Oración de la Mañana con el SALMO 34 | Dios te libra de tus temores y cuida de ti

Oración de la Mañana con el SALMO 34

 

La luz de esta nueva mañana comienza a filtrarse suavemente por la ventana, anunciando que el aliento de vida ha sido renovado una vez más sobre nosotros. Al abrir los ojos y sentir el latido constante en el pecho, la primera respuesta del alma debe ser inclinar la cabeza ante el Creador de los cielos y de la tierra. Este nuevo día no es un simple hecho fortuito ni una coincidencia del calendario, sino un regalo inmerecido de la gracia divina que nos invita a caminar bajo su amparo.

 

En el silencio de estas primeras horas, cuando el mundo aún no ha desplegado su ajetreo diario, nos acercamos con reverencia ante la presencia del Dios Altísimo. Reconocemos que estar de pie hoy es el resultado directo de su fidelidad inagotable, la cual se renueva con cada amanecer. Con el alma tranquila y los pensamientos enfocados en su gloria, nos disponemos a entregar las primeras horas de esta jornada al Señor que sostiene el universo con el poder de su palabra.

 

Padre Celestial, al comenzar esta mañana deseamos que nuestro primer impulso sea la gratitud profunda que brota de un corazón consciente de tu amor. Te damos gracias por la vida que nos concedes, por el aire que respiramos y por la fuerza que pones en nuestro cuerpo para enfrentar los compromisos de hoy. Tu misericordia ha velado nuestro descanso durante la noche y tu protección nos ha resguardado de todo mal mientras dormíamos en paz.

 

Te agradecemos por el hogar que nos cobija, por el pan que pones sobre nuestra mesa y por la presencia de cada miembro de nuestra familia. Reconocemos que cada pequeña bendición diaria proviene de tu mano abierta, la cual satisface el deseo de todo ser viviente con generosidad e inmensa bondad. Aun en medio de las cosas más sencillas, tu amor se manifiesta de maneras que a menudo pasamos por alto, y hoy queremos detenernos para decirte lo agradecidos que estamos.

 

Agradecemos también por las oportunidades de trabajo, de estudio y de servicio que nos permites tener en este nuevo día. Gracias por las personas que has puesto a nuestro lado para brindarnos apoyo, por las palabras de aliento que hemos recibido y por las puertas que has abierto conforme a tus propósitos. Tu fidelidad se ha manifestado en el pasado y esa certeza nos llena de esperanza para afrontar todo lo que el futuro pueda traer a nuestras vidas.

 

Señor, también te damos gracias por los momentos difíciles que hemos atravesado en el camino, porque a través de ellos has moldeado nuestro carácter y probado nuestra fe. Reconocemos que en las pruebas más oscuras hemos experimentado el calor de tu consuelo y la firmeza de tu mano sosteniéndonos para no caer. Aun por aquellas peticiones que todavía no han sido respondidas de la forma en que esperábamos, te damos gracias, pues confiamos en que tus tiempos y tus caminos son infinitamente superiores a los nuestros.

 

Al iniciar esta jornada, acudimos a la verdad eterna contenida en las Escrituras para que sea la brújula que guíe cada uno de nuestros pasos y pensamientos. Meditamos hoy en las palabras que el salmista escribió en medio de sus propias angustias, encontrando en ellas un refugio seguro para nuestro espíritu.

 

Salmo 34:1. Bendeciré a Jehová en todo tiempo; su alabanza estará continuamente en mi boca.

 

Estas palabras nos enseñan que la alabanza no debe depender de la estabilidad de nuestras circunstancias, sino de la inmutabilidad de tu carácter santo. Bendecir tu nombre en todo tiempo significa alabarte cuando la brisa es favorable, pero también cuando la tormenta intenta sacudir la tranquilidad de nuestro hogar. Hoy decidimos que las primeras palabras que salgan de nuestros labios sean de adoración, rindiendo todo reconocimiento a tu soberanía absoluta sobre nuestras vidas.

 

Salmo 34:2. En Jehová se gloriará mi alma; lo oirán los mansos, y se alegrarán.

 

Nuestra confianza y nuestro orgullo no están puestos en nuestras propias capacidades, ni en las riquezas terrenales, ni en las influencias humanas que podamos poseer. Nuestra única gloria radica en conocerte a ti, el Dios vivo y verdadero que actúa con justicia y rectitud en la tierra. Que nuestra actitud humilde en este día sea un testimonio vivo para aquellos que se sienten desanimados, trayendo alegría y esperanza a quienes observan nuestro caminar con el Señor.

