuán grande es tu problema. Todo eso es hermoso, pero no sería mejor para ti reflexionar sobre lo grande que es tu Dios. Tu fe se fortalecería y tu esperanza sería más firme. (Jorge L. Cintrón)