 

Salmo 34:3. Engrandeced a Jehová conmigo, y exaltemos su nombre a una.

 

La fe no ha sido diseñada para ser vivida en el aislamiento, sino en la comunión fraterna con aquellos que buscan tu rostro con un corazón sincero. Unimos nuestras voces en esta mañana para engrandecer tu santo nombre, reconociendo que tú eres más grande que cualquiera de nuestros problemas, temores o aflicciones. Al exaltar tu nombre juntos, recordamos que la grandeza de Dios reduce a dimensiones insignificantes todas las amenazas que el día de hoy pueda presentar.

 

Salmo 34:4. Busqué a Jehová, y él me oyó, y me libró de todos mis temores.

 

Dios clemente, tú conoces los temores ocultos que a menudo intentan paralizar nuestra mente cuando pensamos en el mañana o en las responsabilidades del presente. El temor al fracaso, el miedo a la enfermedad, la ansiedad por la provisión económica o el dolor del rechazo humano acosan con frecuencia nuestro corazón. Sin embargo, en esta mañana buscamos tu rostro en oración con la certeza absoluta de que tú escuchas el clamor de tus hijos y nos libras de la esclavitud del miedo.

 

El temor nos hace olvidar tus promesas y oscurece nuestra visión espiritual, llevándonos a depender de nuestras débiles fuerzas humanas. Te pedimos que derrames sobre nosotros ese perfecto amor que echa fuera todo temor y llena el pensamiento de serenidad y dominio propio. Ayúdanos a recordar que no estamos solos en esta jornada, pues el Dios que domina los vientos y las mareas camina con nosotros en cada instante.

 

Salmo 34:5. Los que miraron a él fueron alumbrados, y sus rostros no fueron avergonzados.

 

Cuando quitamos la mirada de las dificultades cambiantes de este mundo y la fijamos firmemente en tu majestad, nuestra perspectiva interior es completamente transformada. Tu luz celestial disipa las tinieblas de la duda y del desaliento, permitiendo que nuestro rostro refleje la paz que sobrepasa todo entendimiento humano. Confiamos en que quienes depositan toda su esperanza en ti jamás serán avergonzados ni defraudados al final del camino.

 

Salmo 34:6. Este pobre clamó, y le oyó Jehová, y lo libró de todas sus angustias.

 

Reconocemos nuestra extrema necesidad espiritual y nuestra incapacidad para resolver por nosotros mismos las complejidades de la existencia diaria. Nos presentamos ante ti con la humildad de quien sabe que sin tu gracia nada puede hacer, pero con la firme convicción de que tú atiendes al necesitado. Tú escuchas el murmullo de nuestro clamor interno y extiendes tu brazo poderoso para rescatarnos de las múltiples angustias que presionan nuestra alma.

 

Salmo 34:7. El ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen, y los defiende.

 

Qué consuelo tan profundo produce saber que tu presencia invisible nos rodea como un escudo protector a lo largo de todas las actividades del día. Mientras nos desplazamos hacia nuestros lugares de trabajo, mientras cuidamos a nuestra familia o transitamos por calles llenas de peligros, tu protección divina acampa a nuestro alrededor. Nos encomendamos a esa custodia celestial, sabiendo que ningún mal absoluto podrá prevalecer contra aquellos que caminan en el temor reverente de tu nombre.

 

Salmo 34:8. Gustad, y ved que es bueno Jehová; dichoso el hombre que confía en él.

 

Te pedimos que nos concedas experimentar en lo cotidiano la dulzura inagotable de tu bondad y la realidad tangible de tu cuidado paternal. No queremos una fe teórica o distanciada de la realidad diaria, sino una experiencia viva de tu amor en cada conversación, decisión y tarea. Proclamamos la dicha y la bienaventuranza de aquel que ha decidido poner su confianza entera en la roca inconmovible de tu palabra.

 

Salmo 34:9. Temed a Jehová, vosotros sus santos, pues nada falta a los que le temen.

 

Padre, infunde en nuestro corazón un verdadero temor reverente que nos lleve a aborrecer el mal y a buscar la santidad en todo nuestro andar. Enseña a nuestra alma a depender enteramente de ti, recordando la promesa gloriosa de que a tus hijos jamás les faltará lo fundamental para cumplir tu voluntad. Que la codicia o la angustia por lo material no gobiernen nuestros pensamientos, pues tú eres nuestro proveedor fiel y suficiente.

 

Salmo 34:10. Los leoncillos necesitan, y tienen hambre; pero los que buscan a Jehová no tendrán falta de ningún bien.

 

Aun las criaturas más fuertes y autosuficientes de la naturaleza experimentan necesidad y escasez en sus momentos de debilidad. Sin embargo, la promesa para quienes buscan primeramente el reino de Dios y su justicia es que no carecerán de ningún bien esencial para su vida espiritual y material. Descansamos en la certeza de que tu provisión llegará a tiempo y de acuerdo con las riquezas incomparables de tu gracia.

 

Salmo 34:11. Venid, hijos, oídme; el temor de Jehová os enseñaré.

 

Abrimos el oído del corazón como discípulos atentos que desean aprender las lecciones de la sabiduría divina desde las primeras horas de la mañana. Guíanos para enseñar con nuestro ejemplo a las nuevas generaciones, mostrando a nuestros hijos y a quienes nos rodean lo que significa vivir en obediencia a tu verdad. Que el temor de Dios no sea visto como un miedo servil, sino como un profundo respeto que transforma la manera en que pensamos, hablamos y actuamos.

 

Salmo 34:12. ¿Quién es el hombre que desea vida, que codicia días para ver el bien?

 

Todos anhelamos vivir una vida plena, con sentido, caracterizada por la paz interior y la manifestación de tu bondad en nuestro entorno diario. Reconocemos que la verdadera calidad de vida no proviene de la abundancia de los bienes materiales, sino de la comunión constante contigo y de la obediencia a tus mandamientos. Enséñanos a valorar la vida como el don sagrado que es, utilizando cada día otorgado para honrar tu nombre y edificar a nuestro prójimo.

 

Salmo 34:13. Guarda tu lengua del mal, y tus labios de hablar engaño.

 

Señor, ponemos una guardia sobre nuestra boca durante esta jornada para que de ella no salgan palabras hirientes, mentiras, chismes ni críticas destructivas. Que nuestras conversaciones en el trabajo, en el hogar y en la red de relaciones sean sazonadas con sal y administradoras de gracia para quienes las escuchen. Concédenos la prudencia necesaria para callar cuando sea conveniente y la valentía para hablar siempre con la verdad en amor.

 

Salmo 34:14. Apártate del mal, y haz el bien; busca la paz, y síguela.

 

Fortalece nuestra voluntad para huir de las tentaciones que se presenten en nuestro camino hoy, capacitándonos para tomar decisiones rectamente inspiradas en la Escritura. Que no seamos pasivos ante el sufrimiento ajeno, sino promotores activos del bien, buscando la reconciliación y la paz en medio de cualquier conflicto que pueda surgir. Danos la determinación de seguir la paz con todos, reflejando el carácter de nuestro Señor Jesucristo, el Príncipe de Paz.

 

Salmo 34:15. Los ojos de Jehová están sobre los justos, y atentos sus oídos al clamor de ellos.

 

Es un alivio inmenso saber que jamás estamos fuera del alcance de tu mirada paternal ni de tu constante atención de amor. Aunque nos sintamos incomprendidos por las personas que nos rodean, sabemos que tú conoces las intenciones más íntimas y las cargas invisibles de nuestro corazón. Tus oídos están atentos a cada suspiro de oración que elevamos en la quietud de nuestra alma durante el transcurso del día.

 

Salmo 34:16. La ira de Jehová contra los que hacen mal, para cortar de la tierra la memoria de ellos.

 

Reconocemos que tú eres un Dios justo que no deja impune la maldad, por lo que dejamos en tus manos rectísimas toda causa de injusticia o agravio que hayamos sufrido. Nos guardamos de buscar la venganza por nuestra propia cuenta, sabiendo que a ti corresponde el juicio y la retribución final sobre las obras de los hombres. Ayúdanos a caminar en integridad, sabiendo que la justicia de Dios permanece para siempre mientras que la memoria de los malvados perece.

 

Salmo 34:17. Claman los justos, y Jehová oye, y los libra de todas sus angustias.

 

Reiteramos nuestro clamor humilde en esta mañana, confiando en que tu pronta respuesta traerá libertad a los espíritus oprimidos por el cansancio o la aflicción. No hay problema tan complejo ni nudo tan apretado que tu poder soberano no pueda deshacer en el momento oportuno. Depositamos nuestras angustias presentes en la fuente inagotable de tu compasión, esperando con paciencia la manifestación de tu salvación.

 

Salmo 34:18. Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón; y salva a los contritos de espíritu.

 

Dios de todo consuelo, te pedimos de manera muy especial por los corazones que se encuentran heridos, deshechos por el dolor de una pérdida o aplastados por la decepción en esta mañana. Recordamos que tú no rechazas al corazón contrito y humillado, sino que te acercas con ternura infinita para vendar cada una de sus heridas emocionales. Que quienes hoy sienten que sus fuerzas se han agotado experimenten la cercanía restauradora de tu Espíritu Santo a su lado.

 

Salmo 34:19. Muchas son las aflicciones del justo, pero de todas ellas le librará Jehová.

 

Tu palabra no nos promete un camino terrenal libre de dificultades o de lágrimas, pues comprendemos que las pruebas forman parte de nuestra instrucción en este mundo caído. Sin embargo, la gran promesa de la Escritura es que la victoria final pertenece al Señor y que de cada una de esas aflicciones seremos librados por tu gracia. Esta certeza nos permite sonreír ante el futuro, sabiendo que el sufrimiento presente no se compara con la gloria venidera que ha de ser revelada en nosotros.

 

Salmo 34:20. Él guarda todos sus huesos; ni uno de ellos será quebrantado.

 

Vemos expresada en esta verdad la protección absoluta de Dios sobre la vida de sus hijos, manteniendo intocable aquello que es fundamental para nuestra existencia. Recordamos cómo este pasaje halló su cumplimiento profético perfecto en la crucifixión de nuestro Redentor Jesucristo, cuyo cuerpo fue guardado con soberano cuidado en la cruz. Si cuidaste con tal precisión el cuerpo de tu Hijo amado, sabemos que cuidarás de la misma manera de nuestro ser integral en el día de hoy.

 

Salmo 34:21. Matará al malo la maldad, y los que aborrecen al justo serán condenados.

 

La maldad lleva en sí misma la semilla de su propia destrucción, y las trampas preparadas por la impiedad terminan por hacer caer a quienes las construyeron. Nos mantenemos tranquilos sabiendo que los propósitos perversos no prevalecerán sobre la vida de quienes caminan en la luz de tu verdad. Oramos para que nos libre de toda insidia o acechanza del enemigo, permitiéndonos vivir bajo el manto impenetrable de tu favor divino.

 

Salmo 34:22. Jehová redime el alma de sus siervos, y no serán condenados cuantos en él confían.

 

Esta es la roca inconmovible sobre la cual sostenemos nuestra fe en esta mañana: la redención completa que hemos recibido por medio de la sangre derramada de Jesucristo. No hay condenación alguna para los que están en Cristo Jesús, pues fuimos rescatados de la culpa del pecado y de la muerte eterna mediante su sacrificio perfecto. Caminamos en la libertad gloriosa de los hijos de Dios, sabiendo que nuestra eternidad y nuestro presente están absolutamente seguros en tus manos.

 

Al trasladar estas verdades eternas al escenario concreto de nuestras responsabilidades cotidianas, te pedimos sabiduría para desenvolvernos adecuadamente en nuestros trabajos y proyectos. Que nuestra labor diaria sea realizada con excelencia, honestidad y entusiasmo, no como quienes sirven al ojo humano, sino como quienes trabajan para el Señor. Concédenos capacidad para resolver problemas complejos, paz ante la presión laboral y discernimiento para tomar decisiones éticas en todo momento.

 

Te encomendamos la economía familiar de quienes se unen en esta oración, pidiendo que la provisión no falte en los hogares que hoy enfrentan la incertidumbre financiera. Guíanos para ser administradores fieles y generosos de los recursos que pones en nuestras manos, evitando el desperdicio y la ansiedad por las cosas materiales. Recordamos que si viste a las aves del cielo y vistes a las flores del campo, con cuánta mayor razón cuidarás de las necesidades de tus hijos en este día.

 

Te pedimos por nuestras relaciones interpersonales, para que en este día prevalezca el amor, la paciencia y el perdón en nuestras conversaciones con familiares, compañeros y vecinos. Ayúdanos a reaccionar con mansedumbre ante las provocaciones, a escuchar con atención antes de responder y a ser instrumentos de paz en medio de ambientes cargados de tensión. Que la luz del Evangelio brille a través de nuestras actitudes, atrayendo a otros hacia la gracia transformadora de Jesucristo.

 

Llevamos ante tu trono las preocupaciones de salud física y emocional que pueden estar afectando nuestra mente o el cuerpo de algún ser querido en esta mañana. Señor, tú eres el Dios que sana y el médico por excelencia; te rogamos que extiendas tu mano de compasión sobre quienes sufren dolores o enfermedades crónicas. Imparte fortaleza al cansado, restaura la energía del abatido y renueva las fuerzas del que siente que sus recursos humanos se han agotado por completo.

 

En este momento de entrega, queremos depositar en tus manos soberanas todas aquellas cargas que no podemos controlar ni resolver por nuestras propias fuerzas. Te entregamos el futuro de nuestros hijos, los trámites pendientes, las respuestas que aún no han llegado y las decisiones complejas que debemos tomar más adelante. Ayúdanos a soltar el deseo de controlarlo todo y a descansar profundamente en la certeza de que tu voluntad es buena, agradable y perfecta para nosotros.

 

Señor, enséñanos a caminar con paz aun cuando el panorama no sea del todo claro y la niebla de la incertidumbre intente cubrir el horizonte de nuestros proyectos. Reconocemos que la verdadera fe no consiste en ver el camino completo, sino en dar el primer paso tomando la mano del Dios omnipotente que conoce el fin desde el principio. Te decimos de corazón que confiamos en ti y que nos sometemos gustosamente a la dirección de tu Santo Espíritu durante las próximas horas.

 

Elevamos una oración por quienes nos rodean, ampliando el horizonte de nuestra petición hacia las necesidades de nuestros hermanos en la fe y de la sociedad entera. Intercedemos de manera especial por los matrimonios que están atravesando crisis profundas, para que tu amor renueve la chispa del compromiso, la comprensión y el perdón recíproco. Restaura la comunicación rota, sana las heridas del pasado y permite que el hogar sea un refugio seguro donde reine tu presencia de manera constante.

 

Oramos por los padres y madres de familia que llevan sobre sus hombros la pesada responsabilidad de criar a sus hijos en medio de una cultura desafiante y compleja. Concédedles la sabiduría necesaria para instruirlos en la verdad bíblica, el discernimiento para protegerlos del mal y la paciencia para guiarlos con amor incondicional. Guarda a los niños y a los jóvenes de las influencias dañinas de este mundo, despertando en sus corazones un deseo ferviente de conocer y servir al Señor.

 

Presentamos ante ti a las personas que viven solas o que experimentan la punzada amarga de la soledad en esta mañana de hoy. Que puedan sentir la compañía entrañable de tu Espíritu Santo, recordando que jamás están desamparadas cuando el Creador del universo ha prometido estar con ellas todos los días. Envía a sus vidas hermanos en la fe que les brinden afecto sincero, apoyo práctico y una comunidad acogedora donde puedan desarrollarse plenamente.

 

Intercedemos por aquellos que están buscando empleo o que atraviesan momentos de profunda inestabilidad económica que amenazan la paz de su hogar. Abre puertas de oportunidad donde parece no haberlas, concede favor delante de los empleadores y provee el sustento necesario mientras aguardan la respuesta divina. Que en medio de la espera no decaiga su fe, sino que encuentren en ti la roca firme sobre la cual sostener su esperanza sin vacilar.

 

Oramos también por las personas que se encuentran internadas en hospitales, por quienes enfrentan tratamientos médicos dolorosos y por sus familiares que sufren a su lado. Que tu presencia de consuelo llene las habitaciones de los enfermos, impartiendo paz en medio del dolor y sabiduría a los médicos que atienden sus dolencias corporales. Asimismo, te pedimos por aquellos que se sienten alejados de tu redil, para que tu misericordia los alcance hoy y los traiga de vuelta al camino de la salvación.

 

Al recordar las historias de la Escritura, traemos a la memoria al rey David cuando se encontraba huyendo en la cueva de Adulam, perseguido y rodeado de temores por todas partes. Fue precisamente en ese contexto de cueva, escasez y peligro inminente donde brotaron las palabras victoriosas que hoy meditamos en el Salmo 34. Si tú fuiste el refugio inexpugnable de David en medio de la persecución, sabemos que también serás nuestro escudo fortaleza en los desafíos modernos que enfrentamos.

 

Recordamos también al apóstol Pedro cuando comenzó a hundirse en las aguas encrespadas del mar al quitar su mirada del Señor Jesús para enfocarla en la furia del viento. Al clamar con desesperación por ayuda, la mano de Jesucristo se extendió de inmediato para rescatarlo y ponerlo a salvo sobre la embarcación. De la misma manera, en este día elegimos mantener nuestros ojos fijos en Jesús, el autor y consumador de nuestra fe, para no ser tragados por las olas de las preocupaciones cotidianas.

 

Señor, nos acercamos ahora al desarrollo de las horas de esta jornada que ya ha comenzado a desplegar sus actividades ante nosotros. Te pedimos discernimiento para administrar sabiamente cada minuto de este día, evitando la pereza, la procrastinación y el mal uso del tiempo que nos has confiado. Danos la fortaleza necesaria para cumplir con nuestros deberes de manera diligente, reflejando en todo momento la luz y el orden que caracterizan al reino de los cielos.

 

Concédenos dominio propio en la gestión de nuestros pensamientos, para que ninguna sospecha, rencor o juicio apresurado encuentre morada en nuestra mente. Que cada pensamiento sea llevado cautivo a la obediencia a Cristo, llenando la memoria de cosas puras, amables, de buen nombre y dignas de alabanza. Protege nuestro corazón de la envidia o de la comparación destructiva con el progreso ajeno, permitiéndonos gozarnos genuinamente con las bendiciones que impartes a otros.

 

Pedimos humildad de espíritu para reconocer rápidamente nuestros errores si llegamos a fallar o a herir involuntariamente a alguna persona en el transcurso del día. Concede la gracia de pedir perdón con sinceridad y la disposición de enmendar nuestros actos conforme a los principios de tu palabra santa. Que la vanidad y el orgullo no impidan nuestra reconciliación con el prójimo, sino que la mansedumbre sea el rasgo distintivo de nuestro testimonio cristiano.

 

Queremos que este día completo sea un acto de adoración viva y consciente ofreciéndote nuestros cuerpos, talentos y recursos para tu gloria. Que en cada interacción en el trabajo, en la calle o en la casa, la gente pueda percibir el perfume grato del conocimiento de Cristo a través de nuestro trato maduro y compasivo. Haznos instrumentos de tu gracia para llevar una palabra de aliento al cansado y una sonrisa sincera a quien atraviesa por un momento de tristeza.

 

Al aproximarnos al cierre de este momento devocional, nos afirmamos en las verdades gloriosas que hemos meditado y orado en esta mañana. Recordamos que Dios sigue siendo nuestro pronto auxilio en las tribulaciones, la fuente inagotable de toda provisión y el protector constante de nuestras vidas. Ningún peligro terrenal ni ningún esquema del enemigo podrá arrebatar la paz interior de quienes han puesto su refugio bajo la sombra de las alas del Altísimo.

 

Descansamos en la certeza absoluta de que el mismo Dios que nos libró de nuestros temores en el pasado nos guiará con mano firme durante las horas de este nuevo día. Tu fidelidad no depende de nuestras flaquezas, sino de tu pacto eterno sellado a favor nuestro mediante la persona gloriosa de nuestro Señor Jesucristo. Con esa esperanza ardiente en el alma y con el corazón rebosante de confianza celestial, nos disponemos a caminar esta jornada con paso firme y la frente en alto.

 

En tus manos soberanas depositamos nuestra mente, nuestro corazón, nuestras familias, nuestras finanzas, nuestras decisiones y todo nuestro futuro. Que la gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios el Padre y la comunión del Espíritu Santo sean con todos nosotros desde este momento y para siempre. Todo esto lo pedimos y lo agradecemos en el nombre poderoso y sublime de nuestro Salvador Jesucristo.

 

Amén.

 

Gracias por acompañarnos en este espacio de meditación bíblica y oración de la mañana basada en el Salmo 34. Te invitamos a escribir la palabra Amén en los comentarios como muestra de fe y a compartir esta oración con alguna persona que hoy necesite recordar que Dios libra de los temores y cuida de sus hijos. Si deseas continuar fortaleciendo tu vida espiritual a través de la Palabra de Dios, te invitamos a suscribirte al canal para acompañarnos en nuestras próximas devocionales diarias. Que la paz del Señor guarde tu corazón y tu mente durante todo el día de hoy.

 

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